Las piedras tienen un potencial decorativo y humorístico que muy pocos se atreven a explorar. Solo necesitas un pincel, un poco de pintura y ganas de divertirte
Hay un personaje silencioso que habita en casi todos los jardines y que pasa completamente desapercibido. No se mueve, no hace ruido, no pide atención. Simplemente está ahí, año tras año, acumulando musgo y dignidad. Hablamos, claro, de las piedras.
Pero resulta que las piedras tienen un potencial decorativo y humorístico que muy pocos se atreven a explorar. Y quienes lo descubren, difícilmente pueden volver a mirarlas de la misma manera.
La idea más sencilla y con mayor poder de alegrar el día es pintarles una cara. No una cara cualquiera: una cara con personalidad, con expresión, con algo que contar. Una piedra redonda se convierte, con dos ojos y una sonrisa pintados, en un personajillo que puede usar cualquier planta como pelo despeinado y que parece mirar a quien pasa con complicidad. Otra, más ancha y achatada, con ojos saltones y mejillas rojas, puede instalarse al pie de cualquier arbusto y convertirse en el habitante más simpático del jardín.




Lo gracioso es que la naturaleza ya hace parte del trabajo: la planta que crece detrás o encima de la piedra se convierte automáticamente en el peinado del personaje. Y cada temporada, cuando la planta crece o cambia, el personaje cambia también.
Pero las piedras no solo tienen cara. También tienen, al parecer, buen gusto para los accesorios. Porque alguien, en algún lugar del mundo, tuvo la idea brillante y absurda de colocarle asas de cuero a una piedra grande y plana, y crear así la cartera más pesada —y más original— que existe. Es una pieza escultórica, es humor convertido en objeto, es arte que provoca una sonrisa inevitable en quien la ve.


¿Necesitas más? Un gnomo hecho con dos piedras apiladas y un gorrito tejido de yute. Una familia de piedras con caras diferentes alineadas en el borde de un cantero. Un mensaje pintado en una piedra plana como señalización del jardín.


Las reglas son pocas: pintura resistente al agua y, sobre todo, sentido del humor. El resto lo pone la imaginación.

Recuerda que en Así de Fácil solo te proponemos, la versión final va por ti. Te espero la próxima semana para seguir convirtiendo juntos una simple idea en una gran solución.