La rebelión de la vejiga

Ante la evidente crisis energética y medioambiental que atraviesa la civilización, nuestra propia orina pudiera «salvarnos el pellejo»

Autor:

Randy García

Por contener altos niveles de amoniaco que la convierten en un desengrasante natural, la orina se empleó en la Edad Media como antiséptico bucal y para blanquear las ropas.

Más allá de lo repugnante que pueda parecer y sin llegar al extremo del Medioevo, el uso y sentido del simple acto de orinar hoy quizá esté a punto de cambiar.

En los últimos años, el líquido de color amarillento que expulsa nuestro organismo ha sido objeto de algunas investigaciones que han revelado sus potencialidades energéticas y aplicaciones en la salud.

¿La gasolina del futuro?

El hidrógeno constituye una alternativa real a los combustibles fósiles. Los vehículos que lo utilizan en su combustión se consideran de «cero emisiones» y solo expulsan H2O por el escape del motor.

No obstante, si bien el hidrógeno es muy abundante en el agua, extraerlo demanda mucha energía y una pureza impecable del líquido. Y es aquí donde entra la orina, una suerte de «alternativa de la alternativa».

Aplicando solo una ínfima cantidad de energía eléctrica, un equipo de científicos del Centro de Investigación de Energía y Electroquímica de la Universidad de Ohio, en Estados Unidos, descompuso el amoniaco y la urea —ambos componentes de la orina— en hidrógeno.

La autora del estudio, y directora del centro, Gerardine Botte, le dijo a BBC Mundo que este «es un proceso más barato, eficiente y resultado de desechos orgánicos».

La doctora enfatizó en la capacidad de extraer la energía de los componentes químicos presentes en la orina. «A más urea y amoniaco más hidrógeno, y lo hemos comprobado con orina de humanos, de animales y con orina sintética».

Atendiendo a sus cálculos, un vehículo que extraiga el hidrógeno de la orina pudiera recorrer incluso unos 40 kilómetros por litro.

Como promedio, una persona puede orinar hasta dos litros al día por lo que «la orina de los 22 000 estudiantes de esta Universidad podría generar energía para unas 50 a 70 casas, al ser procesada por una celda de combustible», explicó Botte.

Por otra parte, la tecnología para colocar tanques de urea en camiones que consumen diésel ya es un hecho, lo que hace aun más viable la aplicación de estas fuentes de energía. «Ya cargamos vehículos con urea así que ahora la podemos utilizar para producir hidrógeno», expresó la doctora.

La urea genera una reacción catalizadora de los óxidos de nitrógeno (NOx) y reduce las emisiones del gas contaminante.

Según refiere BBC, el mayor inconveniente en este caso son las propias celdas de combustible de hidrógeno, que requieren de platino, un metal precioso más caro que el oro, para su confección. Sin embargo, ya se desarrollan catalizadores libres de platino, que usan como material básico el cerio, un elemento casi tan abundante como el cobre.

La profesora Botte también informó que, además de obtener hidrógeno, el experimento produjo agua potable.

Por esta razón —dijo— el procedimiento también sería útil en plantas de tratamiento de agua, por lo cual habrá que seguir desarrollando la tecnología que permita usar el hidrógeno resultante como energía.

Un fluido «eléctrico»

Cada año la humanidad desecha miles de millones de litros de orina, motivo por el cual se ha convertido en una fuente de energía alternativa en potencia.

En 2011, la revista Physical Chemistry Chemical Physics publicó un experimento realizado por científicos británicos mediante el cual se produjo electricidad a partir de la orina, demostrando química y físicamente esa posibilidad.

Durante las pruebas, el equipo logró producir 2,9 miliamperios por metro cuadrado en solo 25 mililitros del líquido, con un 70 por ciento de efectividad en la conversión.

El estudio reveló que con la cantidad abismal de litros de orina disponibles anualmente, esta tecnología podría revolucionar al mundo, generando un impacto considerable en el tratamiento de aguas residuales.

Al baño a cargar el móvil

Si por cuestiones de tiempo o de memoria se le hace un dolor de cabeza cargar su teléfono móvil, con este invento podría desaparecer esa preocupación.

