Flavio Bolsonaro quería instaurar un gobierno en Brasil arrodillado ante la Casa Blanca. Autor: Washington Examiner Publicado: 29/10/2026 | 12:39 pm
La rápida huida de Brasil del derrotado Flavio Bolsonaro no indica, como él ha pretendido se crea, que el «régimen» reelecto de Lula y el PT pusiera en peligro su integridad o quisiera procesarlo sin motivos. Por el contrario, con su escape ha reconocido que hay motivos para enjuiciarle, acusado como está de lavado de dinero, entre otras causas.
Sin embargo, a ojos vista su pecado mayor no han sido los hechos de corrupción que se le imputan sino seguir el camino de su hermano Eduardo Bolsonaro, al procurar el perdón judicial para su padre y su propia reelección, abriendo las puertas a Estados Unidos para que interviniera en los asuntos internos de Brasil.
La elevación desmesurada de los aranceles decretada por Donald Trump a los productos brasileños para inculpar a Lula ante la ciudadanía, no les dio los resultados esperados.
Aunque la elección se definió por la escasa diferencia prevista de tres puntos porcentuales —más de cuatro millones de votos—, esa cantidad fue lo suficientemente sólida para convencer de la irreversibilidad de la victoria del PT, en un marco tan estrecho como el que servía de escenario a la trascendental votación del domingo.
Y, ese contexto de pelea por el triunfo «cabeza a cabeza», la injerencia estadounidense y la actitud vendepatria de los Bolsonaro pudo ejercer su influencia en ese sector de electores que terminó dándole la reelección a Lula luego de una primera vuelta favorable a la ultraderecha, sin soslayar la efectiva campaña del progresismo en los escasos días que mediaron entre una y otra vueltas.
La actitud del candidato presidencial derrotado en el balotaje del domingo fue, en un primer momento, la esperada: proclamar que hubo fraude, que era la variante manejada en ese caso, como lo denunciaron en su momento los legisladores estadounidenses que cuestionaron la injerencia de la Casa Blanca en las elecciones.
En su primer mensaje tras la fuga, Flavio se proclamó «presidente electo», una postura que corrigió después el propio miércoles al autocalificarse como el «líder» de Brasil, y no el mandatario.
Aunque algún pariente ha declarado que su rápida e ilegal salida fue un plan B, es decir, algo previsto, todo indica que los Bolsonaro no esperaban el fracaso que ha coronado sus esfuerzos por volver a la presidencia, plagados de ilegalidades entre las que jugó un papel principal ese uso vergonzoso del chantaje por parte de la potencia y su apadrinamiento a Jair Bolsonaro ―el exmandatario preso por intento golpista a Lula y padre de Flavio y Eduardo—, así como «la vela» que el clan dio al libertario argentino Javier Milei para que participase en lo que, al final, ha terminado siendo su propio entierro.
Luego de irrespetar a Lula con insultos y mentiras en su suelo, tocó a Milei facilitar la salida ilegal de Flavio de Brasil sin quitarle protagonismo al aliado trumpista de Ecuador, Daniel Noboa, adonde habría viajado Flavio antes de llegar a Estados Unidos según los trascendidos extraoficiales, aunque el autoexiliado solo agradeció a Trump y a Milei.
Aunque el exaspirante presidencial ha dicho que liderará la oposición desde afuera, algo que llama la atención es, precisamente, la orfandad en que deja a la claque bolsonarista y, en especial, a los diputados y gobernadores del Partido Liberal que postuló a Flavio y a sus aliados, pues el PL no es en realidad la base política de una familia cuyo tronco, Jair, proviene de las filas castrenses, y no de un partido que lo respaldó cuando ya fue preciso, una vez que aquel llegó a la presidencia en 2018 y se hizo necesario que alguna organización lo hiciera.
Ello puede resultar más lesivo para el afán obstaculizador desde el parlamento que habría pretendido el bolsonarismo, para entorpecer la gestión gubernamental aprovechando los buenos resultados que obtuvieron en los comicios parlamentarios y regionales.
De hecho, algunos de los baluartes con que contaban los Bolsonaro como el gobernador reelecto de Sao Paulo, Tarcisio Freitas, de Republicanos, los han dejado solos. Si bien Freitas recordó a la oposición la fuerza ganada en las legislativas, reconoció el triunfo de Lula, con lo que negó su respaldo a los perdedores.
Otro tanto hicieron el partido Socialdemocrático de Brasil y el Movimiento Democrático de Brasil, al respaldar el triunfo del PT.
Sin restarle peso a los desafíos que enfrenta en un contexto evidentemente polarizado pese a la victoria, dichas actitudes evidencian la solidez y el prestigio del gobierno petista y sus alianzas, y la relevancia del triunfo electoral del domingo 25 de octubre.
