Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

La certeza

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

 

En estos momentos, Venezuela genera más preguntas que respuestas. ¿Cómo fue posible que un Estado, bajo amenaza desde hacía meses y con sus fuerzas armadas activadas, viviera la entrada de medios enemigos y secuestraran a su presidente?

A lo largo de la tormenta de los hechos, las especulaciones más disímiles campean a sus anchas en torno a esa interrogante. ¿Qué hará Donald Trump a partir de ahora? Bravuconear, de seguro. Ya lo hace. Ya se ríe y las hienas detrás de él se frotan las manos. Hoy Venezuela. Mañana, lo más pronto posible, que sea Cuba.

Da pena ver a cubanos pidiendo que comience la masacre en esta Isla, como si las bombas distinguieran entre nombres e ideologías. Da asco detallar el júbilo de quienes alegan que ellos reciben el dinero de donde sea con tal de acabar con el «régimen». 

¿Qué dirán esos demócratas con la nueva noticia del «emperador»? Aquella que será él y no María Corina Machado la que dirigirá los destinos de Venezuela. Para los ignorantes de acá en materia de democracia, por favor, aclárennos, ¿eso no es vulnerar los derechos civiles de un pueblo?, ¿el decir que yo mando y tú quédate quietecito?

Venezuela tiene ahora muchas incógnitas, pero también está dejando ver otras certezas. Ya la careta del narcotráfico se cayó, si es que alguna vez estuvo firme. Ya el «emperador» lo dejó claro desde su casa en la playa: las compañías petroleras norteamericanas, que se preparen para entrar en el país.

¿Podrán hacerlo? En la calle, el pueblo se ha pronunciado. Maduro es el presidente y la institucionalidad popular está en marcha. Terminado el primer pase de helicópteros con sus bombas, ahora comienza el verdadero pulseo. El de intentar doblegar al Gobierno desde afuera y la resistencia de este con el apoyo de los de abajo.

¿Hasta qué punto Donald Trump y sus halcones mantendrán ese pulseo? ¿Subirán la parada y se dedicarán cómodamente a bombardear el país? ¿Podrán los pueblos de América Latina y los movimientos progresistas en el mundo neutralizar la prepotencia imperial? 

En medio de esas preguntas, están las otras evidencias. El escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano decía que Estados Unidos, cada vez que decía salvar a un pueblo, lo dejaba convertido en un manicomio o un cementerio.

Solo que esos manicomios y esos cementerios también se han extendido al promotor. Sucedió con Vietnam, cuando las largas filas de ataúdes y lisiados por la guerra estremecieron el país y lo hicieron cambiar de época. Pasó en Irak, donde llegaron para destruir armas del infierno que nunca apareció. Ocurrió en Afganistán, de donde tuvieron que irse a la carrera.

¿Sucederá en Venezuela? Ante la pregunta, surge una nueva certeza: el compás de espera está en marcha y ante un gobierno de matones, el camino para detenerlo está en un solo lugar. En la valentía y determinación de Simón Bolívar. Que no se busque otro.

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