Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

En tu abrazo yo abrazo lo que existe…

Autor:

Laura Álvarez Delgado

Los seres humanos, al llegar al mundo, necesitamos de una relación con quienes comienzan a conducirnos por el camino de nuestro crecimiento y desarrollo. A diferencia de los animales, cuyos principales comportamientos vienen fijados en su equipo biológico, nosotros llegamos a ser persona en la medida en que vamos asimilando y construyendo —en nuestra subjetividad— los contenidos de la cultura material y espiritual propia del medio social en que transcurre nuestra vida, en una determinada época histórica.

Tanto en la familia, como en la escuela y, posteriormente, en la actividad laboral y relaciones con amigos, compañeros…, se va conformando nuestra personalidad, a través del desempeño de determinados roles y de la comunicación. Por estas vías, actividad y comunicación, recibimos conocimientos y afectos, que en su unidad se convierten en el centro de nuestra personalidad y nos permiten regular el comportamiento en pos de las principales motivaciones que tenemos.

Para lograr un desarrollo sicológico adecuado en la primera infancia, es esencial recibir afecto, lo cual se convierte en el punto de partida de una cultura de los sentimientos, la cual se continuará enriqueciendo a lo largo de la vida y nos permitirá, también, ser capaces de dar afecto.

Aunque existen varias formas de dar y recibir afecto, una de ellas por excelencia la constituye el abrazo. Cuando nos abrazamos intercambiamos afectos y emociones positivas, sentimos seguridad, podemos mitigar una pena y el sentimiento de soledad. Asimismo, el abrazo permite disminuir el estrés y los estados emocionales negativos, como la ansiedad y la depresión, e, incluso, contribuye al control de la presión arterial.

Podemos decir que el abrazo es importante para nuestro bienestar físico y sicológico, como forma de expresión de nuestros afectos y, a su vez, de recibir amor, en su más amplio sentido, por parte de quienes nos rodean. Como escribió Pablo Neruda, «un abrazo es arrancar un pedacito de sí para donarlo a algún otro, hasta que puede continuar el propio camino menos solo», porque «… en tu abrazo yo abrazo lo que existe… y todo lo que vive para que yo viva».

* Doctora en Ciencias Sicológicas y profesora titular de la Universidad de La Habana

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.