¿Ubicación?

El verano es diversión y relajamiento, pero puede convertirse para algunos jóvenes en pena y desasosiego, cuando se cierran las puertas a los objetivos centrales de la vida, los que decidirán el futuro.

Hoy me escribe Clara Daisy Negret Fonseca, una madre que sufre por la incertidumbre que golpea a su hijo Daryl Ocaña Negret, egresado recientemente como técnico de nivel medio en Refrigeración, en el Instituto Politécnico Hermanos Gómez, de la capital.

Clara Daisy, quien reside en Calle Segunda número 6, entre Calzada de Bejucal y Poey, municipio de Arroyo Naranjo, relata que a su hijo le asignaron la ubicación laboral en la Empresa ASTICAR (Astilleros del Caribe). Pero cuando fueron allí, el responsable de Capacitación de la entidad les comunicó que dicho centro no tiene taller de refrigeración, por lo cual no podían aceptar ningún egresado de esa especialidad.

El capacitador les recomendó que fueran a Terminal refrigerada (TERREF), pues tenía posibilidades de aceptarlo. Pero cuando lo hicieron, la homóloga de la entidad les comunicó que no había plaza disponible.

Clara Daisy se dirigió a la Dirección Municipal de Trabajo de 10 de Octubre, territorio donde radica el politécnico. Y en el Departamento de Capacitación les buscaron en el registro, para corroborarles que ASTICAR había solicitado dos egresados en Refrigeración. La madre les enseñó la carta que le habían dado en ASTICAR, y les manifestaron que no tenían acceso a la boleta de ubicación laboral de los graduados, que debían ir a la Dirección Provincial de Trabajo.

En la Dirección Provincial, quien atiende Capacitación les aseveró que a menudo sucede eso: las empresas no tienen la plaza después de haber solicitado los graduados. Y les reiteró que allí no tenían nada que ofrecerle al muchacho: ella, como madre, debía ir rastreando por los talleres hasta que alguno lo aceptara.

No obstante, Clara Daisy le dejó los datos de su hijo, por si alguna empresa solicitaba un técnico en Refrigeración. Pero, desdichadamente, nada se ha resuelto.

«No puedo entender —señala Clara Daisy— cómo es posible que si esos acuerdos los hace la escuela con las empresas y la Dirección de Trabajo, pasen estas cosas, si tengo entendido que desde antes de graduarse todo se coordina. Un joven que estudió cuatro años como técnico medio, y tiene que realizar su servicio social por tres años, ¿cómo se va a quedar sin ubicación laboral?».

Nadie puede comprenderlo, Clara Daisy, como tampoco se entiende que las empresas soliciten jóvenes egresados por supuestas necesidades y luego se desentiendan de ellos. ¿No es eso un engaño? Pero también es bastante incomprensible que ello no tenga solución final, y una Dirección de Trabajo, con la suficiente autoridad para hacer valer las leyes de este país, se desentienda y sugiera a esa familia que se las componga como pueda.

La segunda carta es casi el Niágara en bicicleta, narrado por el profesor Rafael Hernández González, un ciclista empedernido que reside en Avenida 35 número 11615, entre 116 y 118, en el capitalino municipio de Marianao.

Refiere Rafael que compró en la tienda en divisas de Quinta y 42, en Miramar, una bicicleta todoterreno Mountain Bike, Combat 02, con lo que ello representa para un cubano cualquiera: 110 CUC. Y a las tres semanas de uso se ponchó. Y cada vez que le cogía el ponche, a los cinco minutos perdía el aire por un lugar cercano a la costura de la misma. Esa agonía sucedió con las dos cámaras...

«Es imposible que salgan tan malas si son nuevas», sentencia Rafael, y asegura que eso mismo les está pasando a otros consumidores. Lo califica de robo al pueblo, de estafa, y se pregunta qué rayos están haciendo los compradores, gerentes, auditores, tantos licenciados y funcionarios, que no son capaces de evitar esto y tener un control de calidad para algo tan elemental.

Nada, que la tan cacareada protección al consumidor puede desinflarse en un minuto, como las engañosas cámaras de Rafael.

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