Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Los espacios vacíos

Autor:

Reinaldo Cedeño Pineda

Los veo. Los sufro. Cada fin de semana lo mismo. Dónde puede ir un joven un sábado por la noche, un joven de la periferia, sin transporte, sin dinero, sin corriente. Y entonces se reúnen, se arraciman, se abroquelan en torno a una bocina, a dos bocinas, a tres bocinas. Bailando música, cantando música, destilando música, música pegajosa con letra porno.

La de ahora mismo, sexo a lo macho, mujeres deseando a un macho. Lo hacemos en la habitación, en el balcón, con condón o sin condón, dice el tema. Dice más. Cerveza. Esquina. No hay hora de cierre, eso es pura teoría. Pram tan tan. Y he visto niños, bien niños, en medio de esa diversión de adultos, de adultísimos.

Son marginales o han sido marginados. Eso es lo que quieren o eso es lo que pueden. Tienen otras opciones culturales, deportivas y sociales a la mano. Los han educado para que esas otras opciones formen parte de su modo de diversión y crecimiento. Ponga usted los signos de interrogación que corresponden a cada oración.

Y qué proponemos a los adultos mayores, a esa parte tan importante, tan numerosa de nuestra sociedad.

Circunstancias aparte, circunstancias incluidas, hemos dejado espacios vacíos que otros se han encargado de llenar. De llenar con lo que hay a mano, al trozo, al trazo, con el dinero por delante, o queriendo convencerte, adoctrinarte, de que lo único importante es esto o es aquello.

Hay proyectos hermosos en algunos sitios, afortunadamente, esos que salen en las pantallas… y por qué no se ve la otra cara, las casas de cultura destartaladas, desatendidas, desestimuladas, desprogramadas, desoídas, en sitios donde hacen tanta falta, donde hay tanta carretera y tanta alma careadas.

Las escuelas están ahí, resistiendo, con maestros heroicos… pero la concepción de que son los centros culturales por excelencia de los barrios tal vez no se ha entendido del todo. Se precisa que sean más proactivas aulas afuera, que sean de mayor iniciativa, de mayor influencia en el barrio.

Ya a los niños no les entusiasma correr, competir, jugar… Aquellos topes entre escuelas, aquellos planes, se quedaron en el recuerdo. Los celulares acaso los han secuestrado. La recreación deportiva se extravió en busca de las medallas. Me pregunto. Tengo muchas preguntas.

En tiempos recientes tomé una moto para poder llegar a tiempo a una obra de teatro infantil que se hacía en una biblioteca. Cuando le comenté, el chico me miró extrañado. Me preguntó que se hacía en una biblioteca, me confesó que jamás había visto una obra de teatro.

Hemos retrocedido. Los consumos culturales en la Cuba de hoy deben ser examinados con detenimiento para repensar y reencauzar el diseño de las propuestas y los sitios donde estas se realizan.

Los barrios son claves. Hay que tomarlos, hay que barrer el complejo de centro, de ombligo, de ven a mí si quieres… de algunas instituciones. La política de comunicación de muchas de ellas necesita de otros dinamismos. Hay que tocar puertas de tanta gente hermosa con mucho para dar. Hay que dejarse de frases de campaña y asumir claridades firmes, permanentes.

Los barrios dormitorios deben ser estremecidos. Los barrios necesitan mercados como necesitan espíritu. Los estándares de felicidad no se encierran en una botella ni se reducen a una esquina. Y cuando el barrio se pierda… se perdió todo.

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