Peligrosos cables desnudos

Oscar Llanes Guerra me escribe porque su vida, y las de sus familiares y vecinos, corren peligro. La amenaza está muy cerca: pende de los cables del tendido eléctrico ubicados en el poste que está en el patio de su casa, en Avenida Tercera H número 164A20, entre 164 A y Tercera B, en la Zona 1 de Alamar, municipio capitalino de La Habana del Este.

El remitente considera que primero hay que agotar todos los recursos antes de escribir a esta sección. Y así lo ha hecho: lleva aproximadamente un año haciendo gestiones infructuosas para que se resuelva el problema.

Es que dichos cables, por la acción del sol, la intemperie y el tiempo, han perdido el recubrimiento sintético, y están colocados a una altura en que pueden constituir un peligro de accidente fatal. Una rama cercana puede caer y energizar la cerca perimetral también.

Oscar reportó esta incidencia a la Organización Básica Eléctrica del municipio a finales de 2005. Y entonces se personaron en su vivienda y le manifestaron que no tenían tape para acometer el trabajo, que si él les facilitaba bolsas de nailon ellos lo hacían. Oscar le ripostó que ese material no era el adecuado, e insistió que con solo dos rollos de cinta adhesiva se resolvía el problema. Pero los de la OBE le reiteraron que no los tenían.

Oscar volvió a reportar el problema y la respuesta fue similar. Al celebrarse la Asamblea de rendición de cuenta lo planteó, y la respuesta que le dio la OBE a la delegada fue la misma.

Desde el pasado mes, Oscar continuó comunicándose con la OBE: les explicó su drama a quien atiende los despachos, al jefe de Operaciones y a la secretaria del director. Y nada. De nuevo la Asamblea de rendición de cuenta, y allí la delegada le dijo que ella había alertado en una reunión en el municipio del peligro que se corría, e incluso de otro caso parecido de su cuadra, que también ha sido desatendido.

El afectado incluso pensó en comprar la cinta protectora en una tienda y resolver el problema por su cuenta. Pero, además de que es un trabajo que necesita especialización, requeriría la interrupción del servicio eléctrico, que solo puede obrarlo la OBE.

Oscar no puede entender —yo tampoco lo entendería— que la OBE de La Habana del Este no tenga dos rollos de tape para neutralizar un peligro tan serio.

La segunda misiva la envía Antonia Álvarez Vera, vecina de calle 29C número 7420, entre 74 y 76, en el municipio capitalino de Playa. Y es para alertar de otro peligro.

Refiere la remitente que hace tiempo ella y otros vecinos viven con pánico, pues un árbol está a punto de caer sobre sus viviendas, que tienen techo de fibrocén. Cuentan ya con permiso de tala, y ese documento se encuentra en la Dirección de Servicios Comunales de 120 y Novena.

Asegura la remitente que en reiteradas ocasiones han visitado esa entidad, y también la OBE. Pero todo ha sido en vano.

Y pregunta: «¿Qué esperan, que cueste la vida de un vecino, y en el menor de los casos muchos daños económicos?».

La tercera carta la envía Julio César Díaz Rodríguez, vecino de Modesto Díaz número 7, entre 30 de Noviembre y General García, en el reparto Militar de Guisa, provincia de Granma, y trabajador de la Casa de Cultura Olga Alonso de esa localidad.

Refiere Julio César que en la sala-teatro de dicha institución cultural es imposible trabajar, debido a la cantidad de humo que emana de la colindante cocina de la cafetería Sierra Maestra. Él trató de resolver el problema comunicándose con el administrador de la cafetería, y este le respondió que la solución no estaba en sus manos.

Se dirigió entonces a la dirección municipal de Gastronomía y le dijeron que eso se iba a resolver. Nada se solucionó. Fue a otras autoridades municipales y le aseguraron que eso había que resolverlo. Fue al CITMA. Todo sigue igual.

«En la Casa de Cultura —apunta— se dejan de atender 670 aficionados a diferentes manifestaciones artísticas. Setenta y seis instructores y trabajadores no pueden desempeñar su labor con calidad, teniendo el local para hacerlo. Los instrumentos musicales se deterioran. Por si fuera poco, dicha cafetería elabora los alimentos a un metro de la fosa de la Casa de Cultura». Ya Julio César lleva más de dos años batallando, y se disipa la esperanza de solución antes que el agresivo humo. ¿Hasta cuándo?

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