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Alardes de fuerza de Washington en Oriente Medio encubren fracaso de Israel en Gaza

Los aparatosos bombardeos aéreos de Biden a presuntas posiciones de milicias apoyadas por Irán en Yemen, Iraq y Siria, intentan tapar que la devastadora campaña de Israel en Gaza no le ha permitido al gobierno de Netanyahu alcanzar sus objetivos, y que hay un costo político para Estados Unidos

Autor:

Leonel Nodal

 

En un alarde de guapo del barrio, el octogenario Joseph Biden decidió mostrar los músculos a los atrevidos que atacaron con un dron la base militar Torre 22, en el noroeste de Jordania, cerca de la frontera con Siria, que dejó tres soldados muertos y 34 heridos.

El Comando Central de Estados Unidos confirmó que fue la primera operación letal contra militares estadounidenses en Oriente Medio desde el inicio de las actuales hostilidades en la Franja de Gaza entre Israel y Hamás, y anunció que habría una represalia. Guerra avisada.

A fin de darle mayor relevancia y dramatismo a la riposta bélica, Biden aguardó la llegada de los féretros de los tres soldados muertos en Jordania, y luego de asistir a la ceremonia fúnebre dio la orden de ataque.

El Comando Central dijo que las fuerzas estadounidenses atacaron el viernes 2 de febrero más de 85 objetivos en Iraq y Siria, con municiones de precisión y numerosos aviones, incluidos bombarderos de largo alcance que partieron de Estados Unidos

La operación punitiva, en la que se acaba de embarcar Biden expande peligrosamente el escenario del conflicto detonado por la intrépida operación de la Resistencia Palestina contra la ocupación militar sionista, que tras 75 años de despojo territorial ha implantado un régimen de apartheid que apunta a la limpieza étnica total.

Sin embargo, The Washington Post dijo el lunes 5 que «los analistas se muestran escépticos de que los ataques estadounidenses logren objetivos estratégicos considerables. La administración Biden telegrafió su respuesta durante la semana pasada y evitó deliberadamente cruzar las líneas rojas implícitas del régimen iraní».

Siempre hay alguien listo para aguarle la fiesta de la supremacía militar al inquilino de la Casa Blanca. «Parece una acción muy significativa por parte de la administración Biden, pero por otro lado no creo que vaya a ser suficiente para disuadir a estos grupos», dijo  al diario capitalino Charles Lister, director del programa para Siria del Instituto de Oriente Medio. «Estas milicias llevan más de 20 años comprometidas en esta campaña y están en una lucha de largo plazo. En última instancia, están involucrados en una campaña de desgaste contra Estados Unidos».

A fin de cuentas, el de la Casa Blanca ha hecho un paripé, para causar buena impresión a los halcones del lobby sionista en el Congreso, pero conoce sus propias rayas de «no pase».

«La administración Biden tiene elecciones a la vuelta de la esquina, en las que no necesita otra costosa aventura exterior, problemas por su política con Israel o el aumento de los precios del petróleo», escribió Nick Paton Walsh de CNN.

Los estadounidenses en el Medio Oriente están siendo objetivos de la resistencia. Foto: AFP

Desde el inicio de la guerra en el enclave palestino en octubre, posiciones del Ejército estadounidense en Iraq, Siria y Jordania fueron atacadas al menos 169 veces. Y todo indica que habrá más.

Al día siguiente del ataque a Torre 22, Washington dijo que una confusión del dron que mató a sus tres militares en Jordania con uno propio, que regresaba a la base, posibilitó el mortífero ataque adversario. Un descuido imperdonable para una potencia militar. ¿Será cierto?

Tampoco han aclarado ¿qué hace esa base ahí, cuál es su misión? Claro, en esa zona todo el mundo lo sabe. La base Torre 22 y la cercana de Al-Tanf, mayor y ubicada en el sureste de Siria, están a ambos lados el gran campo de refugiados de Rukhban, en Siria, donde es de público conocimiento que el Pentágono recluta y entrena a los yihadistas contra el gobierno de Assad. Es decir, terroristas convenientes.

 Washington habla de Al-Tanf, como clave para la lucha contra el Estado Islámico, pero en realidad custodia la explotación y robo del petróleo de los pozos sirios de la región.

