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Sin romperse el hilo constitucional

Juramenta Delcy Rodríguez como Presidenta encargada ante el secuestro de Maduro, y como garantía de continuidad. El Jefe de Estado venezolano ratificó su inocencia ante una corte en Nueva York. Manifestaciones populares siguen exigiendo su liberación

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Juventud Rebelde

CARACAS, enero 5.— Delcy Rodríguez, hasta ahora vicepresidenta constitucional de Venezuela, asumió este lunes el cargo de Presidenta encargada ante la ausencia forzosa del secuestrado Jefe de Estado, Nicolás Maduro, quien junto a su compañera, Cilia flores, fue conducido en la misma jornada a una corte del sur de Nueva York, donde ratificó su inocencia.

Al juramentar ante la Asamblea Nacional la enorme responsabilidad que le ha sido asignada, Rodríguez confesó hacerlo «con dolor por el sufrimiento que se le ha causado al pueblo venezolano luego de una agresión militar ilegítima contra nuestra Patria», en alusión a los bombardeos estadounidenses de la madrugada del sábado y el secuestro de Maduro y Cilia.

Pero Rodríguez manifestó que a pesar de ese dolor asumía el cargo con honor, y prometió «no dar descanso a mi brazo ni reposo a mi alma para ver a Venezuela en el destino que le corresponde, en el pedestal de honor histórico que le corresponde como una nación libre, soberana e independiente».

Horas antes, al usar de la palabra ante el Consejo de Defensa de la Nación en el acto donde proclamó su activación, Delcy expresó similar postura al reiterar que el único presidente de Venezuela es Maduro y exigir su liberación, luego de denunciar la que llamó «salvaje» agresión a su país. «Jamás volveremos a ser esclavos ni colonia», ratificó.

La mandataria encargada también retomó las palabras de Maduro en reciente entrevista concedida a la TV antes de su secuestro, cuando expresó la disposición «de este Gobierno de mantener relaciones de diálogo (con EE. UU.) para abordar una agenda constructiva. Y la respuesta ha sido esta agresión», señaló.

Tales declaraciones pudieran responder a los comentarios realizados por el jefe de la Casa Blanca, Donald Trump, y su secretario de Estado, Marco Rubio, quienes han expresado la expectativa de poder conseguir sus propósitos declarados hacia Venezuela con Rodríguez al frente del Gobierno, y luego de que Trump hablara de «una transición» y amenazara con que, de no lograrla, habría una segunda oleada de bombardeos. 

«Estamos dispuestos a relaciones de respeto, estamos dispuestos a relaciones en el marco de la legalidad internacional y de las leyes de la República Bolivariana de Venezuela», reiteró Delcy retomando de nuevo las palabras de Maduro. «Es lo único que aceptaremos en un marco de relacionamiento después de haber atentado y agredido a nuestro país», remarcó.

Algunas horas después, informes dieron cuenta de disparos cerca del Palacio de Miraflores cuyo origen no estaba claro. Diversas fuentes dijeron que se trataba de fuego antiaéreo ante lo que parecían ser luces de drones, apuntó RT.

Citando a Radio Caracol, el medio ruso añadió que ante los disparos se había iniciado la evacuación de ministerios y edificios gubernamentales del centro de la capital.

Para entonces, Trump había vuelto a amenazar con una nueva «incursión» si Delcy Rodríguez dejaba de cooperar con Washington, señalaron medios de prensa.

Como si hablara de una colonia o de un país intervenido, Trump afirmó que los secretarios de Estado y de Guerra, Marco Rubio y Pete Hegseth, respectivamente, así como el asesor de Seguridad y Migración, Stephen Miller, estarían a cargo de «la transición», en un equipo donde él mismo tendría la última palabra, reportó Noticias Caracol.

Continuidad y respeto

La asunción de Delcy Rodríguez asegura que se mantenga la institucionalidad del país y la continuidad del proyecto bolivariano con apego a la Constitución, como ella recordó.

Su juramentación se efectuó de acuerdo con el ejercicio de la potestad interpretativa del artículo 335 de la Carta Magna, explicó Telesur, y fue conducido, como lo establecen las leyes, por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, quien destacó la importancia de la sesión en un momento de desafío para la Patria.

