Muestras solidarias hacia Cuba se han expresado recientemente en distintas latitudes. Autor: Juventud Rebelde Publicado: 07/03/2026 | 11:50 pm
La rica relación forjada en la fraternidad y colaboración de Cuba con los pueblos de América Latina y el Caribe no podrá echarla atrás ninguna decisión.
La reciente ruptura diplomática de Ecuador con nuestro país es una triste expresión de los cambios en una región que, en otra vuelta de tuerca, se derechiza, en un contexto de tensiones causadas por presiones y reacomodos geopolíticos.
La medida fue criticada por sectores sociales y populares ecuatorianos que conocen la historia de cooperación médica cubana con su nación, iniciada en 1992, mientras fuerzas políticas como la opositora Revolución Ciudadana «tocaban» más alto, y en un comunicado calificaban al presidente Daniel Noboa de mantener «un vergonzoso y esbirro alineamiento» con la política exterior de Estados Unidos.
Todo apunta al propósito imperial no declarado, pero sabido, de buscar una balcanización de la integración conseguida en los últimos 25 años en América Latina y el Caribe, que la hicieron más soberana.
El objetivo estadounidense de desalojar a China de una región donde ha tenido una incrementada presencia comercial y económica, también está sobre el tablero.
La emergencia de ejecutivos de derecha reacios a los cambios y procesos inéditos que en esta parte del mundo tenían lugar, o plegados a la política exterior de Estados Unidos, lo está haciendo más sencillo.
Ello ocurre en un contexto internacional convulso e inestable, en el que la unión regional, sin embargo, nos haría más fuertes.
Pero el capítulo ecuatoriano es la nota más alta y reciente de los incrementados esfuerzos imperiales por asfixiar económicamente a la Mayor de las Antillas.
En los últimos días, como antes lo hicieron otras naciones, Honduras y Jamaica pusieron fin a sus respectivos convenios de cooperación médica con Cuba para sortear las sanciones de Washington, que ha amenazado con la imposición de medidas punitivas, como el retiro de visas, a los países que mantengan esos nexos.
La convocatoria por la Casa Blanca, este sábado último, a una reunión cumbre en Florida distinta a las estadounidenses Cumbres de las Américas, se perfiló desde sus comienzos como una reunión excluyente.
Algunos observadores se adelantaron a identificarla como cita de la derecha a la que solo asistirían los presidentes invitados por el anfitrión Donald Trump, y de la que fueron excluidos los jefes de Estado de Colombia, Gustavo Petro; el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, y su colega de México, Claudia Sheinbaum.
Participaron de la cita llamada Escudo de las Américas los presidentes de Argentina, Javier Milei; Bolivia, Rodrigo Paz; El Salvador, Nayib Bukele; Ecuador, Daniel Noboa; Honduras, Nasry Asfura; Paraguay, Santiago Peña; Costa Rica, Rodrigo Chaves; Panamá, José Raúl Mulino; Guyana, Irfaan Ali; República Dominicana, Luis Abinader; también el presidente electo de Chile, José Antonio Kast; y la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar.
Los objetivos del encuentro delineados con antelación por la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, eran la conformación de una «coalición histórica» con el objetivo de «promover la libertad, la seguridad y la prosperidad».
Se esperaba que durante el encuentro aflorarían también los temas de la agenda de Washington para el hemisferio: la denominada lucha contra el narcotráfico y la migración ilegal.
Sobre esta reunión, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, hizo un comentario en su cuenta en la red social X en el que ha sido claro y certero: «La pequeña Cumbre reaccionaria y neocolonial recién celebrada en Florida, convocada por Estados Unidos y con la asistencia de Gobiernos de derecha de la región, compromete a estos con aceptar el uso letal de la fuerza militar estadounidense para resolver sus problemas internos, el orden y la tranquilidad de sus países.
«Es un atentado contra la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, un ataque a las aspiraciones de integración regional y una manifestación de la disposición a subordinarse ante los intereses del poderoso vecino del Norte bajo los preceptos de la Doctrina Monroe», apuntó.

La ruptura diplomática de Ecuador con nuestro país y la presencia militar en las afueras de la Embajada cubana en Quito constituyen una prueba fehaciente de los nefastos cambios de la región. Foto: El Porvenir
¿Un remake?
El alejamiento de algunos países de la región, o la ruptura de los lazos de intercambio «presiones de Washington, apunta a buscar un distanciamiento que propicie segregar y dejar sola a Cuba, y evoca lo acontecido a partir de 1962.
Entonces, su expulsión de la Organización de Estados Americanos, que de manera certera fue calificada por el canciller Raúl Roa de «ministerio de colonias», fue la pieza fundamental para un aislamiento desde el ámbito diplomático que debía «calzar» las presiones económicas contra la Isla.
Nuestra respuesta fue con la Segunda Declaración de La Habana, proclamada por Fidel y que aclamaron multitudinariamente los cubanos en la Plaza de la Revolución.
Unos días después, el entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, firmaba la ley que establecía el bloqueo contra Cuba, enriquecido más adelante con una madeja de medidas y leyes incrementadas hasta hoy y que lo han convertido en guerra económica.
Con la enaltecedora excepción de México, todos los países de la región rompieron, entonces, sus lazos con nosotros.
Esa estrategia de presión para perfeccionarla parece reeditarse hoy, salvando la distancia de las muchas naciones que mantienen y sostienen los nexos.
Aquellas decisiones, sin embargo, no amilanaron al país, y fueron rotas y revertidas por la actitud del pueblo cubano, que demostró en muchas ocasiones su carácter solidario y espíritu altruista, y más adelante expandiría e incrementaría sus vínculos diplomáticos.
Esos días también distan de la actualidad para una región que, pese a mostrar una tendencia a ir en reversa, ha cobrado mucho en independencia y ejercicio de su dignidad. Pese a cualesquiera deficiencias de los procesos de cambio que en algunos de ellos se vivieron, sus pueblos han conocido el valor de esos y otros acuerdos integracionistas que hoy parecen en marcha atrás.
Cuba no sucumbió entonces al pretendido aislamiento, luego revertido. Ahora no ocurrirá lo contrario.
