Eléctricos problemas

Las dificultades relacionadas con desperfectos del servicio eléctrico continúan trayendo cartas al buzón de esta sección, y se repiten aquellas en que la solución demoró más de lo concebido por el cliente.

Ada Alicia Alfonso lo está viviendo allá en Pasaje 2 número 365, entre A y B, reparto Piñera, de la ciudad de Ciego de Ávila. El 26 de septiembre de 2006 sobrevino un alto voltaje en el circuito donde ella reside, y se quemaron varios equipos del vecindario, entre ellos la videocasetera de la señora.

Felizmente, los técnicos de la Empresa Eléctrica se personaron ese mismo día en su hogar y tomaron todos los datos. A los pocos días, vinieron por el equipo, para revisarlo a ver si tenía arreglo. A los 15 o 20 días, el funcionario que atiende Daños a la Propiedad les comunica que al video se le había dado baja técnica, pues se le había quemado la fuente.

Les hicieron un expediente que debían enviar a La Habana, a la Unión Nacional Eléctrica, que es la que aprueba la compra del equipo para reponérselo al cliente en casos como ese. Y les orientaron que llamaran a las oficinas allí en Ciego para informarles cómo iba el caso. «Llamaba —asegura la afectada— y me decían que iban a mandar el expediente en un carro para La Habana. Volvía a llamar a la semana y me decían que no se había podido enviar. Volvía a llamar, y así lo hice unas cuantas veces. Y siempre una respuesta distinta».

Al fin, el director económico de la Unión aprobó el caso. Ya Ada Alicia vio los cielos abiertos... hasta que en Ciego de Ávila le comunicaron que tienen problemas con el financiamiento: no hay presupuesto para comprar su equipo, ni tampoco hay videos en venta. El consejo entonces fue que siguiera llamando...

Ada Alicia reconoce que le han asegurado que todo se resolverá y le han dado explicaciones... ¿Pero cuándo? Se asombró la señora cuando el director provincial de la Organización Básica Eléctrica le manifestó que esos casos se demoran a veces más de un año. ¿Por qué?, pregunta la remitente.

Caridad Stenof Rivera me escribe muy alarmada desde Cañongo 123, altos, entre Infanta y Santa Teresa, municipio capitalino del Cerro. Y no es fortuita su aprensión: la vida de sus dos pequeños hijos puede peligrar, a consecuencia de un cable de la acometida eléctrica que entra por su ventana y atraviesa el piso de su casa.

Precisa la lectora que el cable de marras está suelto desde arriba hasta el piso. Es viejo y está pelado, al punto que la ventana y la pared tienen corriente eléctrica cada vez que el viento lo mueve.

Cuando me escribió, el 5 de julio pasado, Caridad llevaba cuatro semanas haciendo gestiones: por teléfono, yendo a las oficinas de Zapata y 4, y a la sucursal de Calzada del Cerro donde ella paga el servicio eléctrico. Han ido varios carros del servicio de guardia, pero nada le resuelven. ¿Qué hay que esperar?

También desde la capital me escribe Medardo Luis, específicamente desde San José 305, entre Calvo y San Andrés, en Guanabacoa.

Él aplica la lógica del cliente que paga un servicio y espera una correspondencia de quienes le sirven: solicitó a la Empresa Eléctricale que le instalaran el breaker de seguridad, pero han ido en cinco ocasiones y Medardo no se encuentra, porque a esa hora está laborando.

Los vecinos de Medardo le han explicado esta última razón a los de la Empresa Eléctrica, y estos les han respondido que trabajan solamente hasta las dos de la tarde.

Medardo cuestiona cómo es posible que un servicio tan demandado y vital como el de la electricidad, tenga un horario tan ajeno a lo que se persigue hoy en pos de facilitar el cumplimiento de las nuevas resoluciones sobre la disciplina laboral, y evitar que las personas abandonen sus puestos de trabajo para hacer trámites y resolver problemas cotidianos.

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