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ITS, señales de alarma, tipos y cómo reaccionar

No toda infección genital es una ITS. sexoUn diagnóstico positivo no siempre permite saber cuándo o cómo ocurrió el contagio. Antes de acusar a tu pareja, estudia las circunstancias

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Hablar de infecciones de transmisión sexual (ITS) sigue siendo incómodo para muchas personas. A veces por vergüenza, otras por miedo al juicio y, en algunos casos, porque todavía se asocian a una reciente infidelidad.

La realidad es bastante más compleja. Existen infecciones causadas por virus, bacterias, hongos y parásitos, pero no todas se comportan de la misma manera ni se adquieren exclusivamente mediante relaciones sexuales. Algunas pueden permanecer sin síntomas durante mucho tiempo; otras aparecen como consecuencia de desequilibrio en la microbiota o de determinadas condiciones previas del organismo.

Por eso, ante una infección genital, lo primero no debería ser buscar culpables, sino identificar qué infección es, cómo se transmite, cómo se trata y qué medidas deben tomar las personas involucradas.

¿ITS o infección genital?

Una ITS es una infección que puede transmitirse mediante contacto sexual, aunque algunas también pueden usar otras vías, como la sangre, o durante el embarazo y el parto. Entre las más conocidas están el VIH, la sífilis, la gonorrea, la clamidia, la tricomoniasis, el herpes genital y el virus del papiloma humano (VPH); incluso, algunas cepas de hepatitis se pueden contagiar en el intercambio erótico.

Pero, existen también trastornos de la salud en los genitales que no deben interpretarse automáticamente como una ITS adquirida de un agente externo. Un ejemplo clásico es la candidiasis genital, causada por un hongo del género Candida, que puede formar parte de la microbiota del organismo, sin embargo, ante un desequilibrio puede multiplicarse excesivamente y provocar síntomas molestos.

Por consiguiente, tener candidiasis no significa necesariamente que tú o tu pareja hayan tenido una relación sexual con otra persona infectada. Más bien debe tomarse como una alerta de problemas en tu propio cuerpo.

Algo similar ocurre con la vaginosis bacteriana: aunque puede estar relacionada con la actividad sexual, no se considera una ITS de origen exclusivo como la gonorrea o la sífilis. También puede ser un desbalance de las bacterias que normalmente habitan la vagina, sobre todo cuando se intenta controlar a otros microorganismos, como los hongos.

La distinción es importante porque permite evitar dos errores frecuentes: considerar que todo problema genital es consecuencia de una relación sexual o, en el extremo contrario, asumir que tu infección no puede ser una ITS y prolongar el contagio.

Hongos, bacterias, parásitos y virus: no es todo lo mismo

Una manera sencilla de comprender estas infecciones es mirar qué microorganismo las produce.

Hongos

Los hongos pueden encontrarse normalmente en el organismo sin provocar problemas. El más conocido es el candida albicans. Sin embargo, los cambios hormonales, determinados tratamientos con antibióticos, la diabetes y otras circunstancias pueden favorecer su proliferación, con sus consecuentes molestias: flujo alterado, picazón intensa, irritación, enrojecimiento de los genitales y otras áreas extensas de la piel.

No debe asumirse una candidiasis como una transmisión sexual reciente. A veces, hasta la calidad del agua y el uso de ropa inadecuada favorece su molesta aparición.

Bacterias

Aquí encontramos infecciones que sí son ITS de contagio reciente, como la gonorrea, la clamidia y la sífilis, pero otras alteraciones bacterianas genitales no funcionan de la misma manera. La vaginosis bacteriana, por ejemplo, está relacionada con un desequilibrio de la microbiota, causado por otras razones, como el embarazo o enfermedades y dificultades ambientales que deprimen los mecanismos de neuroinmunidad.

Las ITS bacterianas suelen tratarse con antibióticos a corto plazo, pero es fundamental recibir el diagnóstico correcto y completar el tratamiento indicado, tanto tú como tu pareja sexual.

Parásitos

La tricomoniasis, causada por el parásito Trichomonas vaginalis, sí es una ITS. Puede producir flujo vaginal alterado (el típico olor a pescado), irritación, picazón, molestias al orinar o dolor durante las relaciones sexuales. También puede transitar asintomática un buen tiempo, pero eso es peligroso porque continuará invadiendo otros órganos.

Como ocurre con otras ITS, una persona puede tenerla sin saberlo y transmitirla a su pareja. Sobre todo, los hombres, rara vez son conscientes de su aparición.

Virus

Entre las infecciones virales de transmisión sexual están el Virus del Papiloma Humano (VPH), el herpes simple (HS) y el Virus de Inmunosuficiencia Humano (VIH).

Cada uno tiene varias cepas con comportamientos muy diferentes. El VPH, por ejemplo, es extremadamente frecuente;  a veces, sus síntomas desaparecen espontáneamente, gracias a la respuesta inmunitaria del organismo, pero algunos serotipos pueden persistir y producir lesiones que requieren seguimiento.

El HS puede permanecer en el organismo mucho tiempo en forma latente y presentar brotes visibles de llagas después de períodos sin síntomas.

El VIH, por su parte, puede permanecer durante años sin dar síntomas evidentes. Es muy raro que desaparezca del organismo y puede ser mortal sin tratamiento. Actualmente existen métodos muy eficaces que permiten controlar la infección en el portador y reducir las posibilidades de contagiar a otros.

Esta diversidad es una de las razones por las que no existe una única prueba que permita estimar qué causa tus molestias vaginales y, por tanto, es importante acudir a consultas especializadas para recibir el diagnóstico adecuado y adquirir herramientas sicológicas para manejar esa situación y dialogar con la pareja sobre la conducta a seguir en lo adelante.

