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La catrina azul visita la cama de Michael Carrick

El Chelsea de Xabi Alonso firmó el acta de defunción del Manchester United de Carrick con un 2-0 en Stamford Bridge

Autor:

Ruben Darío García Caballero

En México, la Catrina no llega con guadaña ni con estridencias. Llega con elegancia, con un sombrero de plumas y una sonrisa de calavera que no anuncia tragedia, sino el final natural de un ciclo. Este sábado, en Stamford Bridge, la vieja dama de los muertos se sentó en la grada y posó su mirada hueca sobre el banquillo visitante. No venía por el Chelsea. Venía por Michael Carrick. Y cuando la Catrina visita a un entrenador, no hay táctica que lo salve.

El Manchester United llegó a Londres con el maquillaje del que intenta disimular una enfermedad terminal. Carrick había recuperado a Bruno Fernandes, había prometido un equipo «con carácter» y había vendido la idea de que el punto de no retorno aún no se había cruzado. Pero el fútbol, como la vida, no entiende de discursos. La primera parte fue un espejismo, un intercambio de golpes sin dueño, con dos goles anulados por fuera de juego y la sensación de que ambos equipos jugaban a no perder antes que a ganar.

Y entonces, en el minuto 50, la Catrina se puso de pie. Romeo Lavia robó un balón en el círculo central, se lo cedió a Morgan Rogers y el fichaje de 127 millones del Chelsea se lanzó en una cabalgada que fue un funeral en movimiento. Pasó por encima de Harry Maguire, dejó atrás a Lisandro Martínez y definió con una vaselina suntuosa sobre Senne Lammens. El gol no fue una jugada: fue un réquiem. Stamford Bridge celebró, pero en el banquillo visitante se hizo el silencio de los velorios.

La lápida llegó catorce minutos después. Un córner, un codazo de Martínez a Wesley Fofana, una revisión de VAR y la segunda amarilla para el argentino. El United se quedaba con diez y el Chelsea con un penalti. Cole Palmer, el hombre de los momentos bajo cero, lo convirtió con la frialdad del enterrador que sella la fosa. 2-0. La Catrina, que había esperado con paciencia de siglos, ya podía retirarse. No hacía falta más. El partido había muerto. El proyecto de Carrick, también.

Las estadísticas son el epitafio: nueve partidos consecutivos sin ganar, la peor racha del United en 38 años. Una sola victoria en nueve jornadas de Premier League. Decimosexto en la tabla, a un punto del descenso. El club que un día fue el más temido de Inglaterra coquetea con el abismo, y su entrenador, ese hombre que hace un año era el héroe de Old Trafford tras llevar al equipo al tercer puesto, ahora es un espectro que se aferra al cargo con la terquedad del que no acepta que su historia ya está escrita. «Espero seguir en el cargo», dijo Carrick tras el partido, con la voz de quien sabe que la decisión no le pertenece.

En el otro banquillo, Xabi Alonso sonreía. Su Chelsea vuelve a la senda de la victoria tras dos derrotas dolorosas, y el triunfo ante el United, con Rogers y Palmer como verdugos, es una inyección de moral para un proyecto que empieza a parecerse a lo que el técnico vasco imaginó. El Chelsea es cuarto, con 17 puntos, y la Catrina, que había venido a llevarse a un entrenador, se marchó de Stamford Bridge sin tocar a nadie del bando local.

Al final, cuando el árbitro pitó el final y los jugadores del United se arrastraron hacia el túnel, la Catrina ya no estaba. Había hecho su trabajo en silencio, con la elegancia de siempre. Michael Carrick se quedó solo en la banda, con las manos en los bolsillos y la mirada perdida en un futuro que se le escapa.

El martes, el United recibe a la Roma en Champions League. Puede que Carrick siga en el banquillo. Puede que no. Pero este sábado, en Stamford Bridge, la vieja dama de los muertos le hizo una visita que ningún entrenador quiere recibir. Y cuando la Catrina se sienta a tu lado, no hay VAR que lo revise.

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