¿Caros parqueos?

La salida paulatina de la crisis económica inyecta esperanzas a nuestra actividad transportista, esa que estuvo a punto de colapsar durante los años más escabrosos del período especial y que ahora nos anima con la buena noticia de que grandes inversiones están en marcha y auguran la solución de grandes problemas a los ciudadanos.

De insatisfacciones relacionadas con el transporte y su organización se ha hecho eco esta columna repetidamente. Y como hay de todo en la viña del señor, a través de los mensajes de los lectores Acuse también ha soñado con el día en que seamos pasajeros totalmente respetuosos y disciplinados, contribuyendo con nuestro celo a preservar los medios que tanto nos cuestan.

La misiva de Carlos Chanquet Cordero, vecino de Ave 21 No. 3015 e/ 30 y 34, reparto La Sierra, municipio de Playa, recordó a este redactor que transporte es más que combustible y piezas, e incluye aspectos tan esenciales como el parqueo y los trabajadores que se dedican a esta labor. Quizá por ello dirigió el lector su mirada en esa dirección.

«Desde hace algún tiempo casi toda la capital y en especial los sitios cercanos a tiendas, agromercados, etcétera, se encuentran repletos de parqueadores. En algunos casos portan unos chalecos de color rojo que los identifican como parqueadores estatales y en otros solo un solapín que más bien parece de fabricación casera, pero la verdad es que cuando usted sale a la calle con su auto para solucionar un problema se ve obligado a gastar cierta suma de dinero no planificada en el pago del estacionamiento.

Carlos relata que ha tenido que visitar varias tiendas buscando un artículo necesario y ha llegado a sumar «más de diez pesos gastados por el concepto antes mencionado», sin haber siquiera encontrado en muchos casos el producto que deseaba.

«Hay lugares —prosigue el lector— que justifican la presencia de una o dos personas que velen por la seguridad de los vehículos (en todo el mundo existen), pero me parece, en mi más modesta opinión, que es demasiado».

Por último, la carta llama la atención sobre la profesionalidad con que se brinda el servicio. «No quiero dejar de mencionar también la forma en que a veces se dirigen a uno, haciendo sentir una total autoridad en la que no dejan opción que no sea: si quieres parquear aquí tienes que pagar o si no… ya sabes».

Así concluye la queja, que por su envergadura ha de tener una rápida atención del organismo responsable de esta actividad.

Ignacio E. Rodríguez Pérez vuelve a esta sección luego que publicáramos, allá por abril de 2005, su preocupación respecto al peligro al que se exponía la población, y fundamentalmente escolares, por no usar los pasos superiores peatonales y al deterioro de los mismos.

«A pesar de no haber existido respuesta escrita a mi queja por las instancias competentes, esta ha llegado de forma material y el paso superior peatonal de 25 y 114 está siendo reparado en este momento. Todo parece indicar que los niños comenzarán el nuevo curso con mayor seguridad. Solo faltaría la labor educativa de padres y maestros y la vigilancia revolucionaria para que el esfuerzo de nuestro pueblo no sea en vano, que el paso sea correctamente empleado como una vía más segura para peatones y que manos inescrupulosas no roben sus elementos con otros fines».

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