Tener una vida sexual activa no es, en sí mismo, un problema de salud; lo importante es reducir riesgos y saber qué hacer cuando aparece una señal de alarma. La prevención no debería basarse en propagar el miedo, sino en aumentar la información científicamente fundamentada.

¿Y qué ocurre en las parejas del mismo sexo?

Las ITS no dependen de la orientación sexual. Una persona puede adquirir o transmitir una infección independientemente de que tenga relaciones con hombres, mujeres o personas de otros géneros. Lo que importa es el tipo de práctica sexual y las vías de exposición.

El sexo vaginal, anal y oral pueden transmitir diferentes infecciones, aunque el riesgo no es igual para todas. El contacto genital piel con piel puede transmitir VPH y herpes; determinadas infecciones bacterianas pueden transmitirse mediante sexo vaginal, anal u oral; y algunas infecciones aprovechan mejor el sexo anal debido a la vulnerabilidad de la mucosa rectal, por ejemplo, el VIH.

Por eso, hablar de «sexo entre hombres» o «sexo entre mujeres» como si fueran categorías de riesgo cerradas puede resultar engañoso. Una pareja de dos mujeres puede estar expuesta a ITS tanto como una de dos hombres, y una pareja heterosexual puede aumentar sus riesgos según las circunstancias. La prevención debe adaptarse a las prácticas sexuales, no a la orientación sexual.

El uso de preservativos y otras barreras, la vacunación (especialmente contra VPH y hepatitis B), las pruebas periódicas y la comunicación responsable son herramientas útiles para todas las personas.

¿Qué puede alterar la microbiota?

Hablamos de microbiota genital para referirnos al conjunto de microorganismos que conviven normalmente en nuestros órganos sexuales, cuya cantidad y comportamiento pueden cambiar ante diversas circunstancias.

En la vagina, por ejemplo, los lactobacilos suelen desempeñar un papel importante en el mantenimiento de un ambiente ácido que dificulta la proliferación de microorganismos dañinos.

Ese equilibrio puede modificarse por cambios hormonales (menstruación, embarazo, menopausia), medicamentos (sobre todo antibióticos), actividad sexual y otros factores.

En el caso de la candidiasis, pueden influir también una diabetes mal controlada o alteraciones de las defensas. Sin embargo, muchas veces no es posible identificar un único desencadenante.

En la vaginosis bacteriana, el equilibrio de las bacterias vaginales cambia y algunas especies pueden proliferar más de lo habitual. La actividad sexual puede estar asociada con un mayor riesgo, pero la vaginosis bacteriana no debe confundirse con una ITS clásica ni interpretarse como evidencia automática de transmisión sexual por infidelidad.

La microbiota genital no funciona igual en hombres y mujeres. La vagina posee un ecosistema microbiano propio más complejo, y estar expuesta al ambiente la hace más vulnerable al desequilibrio del entorno. Pero en los hombres también existen microorganismos en la piel y zona genital que pueden provocar infecciones o inflamaciones cuando el equilibrio se rompe.

Mitos y verdades sobre las ITS

Mito: Si mi pareja tiene una ITS, me fue infiel.

Verdad: No siempre. Algunas infecciones pueden permanecer sin síntomas durante mucho tiempo y el diagnóstico no permite determinar cuándo ocurrió el contagio ni quién lo transmitió. En otras, la transmisión sexual sí es una vía importante a decantar con la pareja, pero aun así el diagnóstico no siempre permite establecer la fecha exacta de adquisición.

Mito: Si no tengo síntomas, no tengo una ITS.

Verdad: Muchas ITS pueden no producir síntomas o hacerlo de manera muy leve, según las circunstancias. Hacerse pruebas sistemáticas es útil, incluso estando bien en apariencia.

Mito: Toda infección genital es una ITS.

Verdad: No. La candidiasis y la vaginosis bacteriana, por ejemplo, no deben interpretarse automáticamente como adquiridas por contacto sexual. Pueden relacionarse con alteraciones del equilibrio normal de tus microorganismos.

Mito: Si tengo candidiasis, mi pareja me la contagió.

Verdad: La candidiasis puede producirse por una proliferación excesiva de un hongo que puede estar presente normalmente en el organismo, sobre todo en mujeres.

Mito: Una ITS siempre se puede ver.

Verdad: No. Algunas pueden permanecer en tu cuerpo de modo silencioso. La ausencia de lesiones, secreciones o molestias no descarta una infección. Mejor hazte el examen completo.

Mito: El preservativo evita todas las ITS.

Verdad: Los métodos de barrera reducen significativamente el riesgo, pero no lo eliminan por completo. Algunas infecciones también pueden transmitirse mediante contacto de piel con piel en zonas no cubiertas, como el Herpes y el Papiloma.

MITO: Si tengo una ITS, significa que hice algo inmoral.

Verdad: Tener una ITS no es motivo de juicio moral. Son infecciones que pueden afectar a cualquier persona sexualmente activa. Lo importante es detectarlas, tratarlas y tomar medidas para evitar su transmisión a otros. Contagiar a otros a conciencia sí es falta de ética y hasta delito.

Mito: Si tuve una ITS, ya no puedo volver a contagiarme.

Verdad: Una infección no necesariamente genera inmunidad. Algunas ITS pueden volver a adquirirse, especialmente si la pareja no recibe tratamiento cuando corresponde o si existe una nueva exposición. En el caso de VIH es un agravante.

Mito: Lo mejor es esperar a ver si los síntomas desaparecen solos.

Verdad: Algunas molestias pueden desaparecer, pero la infección sigue en tu organismo (como los condilomas del VPH). Esperar puede favorecer la transmisión o retrasar un tratamiento necesario para que no afecte otros órganos. Ante una sospecha, lo más prudente es consultar y tratarse a tiempo.

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