 Estados Unidos y el Reino Unido lanzaron otra ronda de fuertes ataques contra Yemen el lunes y las bases iraquíes que albergan tropas estadounidenses atacadas recibieron nuevos arremetidas de las milicias.

Con su injerencia Washington intenta preservar un control (que se le escapa a manos de China y Rusia) de los cuantiosos recursos energéticos de la región y su estratégica posición geopolítica, clave para el comercio entre Europa y Asia, misión que Israel ya no logra cumplir.

Esa, en principio, fue la razón mayor (implícita) del respaldo a la creación del Estado sionista mediante la aprobación del Plan de Partición de Palestina, presentado en la ONU por Gran Bretaña en 1947, con el pretexto de crear un «hogar» para los judíos sobrevivientes del nazismo y durante siglos discriminados en Europa.

Día 123 del genocidio en Gaza. Un niño palestino desplazado camina entre los escombros. Foto: vía Eye on Palestine

Precisamente la expulsión forzada, mediante el terror, de más de 700 000 residentes árabes nativos de Palestina de sus hogares, a partir de la proclamación del Estado de Israel, en mayo de 1948, originó la dramática situación de los refugiados en Gaza, la franja costera, que se convirtió en el mayor campo de concentración del mundo.

 La devastadora campaña de Israel en Gaza no le ha permitido al gobierno de Benjamín Netanyahu alcanzar sus objetivos. Cuatro meses después de reducir a escombros a casi todo el enclave costero, acumula sobre sus hombros el peso de una resolución preliminar de la Corte Internacional de Justicia que consideró «plausible» la acusación por actos de genocidio. Para que quede claro: es aceptable, admisible, atendible, creíble, y por tanto sigue en pie, no fue descartada. .

En las calles de Israel, tanto de Jerusalén como de Haifa, Tel Aviv o Cesarea, miles de israelíes exigieron a Netanyahu la noche del pasado sábado su dimisión, la liberación de rehenes y elecciones anticipadas, ante lo que muchos consideran un gobierno fracasado.

Tras 123 días de guerra por tierra, mar y aire, los combatientes de Hamás y otras formaciones de la Resistencia continúan armados, enfrentando a las tropas israelíes, que sufren continuas bajas. Y aunque el ejército ejerce una férrea censura, los datos se filtran. Ejemplo: el canal 12 de TV de Israel reveló el lunes que 540 soldados resultaron heridos accidentalmente desde el inicio de los combates.

Mientras, el brutal ataque israelí sigue cobrando vidas inocentes. Hasta el martes se contaban 27,585 palestinos muertos y 66 978 heridos, en su mayoría mujeres y niños. A ellos se añaden más de 8 000 desaparecidos bajo los escombros.

Cada diez minutos, Israel mata a un niño palestino y hiere a dos. Según la ONU, 17 000 niños de Gaza han quedado solos, sin amparo. La guerra ha arrasado vastas zonas del pequeño enclave y desplazado al 85 por ciento de su población. Una cuarta parte de los residentes sufre la hambruna. La agresión ha provocado el desplazamiento forzoso de casi 2 millones de personas, que en su gran mayoría se han visto obligados a trasladarse a la densamente poblada ciudad sureña de Rafah.

Tal como lo describió el gobierno turco, los residentes de Gaza son hora rehenes, ya que Israel los detiene en un área geográfica específica y no permite la entrada de suficientes alimentos, bombardea la ayuda que llega contra su voluntad, destruye infraestructura y corta la electricidad, el agua y las comunicaciones.

Según una nueva encuesta de AP-NORC publicada el viernes pasado, la mayoría de los estadounidenses piensa que la guerra de Israel contra Gaza ha «ido demasiado lejos». Algo que Biden deberá tomar en cuenta. «Dos tercios de los adultos estadounidenses desaprueban la forma en que está manejando el conflicto», encontró la encuesta.

Las cifras son aún más sorprendentes entre los jóvenes demócratas. Según la pesquisa, «el 72 por ciento de los demócratas de entre 18 y 44 años desaprueban» la conducta de Biden.

Por si fuera poco otra encuesta de The Economist/YouGov, publicada en enero, indicó que un número creciente de jóvenes estadounidenses piensa que el ataque de Israel a Gaza constituye un genocidio.

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