Al tomar el juramento a Delcy, el titular del Parlamento le pidió «cuidar con celo nuestro territorio sagrado, nuestro mar territorial, nuestros ríos y nuestro cielo sagrado», y la instó a jurar la búsqueda incansable de la prosperidad del pueblo venezolano.

Por su parte, la Presidenta encargada se comprometió a «no descansar ni un minuto para garantizar la paz de la República», e hizo un llamado a la unidad de todos los sectores políticos, sociales y económicos para «sacar adelante a Venezuela en estas horas terribles de amenaza contra la estabilidad y la paz de la nación».

Mientras ello ocurría en la sede del legislativo, crecían en las calles las manifestaciones populares que exigen la liberación de Maduro y Cilia, quienes fueron conducidos el propio día ante el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, ante el que ambos se declararon inocentes.

Dicha acción se erige sobre la acusación falaz y no demostrada de que el Jefe de Estado tiene vínculos con los cárteles del narcotráfico y, específicamente, contra un denominado Cartel de los Soles que se considera inexistente.

Dichos señalamientos han sido la endeble hoja de parra que ha usado la administración Trump para bombardear Venezuela y secuestrarlo, y muchos se preguntan cuáles serán las pruebas que la fiscalía estadounidense podrá presentar durante un proceso judicial que apenas comienza. 

«Soy inocente, no culpable; soy un hombre decente, sigo siendo Presidente de mi país», dijo el mandatario, quien habló a través de un intérprete ante el juez Alvin Hellerstein.

Maduro dijo que había visto la acusación pero no la había leído, y que lo habló parcialmente con su abogado, narró RT, quien identificó al letrado defensor del Presidente venezolano como Barry Pollack, un abogado litigante experimentado, quien defendió al fundador de WikiLeaks, Julian Assange.

Previamente, Maduro, quien fue llevado a la sala del tribunal sin esposas, vistiendo una camiseta negra y con auriculares —supuestamente para la traducción simultánea— aseveró ante el juez: «Me considero prisionero de guerra. Me capturaron en mi casa de Caracas».

Tras la intervención del mandatario, su esposa, Cilia Flores, procedió de la misma manera y se declaró ante el magistrado: «No culpable, completamente inocente».

Durante la audiencia, prosiguió el despacho, Hellerstein informó a Maduro y a Flores de su derecho a informar al Consulado venezolano de sus arrestos. Ambos estuvieron de acuerdo con que les gustaría realizar una visita consular.

Por su parte, Pollack, el abogado de la defensa, calificó la detención de Maduro como un «secuestro militar» y adelantó a la prensa que no está buscando la liberación bajo fianza en este momento, «pero podría hacerlo más adelante».

Entretanto, Mark Donnelly, representante de Cilia Flores, denunció que la esposa del mandatario sufrió «lesiones importantes» durante el «secuestro», incluyendo hematomas graves en las costillas; por lo que pidió que se le proporcionaran radiografías y una evaluación física.

Durante la audiencia, que duró alrededor de media hora, el juez Hellerstein
dictaminó que Maduro deberá comparecer nuevamente ante el tribunal para una nueva audiencia el 17 de marzo. Hasta entonces, permanecerá bajo custodia.

El Gobierno de EE. UU. acusa al mandatario de conspiración de narcoterrorismo, conspiración para la importación de cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos y conspiración para poseer estas armas en apoyo de actividades criminales. En resumen, se le imputa el liderazgo del supuesto Cártel de los Soles, apuntó RT.

Por último, el Presidente y la Primera Combatiente de Venezuela enfrentan cargos de colaboración con organizaciones criminales calificadas como «terroristas» en EE. UU., entre ellas cárteles mexicanos. Para esos y el resto de los delitos las penas van de 20 años a cadena perpetua.

Posiblemente pocos en el mundo pensaron presenciar una atrocidad como esta, en la que un Presidente constitucional es raptado y llevado por la fuerza a una suerte de extradición para enfrentar a la justicia de otro país, sin que medien pruebas que sostengan las acusaciones que se le imputan.  

Foto: AP

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