Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Los canguros dinamitan el grupo de la paridad

La efectividad australiana y una defensa de muralla derribaron la favorita Turquía en un BC Place convertido en fortaleza oceánica

Autor:

Ruben Darío García Caballero

Vancouver amaneció con la certeza de que las grandes gestas no siempre las firman los equipos de presupuesto abultado. A veces, la epopeya se viste de verde y oro y responde al nombre de Australia. Los Socceroos, esa selección que muchos daban por muerta antes de empezar la andadura mundialista, se encargaron de dinamitar el Grupo D con una victoria por 2-0 sobre Turquía que tiene todos los visos de ser la primera gran sorpresa del torneo.

El partido parecía escrito con otro guion. Turquía, con su constelación de jóvenes estrellas encabezada por Arda Güler, saltó al césped del BC Place con la convicción de quien llega a cobrar una deuda atrasada. Y durante 90 minutos, los otomanos hicieron exactamente lo que se esperaba de ellos: dominaron, poseyeron y sitiaron. El 72% de posesión final lo dice todo, una cifra que acaricia lo obsceno y que, sin embargo, acabó siendo el epitafio de su propia impotencia. Porque la posesión sin pegamento no es más que un espejismo de grandeza.

La primera gran réplica la firmó el guardameta australiano Patrick Beach. Apenas cumplido el minuto 26, Güler encontró un resquicio en la defensa oceánica y soltó un disparo que parecía sentencia. Pero Beach, un joven de 22 años cuya inclusión en el once titular por delante del histórico Mat Ryan había levantado más de una ceja, respondió con una parada que mereció una ovación en cualquier teatro del mundo. No era un portero, era un muro de contención con guantes. Y ese muro, en un giro de guion de esos que el fútbol regala de cuando en cuando, se convirtió en el primer pasador del gol más cruel del torneo.

La jugada, de una belleza quirúrgica, fue un manual de contraataque en tres movimientos. Beach detuvo, despejó largo y Paul Okon-Engstler filtró un balón aéreo que Nestory Irankunda cazó al vuelo como un depredador. El delantero australiano, con la sangre fría de un asesino a sueldo, recortó hacia adentro y fusiló a Ugurcan Çakir por el palo izquierdo. Era el minuto 27 y Turquía, que no había hecho nada malo, iba perdiendo. El partido, de repente, había dejado de ser una cuestión de merecimientos.

El resto del encuentro fue una tortura turca. Vincenzo Montella movió ficha tras ficha, mandó al campo todo su arsenal ofensivo, pero encontró siempre el mismo paisaje: una defensa australiana enrocada, liderada por un Harry Souttar que cabeceaba hasta los ventiladores encendidos, y un portero que multiplicaba las paradas como si coleccionara sellos. Çalhanoglu lo intentó desde la frontal, Güler insistió una y otra vez con disparos que se estrellaban en la muralla, y Kerem Aktürkoglu estrelló una volea a bocajarro que Beach despejó con la personalidad de un veterano.

El segundo gol, cuando ya el partido agonizaba, fue la puntilla a una agonía anunciada. En el minuto 74, Connor Metcalfe robó un balón en el círculo central, avanzó como si fuera el dueño del tiempo y soltó un disparo raso con la pierna izquierda que se coló junto al poste izquierdo de Çakir. Esta vez no hubo contraataque, no hubo estrategia. Fue pura inspiración individual, un golazo de esos que los periodistas describen como «de antología» y los aficionados recuerdan durante años.

El marcador no se movió, y con él, la clasificación del Grupo D amaneció con dos líderes inesperados. Australia, con tres puntos, comparte el primer puesto con Estados Unidos, mientras Turquía y Paraguay, ambos con cero, se verán las caras en una final anticipada por la supervivencia. El próximo viernes, los Socceroos viajarán a Seattle para medirse al anfitrión norteamericano en un duelo que promete emociones fuertes.

Porque la victoria australiana no fue un espejismo, sino un aviso. Con una defensa de hierro, un portero que ha nacido para estas noches y una pegada letal al contraataque, los Socceroos han demostrado que, en el fútbol actual, la efectividad puede más que la posesión. Turquía, por su parte, tendrá que recomponerse rápido. Su generación de talento no puede permitirse una despedida temprana. Pero anoche, en Vancouver, la historia fue de los canguros. Saltaron más alto que nadie y dejaron al grupo de la paridad temblando.

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