Impresionante vista del parque natural Shuimo Danxia. Autor: Raciel Guanche Ledesma Publicado: 22/09/2026 | 08:51 am
GANSU, China.— Grandes zonas desérticas rodean esta provincia del gigante asiático, donde la vegetación se entremezcla con una arenilla roja capaz de cubrir las más empinadas montañas. Desde estos lares, en el desierto de Gobi, han partido misiones espaciales de gran calado para China; sin embargo, ninguna ha sido para pisar el planeta Marte.
Pero en Gansu no necesitan viajar millones de kilómetros para orbitar alrededor de la «bola rojiza» del sistema solar; lo hacen de forma natural, lo tienen mucho más cerca que en cualquier otro sitio. Aquí existe una muestra de Marte en la Tierra, o al menos eso dicen los que sí han puesto sus pies en el vecino planeta.
No hace falta una plataforma de lanzamiento ni modernos cohetes para llegar a la cima del parque natural Shuimo Danxia. Todo el trayecto transcurre sin despegarse un centímetro del suelo y, aunque la brisa fría se adueña de la altura con suma facilidad, como si se tratase de una aventura interplanetaria, en realidad no es más que «un viaje al centro de la Tierra».
Una arcilla intensa cubre todas las colinas y acantilados de extensos relieves, cual si simularan cráteres en medio del espacio. La magia radica en ese espectáculo visual que se combina de colores vivos; y hace que, como en pocos sitios, el Shuimo Danxia deje al visitante un testimonio en imágenes del paisaje en Marte.
Estoy seguro de que alguien debe haber inmortalizado en lienzo este patrimonio cultural de China formado por un accidente geográfico. Desconozco quién, cómo y dónde, pero tal vez, algún viejo obrero de una antigua fábrica de ladrillos en la zona o un ilustre visitante lo haya hecho.
Desde el punto más alto del parque acosan hoy en picada los lentes de los móviles que no paran de captar la magnificencia de «otro planeta». Es la obstinada obsesión de dejar una constancia del «aquí estuve», cual descubridor de un nuevo mundo. Pero el Shuimo Danxia tiene más de 100 millones de años, abarca cerca de 600 kilómetros cuadrados y solo acepta el reto del tiempo a preservar su belleza para que la aprecien.
Subir y deleitarse es un acto riesgoso, y, a su vez, necesario. Resulta un paisaje totalmente opuesto al nuestro. Aquí prima el semidesierto y en Cuba las frondosas arboledas. Por ningún sitio encuentras similitud hasta que observas, eso sí, la altura exacta de la mayor elevación de este parque chino: 1 970 metros en el mirador Dan Ding Lan Sheng. Solo ahí te percatas, de alguna martiana manera, que llegar a esta cima hermana a tantas personas como cuando se emprende la ruta —casi idéntica en distancia— hacia el Turquino.
