Documental Mijaín, dirigido por Rolando Almirante, Ángel Alderete y Héctor Villar. Autor: Tomada de Cubacine Publicado: 28/04/2026 | 07:51 pm
El largometraje documental Mijaín, dirigido por Rolando Almirante, Ángel Alderete y Héctor Villar, y exhibido recientemente en el cine Chaplin, nos motiva a un acercamiento a su idea, estructura y propuesta estética.
En primera instancia, habría que señalar que el acercamiento a figuras del deporte se incluye dentro de la tradición del documental y también de la ficción en el cine cubano. En este caso específico, el punto de partida de la obra es la obtención de la quinta medalla olímpica en París 2024, pero el discurso audiovisual va mucho más allá.
Las escenas en París, en La Habana, en Herradura… conforman la intención de los realizadores de captar lo que estaba sucediendo, las emociones, los aplausos, las lágrimas… el sacrificio del deportista ante un gran reto: coronarse como pentacampeón.
Considero que las seis manos que intervinieron en la dirección de esta pieza le fueron otorgando esa capacidad propia de una obra para erigirse en su estructura dramática. Por un lado, Almirante, realizador de larga data y docente, capaz de articular la narrativa y su balance dramatúrgico; por el otro, el fotógrafo Ángel Alderete, con amplia experiencia en el cine cubano y una mirada muy propia que le aporta al discurso fotográfico de Mijaín; y, por último, la visión de un especialista en la narración deportiva, Héctor Villar.
A partir del aporte de los tres realizadores, el tratamiento al tema configuró una pieza que destaca por traspasar la proeza olímpica, para indagar en lo humano del hombre, en su humildad ante el desafío, también en su familia, en sus amigos, en sus entrenadores y en las jornadas donde hizo falta sacar mucha fuerza y voluntad.
Mijaín fue parte de la selección del concurso de largometraje documental del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en diciembre último y su exhibición en ese y otros escenarios internacionales ha potenciado su visibilidad fuera de las fronteras nacionales, ha mostrado un hombre en su hazaña mayor: conquistar la quinta medalla olímpica; pero más que eso, relacionar su historia personal, su familia y su constancia en una obra que es símbolo del deporte cubano y de las mayores proezas conseguidas por un atleta en la historia de los Juegos Olímpicos.
Una de las virtudes de la obra, más allá de exponer al deportista en su vida íntima y deportiva, es la capacidad del documental para dialogar con todo tipo de públicos, el hecho de la tríada de directores lo valoro como otro aporte a su confección estética y visual, lo que permite múltiples lecturas para todo tipo de públicos.
El seguimiento al protagonista y varias cámaras que captan su entrenamiento, a su familia, a los amigos, a los mentores…, le posibilitan al documental la confluencia de espacios geográficos y temporales, le confieren así, nuevas claves de lectura y otras sugerentes escenas para que el público conecte con el hombre que se esconde detrás del deportista o viceversa.
El recorrido nacional e internacional de esta obra continuará, lo que permitirá que otras audiencias puedan acercarse a la proeza, a la historia del deportista, pero en primer lugar al hombre que se llama Mijaín.
