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Laurel Hubbard ¿una pesada ventaja?

La atleta vivió como hombre hasta los 35 años y ha sido admitida por el Comité Olímpico de su país como miembro de la delegación neozelandesa

Autor:

Lianet Escobar Hernández

La polémica sigue estando a la orden del día en lo que al certamen Olímpico de Tokio se refiere. Tras ser pospuestos a causa de la pandemia por el nuevo coronavirus, la incertidumbre sobre si habría juegos o no, ha puesto de los nervios a más de uno durante meses.

A estas tensiones se sumaron otras que empañaron un tanto la preparación de la cita estival, por ejemplo: el logotipo inicial propuesto para representar la justa tuvo que ser desechado debido a un supuesto plagio, situación que fue finalmente resuelta luego de la aprobación de un nuevo emblema obra del diseñador nipón Asao Tokoro.

Otro momento problemático alrededor de la lid multideportiva llegó con la dimisión del presidente del Comité Organizador del evento Olímpico y Paralímpico, Yoshiro Mori, obligado como consecuencia de unas declaraciones en las que había asegurado que las reuniones con mujeres «llevan más tiempo» y que estas hablan demasiado porque «tienen un fuerte sentido de la rivalidad», comentarios que fueron tildados como sexistas.

Ahora, cuando resta solo un mes para que la llama olímpica señale el inicio de los juegos, la controversia vuelve a rondar, pues a la noticia de que el torneo admitirá solo público local (hasta 10 000 por instalación), se suma la inclusión en las competencias, por primera vez bajo los cinco aros, de una atleta transgénero.

Se trata de la levantadora de pesas de Nueva Zelanda Laurel Hubbard, quien ha sido admitida por el Comité Olímpico de su país como miembro de la delegación neozelandesa, gracias a que cumple con todas las directrices aprobadas por el COI en noviembre de 2015, donde se establece que todo atleta que haya cambiado su género biológico de hombre a mujer, tiene permitido competir en la categoría femenina, aún si no ha decidido extirpar sus testículos mediante cirugía.

La única condición es que su nivel total de testosterona en suero se mantenga por debajo de diez nanomoles por litro durante al menos 12 meses, estándares que cumple la pesista de la categoría superpesada de 87 kilogramos.

Las críticas ante la novedad no se han hecho esperar. Muchos acuden a la ciencia para señalar que la atleta de 43 años, quien vivió como hombre hasta los 35, tiene una ventaja de hasta el 12 por ciento en las pruebas físicas, incluso después de tomar hormonas por un período de dos años para suprimir su testosterona.

Cuestión de justicia, plantean algunos, puesto que aseguran se trata de un asunto puramente físico que implica que cada atleta masculino, por el simple hecho de ser hombres, cuenta con una superioridad hormonal sobre las deportistas mujeres, la cual se traduce en más músculos, menos grasa y manos, corazón y pulmones más grandes, e incluso hasta más hemoglobina.

Imposible no pensar entonces en Caster Semenya y todo el debate y las injusticias generadas alrededor de la sudafricana a causa de su desarrollo sexual biológico, algo que extrapolándolo al caso de Hubbard y como certifica la canción, no es lo mismo, pero es igual.

La opinión internacional, ante la controversia desatada, vuelve a sacar a la luz la posibilidad de una tercera categoría, una donde puedan contender personas trans e intersexuales, sin duda, una opción a tener en cuenta para futuros eventos y que, en mi opinión, evitaría cerrarle las puertas a la inclusión y la equidad en el deporte, un paso atrás que la humanidad no debería dar.

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