Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Cuando se aviva la inteligencia

Autor:

Nelson García Santos

La ciencia y la innovación cubanas acortan la distancia entre el podemos y el hacemos, con los pies bien afincados en la tierra, para sacar adelante al galope lo que más apremia.

Tampoco resulta que antes no se haya hecho nada, pero aprecio —y quizá usted también, avispado lector— una vuelta de hoja en el sentido de que la estrategia actual potencia una vinculación efectiva entre los actores de la producción y los servicios con los creadores y académicos, en función de resolver problemas en el lapso más breve posible.

La novedad, a diferencia de otras épocas, deviene en que las mismas entidades, más que esgrimir el «resuélveme esto o aquello», participan activamente en la solución de sus dificultades con su propia fuerza calificada, un tiro de gracia al saber inerte o al famoso engavetamiento, esa paradoja añejísima de desdeñar lo que puede enriquecer.

Con este accionar, desprovisto de sueños quiméricos, se atestiguan numerosos aportes, como las criollísimas vacunas —el último y más colosal—, pero también en otros logros recientes y aquellos que a lo largo de los años han fomentado, en menor o mayor medida, la soberanía tecnológica.

Sobre ese tema, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ha enfatizado en lo imprescindible de solucionar los problemas del sistema industrial del país y satisfacer el mercado interno.

La resonancia de su directriz ha tenido —y así debe ser siempre— un impacto despegador de trabas y anquilosamiento, porque inteligencia y audacia tenemos, sin chovinismo, por rastras.

Basta subrayar que el Ministerio de Industrias acomete unos 200 proyectos de ciencia e innovación, y entre estos superan los cien los vinculados con las universidades, con evidencias que muestran hasta este momento que van por buen camino.

El nuevo enfoque está dirigido a producir, por ejemplo, desde una sencilla tiza hasta un singular invento, porque cada importación o una parte de esta a la que se le pase el borrón, acerca la soberanía tecnológica.

Ahora mismo la Industria Ligera desarrolla determinados proyectos con el propósito de sustituir la mayoría de las materias primas importadas que componen la pasta dental de producción nacional.

Bien va el empeño,pues ya demostró que el carbonato de calcio de procedencia nacional cumple las especificaciones técnicas que demanda la empresa Suchel para la elaboración del dentífrico, del que hay que producir millones y millones de unidades. Y si la materia prima falta, ¡candela!

Entonces, mirándolo bien, el concepto de moda del dichoso encadenamiento aviva ese tesoro de conocimiento de centros propiamente científicos y de las industrias, y busca aprovechar la capacidad de cada actor para cooperar en la obtención de un logro cuando por sí solo ninguna lo puede concretar.

Y mire usted: ahí brota clarísima esa verdad que muestra cómo la unión es lo que cuenta y decide en todo. Así de lógico, así de sencillo.

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