Científicos del Laboratorio de Robótica de la Universidad de Bristol, en Reino Unido, lograron fabricar baterías para teléfonos móviles inteligentes o smartphones, como también se les conoce, que pueden ser recargadas con orina humana.

El dispositivo fue conectado a un teléfono Samsung durante 25 minutos, tiempo en el que se realizaron llamadas, se enviaron mensajes de texto e incluso se pudo navegar en la red.

Según los expertos, la batería funciona mediante celdas de combustible biológicas que convierten los desechos en electricidad.

Uno de los autores de la investigación, Ioannis Ieropoulos, le dijo a la Agencia Francesa de Prensa (AFP) que lo mejor de esta fuente de combustible es que no depende de la errática naturaleza del viento o del sol. «Estamos reduciendo desechos para crear energía. Un producto del que podemos estar seguros que siempre tendremos reservas es nuestra propia orina».

El éxito del experimento fue posible gracias al comportamiento de bacterias que fueron cultivadas en cilindros de carbono. Estos microorganismos reaccionaron ante los componentes químicos de la orina y liberaron una pequeña carga eléctrica que luego se almacenó.

Pese al afortunado «eureka», dicha batería es similar en tamaño a la de un automóvil. En tal sentido, Ieropoulos afirmó que el fin del experimento será «construir algo que pueda ser llevado fácilmente».

El científico destacó, además, el impacto del proyecto en el medio ambiente al sustituir las actuales baterías de litio altamente contaminantes. «Usar nuestros propios desechos como fuente de energía es lo más ecológico a lo que podemos aspirar». Eso sí —aseguró—: tan solo habría que tener mucha agua para beber a mano.

El ratoncito Pérez de la medicina regenerativa

Si bien la orina se vislumbra como una fuente energética de sostenibilidad indiscutible, no es esta la única aplicación que la ciencia le ha encontrado. Con el desecho líquido también se incursionó recientemente en el campo de la medicina regenerativa, según un artículo divulgado por la revista Cell Regeneration Journal.

La publicación revela que investigadores chinos del Instituto de Biomedicina y Salud de Cantón extrajeron células madre de la orina humana, las cuales fueron implantadas en la mandíbula de un ratón cuyos dientes se encontraban considerablemente dañados.

Tres semanas después —asegura el artículo—crecieron en la mandíbula estructuras similares a los dientes, con pulpa dental (tejido conectivo laxo del interior del órgano dental), dentina y esmalte.

«La estructura del diente contenía pulpa dental, dentina, esmalte espacio y el órgano del esmalte», afirmaron los especialistas.

El procedimiento adoptado, como lo describen los autores, fue el siguiente: «Primero diferenciamos células madre en la orina humana a niveles epiteliales, y luego las recombinamos con mesenquinema dental de ratón.

«De estas recombinaciones recuperamos estructuras similares a los dientes con una tasa de éxito del 30 por ciento», ampliaron.

«Dichas estructuras poseen propiedades físicas tales como la elasticidad y la dureza que se encuentran en el diente humano regular», añadieron.

En cambio, la consistencia del diente no resultó tan dura como la de un incisivo de crecimiento natural. «Esta tecnología no facilitará la profesión de dentista a corto plazo, pero en el futuro podría servir para la regeneración total de los dientes humanos», refirieron los investigadores.

Datos estadísticos de la Organización Mundial de la Salud reflejan que las caries, derivadas de la falta de higiene bucal, son las responsables principales de la degeneración de los dientes, la encía y el tejido del maxilar. Se estima que afectan a cerca del cien por ciento de los adultos y del 60 al 90 por ciento de los niños.

Si bien la técnica de obtención de células madre a partir de la orina ha sido vista por algunos con buenos ojos, teniendo en cuenta que, entre otras cosas, elimina el dilema ético de obtener dichas células de los fetos, no son pocos los biólogos y doctores que la califican como una de las peores fuentes para este campo de la Medicina.

Al respecto, Chris Manson, profesor de la Escuela Universitaria de Londres, advirtió sobre el alto riesgo de contaminación por la cantidad de bacterias que se hallan en este líquido. «No es una fuente segura, primero porque contiene muy pocas células y, además, porque el proceso de su transformación en células madre tiene muy bajo rendimiento», acotó.

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