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La grandeza de los colibríes

Contribuir al mejoramiento humano, inculcar en los pioneros los valores martianos y regalar alegría y buen arte resultan las misiones
del proyecto educativo cultural Colibrí, liderado por la instructora de arte Saraday Medina Díaz de Villegas

 

Autor:

Mónica Sardiña Molina

 

SANTA CLARA, Villa Clara. —Resuenan las voces infantiles, chispean los ojos pícaros de quienes asumen la obra como una travesura, se convierte en carcajada la sonrisa por la espontaneidad de algún dicharacho cubanísimo, y contagia la soltura con que los pequeños intérpretes regalan canciones o bailes populares. Es Colibrí en escena, es un pedacito de Cuba.

Bien cerca, pendiente de cada detalle, se mantiene Saraday Medina Díaz de Villegas. Tiempo atrás —no tanto—, fue también una pionera enamorada de la magia del teatro, y, desde entonces, no ha hecho más que regalar sueños y enseñanzas a los niños.

Arte soy entre las artes

«Cuando tenía diez años lanzaron una convocatoria en el programa radial Pañoleta azul, para formar parte del grupo infantil Cucurucho, dirigido por María Elena Ríos Gutiérrez, la payasita Titiritina Colorina. Aprobé los exámenes y, a partir de ese momento, mi infancia fue mucho más bonita.

«Varias personas son responsables de ello: mi mamá, por el apoyo incondicional —lo hizo toda la familia, pero era ella quien me acompañaba a los ensayos todas las semanas—; mi profesora María Elena, y Guillermo Gálvez, que también me impartió clases. Se lo debo, además, a Fidel, por haber fundado las escuelas de instructores de arte y darme la oportunidad de unirme a esa fuerza maravillosa».

Recién graduada se aventuró al Servicio Miliar Voluntario Femenino y después transitó por varias escuelas. En la Celia Sánchez Manduley nació el grupo Tesoro teatral, que tuvo muy buenos resultados a nivel municipal y provincial.

Todo esto me lo cuenta vía WhatsApp, con los sonidos de la calle de fondo, sofocada, mientras camina hacia un ensayo y piensa en la rutina nada teatral que le espera en casa. No tiene mucho tiempo para sentarse a conversar, pero se le endulza la voz cuando habla sobre los niños.

Verdades esenciales

Cuenta que el grupo surgió hace tres años, a partir del movimiento Martí sigue llegando a tu casa, impulsado por Carlos Alberto (Tin) Cremata, director de La Colmenita. La idea llegó a través de Educación y la Brigada José Martí, y consistía en trabajar con un grupo de niños con los valores que se aprecian en los Versos sencillos.

Reunieron a algunos brigadistas, estudiaron la iniciativa y les pareció muy bien que, en Santa Clara, existiera un proyecto con tales características, que diera vida a una nueva unidad artística.

«Desde entonces surgió el grupo infantil Colibrí, donde simplemente hacemos nuestra parte: educar a los niños como mejores seres humanos, inculcarles valores como el compañerismo, la unidad, el respeto, la responsabilidad, el patriotismo. Estoy convencida de que el mayor de sus talentos, como decía Martí, es tener buen corazón».

Como un escolar sencillo

Sobre la organización del trabajo, detalla que siempre comienza con talleres de preparación en las especialidades de teatro, música y danza, para lo cual invita a otros profesores e instructores.

Al pensar en el repertorio, destaca una versión muy divertida de La cucarachita Martina, la obra La semilla, escrita por la propia Saraday, con música original de Dayana Pérez Ramírez, y que resultó premiada en el apartado de teatro con niños, durante el festival de teatro de Tierra Buena, en Holguín, en 2024.

También menciona Relato de un pueblo roto, y los espectáculos variados Fiesta comunitaria y De todo un tin, para presentar en locaciones donde no es posible ejecutar una obra. «La inspiración está en los valores humanos y en defender nuestras raíces», resume.

Promover el arte desde edades tan tempranas va mucho más allá de memorizar textos y reproducir coreografías. Alcanza una dimensión pedagógica, de enseñanza de la historia, formación de valores, educación cívica… y demanda sacrificios de todas las partes.

«El grupo de teatro mantiene a los niños ocupados, pensando, creando, soñando, y con ellos sueñan las familias. Hay niñas que ni siquiera hablaban, que se irritaban muchísimo, y ahora actúan en la escuela, participan en las actividades, son más receptivas. El teatro se ha convertido en esa terapia para resolver y sanar asuntos de estos pequeños y también de las familias.

«Esta aventura comenzó en 2022, continúa y continuará. El mayor reto que tenemos es no perder esa esencia y trabajar mucho. Ha sido difícil llegar a estos tres añitos, el próximo 5 de septiembre cumpliremos los cuatro y queremos celebrarlos por todo lo alto. Colibrí tiene mucha salud para eso.

«Me gustaría que cuando escribas la entrevista hables de mis sentimientos por mi país y por mi Patria, dice. Amo mi Patria y defiendo mi país, y me gustaría que escribieras que Colibrí es también un pedacito de la Patria».

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