Dieciséis años en la micro...

Jesús del Sol Santana me lanza un S.O.S. en nombre de los miembros de la microbrigada que labora en calle Lagueruela, entre Anita y Finlay, en el reparto Sevillano del municipio capitalino de 10 de Octubre.

Su carta no es airada protesta, sino una reflexiva preocupación acerca de la incertidumbre que embarga a esos constructores, quienes llevan nada más y nada menos que 16 años en ese movimiento, y aún no han podido resolver sus serias necesidades de vivienda.

El remitente recalca la comprensión que han tenido ellos de sus deberes para con la sociedad. En estos 16 años han contribuido en innumerables obras: albergues para el plan alimentario, obras para beneficio social...

«Pensamos que ya llegó el momento en que, entre las viviendas destinadas para hacer en el año, se encuentren las nuestras, que están paralizadas desde 1990», manifiesta.

Jesús analiza que pudieran existir motivos para esta excesiva dilatación, pero las razones que les han dado no son convincentes, pues «vemos como a nuestro alrededor comienzan construcciones de viviendas que en solo tres meses están más adelantadas que la nuestra, y tienen materiales suficientes para seguir adelante».

Plantea que «solo pretendemos que personas más capacitadas y capaces nos ayuden a obtener una respuesta a nuestra preocupación, que se investiguen los motivos de por qué aún no podemos comenzar nuestra obra, a la que, por el tiempo que ha estado parada, hemos tenido hasta que cambiar el acero.

«Queremos que alguien se sensibilice con quienes durante tantos años han abandonado sus profesiones,sus centros de trabajo,y muchos ya están próximos a la edad de retiro, el cual tendrán que posponer de no cumplir su objetivo».

Más que justificada es esa preocupación. Si han cumplido ampliamente sus deberes con la sociedad, es muy duro que se les vaya la vida en ello. ¿Hasta cuándo estarán trabajando para otros y no para sus viviendas?

La segunda carta la envía Manuel Burón, director provincial de Micro Social de Ciudad de La Habana, y es una útil explicación sobre los servicios que presta esa entidad.

Precisa Burón que muchas situaciones que aparecen en Acuse de Recibo y llegan a ellos, requieren primero de la valoración y aprobación de la dirección de cada Unidad Municipal de Inversiones de la Vivienda (UMIV), entidad encargada de realizar la documentación técnica de cada caso, para después tramitárselo a la Micro Social, la ejecutora de los trabajos.

Las posibles quejas referidas a Micro Social, explica, son las relacionadas con la calidad de los trabajos, y el tiempo de garantía pactado en el contrato, así como demoras en la prestación de los servicios solicitados. Las acciones que demandan recursos y no estén incluidas en el plan nominalizado de Micro Social, deben ser remitidas a la UMIV correspondiente, para su valoración. Posteriormente, en dependencia del alcance de los trabajos, la existencia de la documentación requerida, la inclusión en el plan y la disponibilidad de recursos, correspondería a Micro Social ejecutar los mismos.

Precisa que esa entidad presta servicios a ciudadelas, edificios multifamiliares y viviendas unifamiliares. Los trabajos en ciudadelas son financiados en su totalidad por el Estado, y en los edificios se aplica lo establecido para el pago de una parte del valor total de los mismos por los vecinos, quienes firman un convenio con la UMIV. Cumplido ese paso, la Micro Social entra a trabajar.

En cuanto a las viviendas unifamiliares se les presta también servicios de desobstrucción de líneas sanitarias en los colectores principales, escombreo de fosas, limpieza de cisternas y venta de materiales de la construcción para la realización de trabajos por esfuerzo propio.

Y todas esas acciones deben ser controladas por la UMIV, excepto las desobstrucciones de líneas, las reparaciones de motores de agua, la limpieza de cisternas y el escombreo de fosas en las viviendas particulares, en las cuales el propietario realiza el pago de los trabajos a la Micro Social.

Agradecemos tan esclarecedora explicación.

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