Solucionados… al revelarse - Acuse de recibo

Solucionados… al revelarse

Al fin, la señora Mirtha Bárbara Pérez debe estar en el municipio habanero de Caimito, cobrando la pensión por el fallecimiento de su esposo, el campesino José Polo. Y aunque es para tranquilizarse, tampoco amerita aplaudir, ante la respuesta de Pedro Olivera Gutiérrez, director de Control de Tierra del Ministerio de la Agricultura.

Es que Mirtha Bárbara estuvo nada menos que dos años en la indefensión, mantenida por familiares, mientras esperaba por trámites sumamente dilatados —como no lo merece nadie—, desde que presentó su solicitud ante la Agricultura en noviembre de 2005. Y fue a partir del 19 de octubre de 2007, día en que esta columna reveló la queja de su sobrino Rafael Castillo, que se aceleraron las gestiones.

Al denunciar aquí la dilatación del proceso, el sobrino relataba que el finado esposo de la señora era un pequeño agricultor, miembro de la ANAP, y contaba al fallecer con una pensión de 120 pesos y una parcela de autoconsumo, luego de haber arrendado las tierras al Plan Citrícola de Caimito.

Al quedar Mirtha Bárbara desamparada con la muerte del cónyuge, se personó varias veces en la Dirección de la Agricultura del Consejo Ceiba para la solicitud, presentó la documentación y contrató los servicios de una abogada para que la representara. Pero el tiempo pasaba, y les decían que el expediente estaba en la delegación provincial de la Agricultura, que viró, que si el Banco no lo aceptó; que se volvió a tramitar a cambio de la tierra, que si estaba otra vez para provincia... «Lo único que sé es que la anciana está viviendo por obra y gracia de algunos sobrinos», decía entonces Rafael.

Al respecto, señalaba el Director de Control de Tierra en su respuesta fechada el 6 de diciembre de 2007, que «se realizaron investigaciones del asunto, y se comprobó la morosidad por parte de los funcionarios encargados de la confección y presentación del expediente de pensión ante el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social».

Aclaraba Olivera que «se logró que el expediente fuese presentado a la Dirección Provincial de Trabajo, el 7 de noviembre de 2007, organismo encargado de su conclusión, y a través del cual se notifica la chequera a la solicitante de la pensión».

Y acto seguido decía que los hechos serían objeto de análisis administrativo, con vistas a evitar que en lo sucesivo se repitieran. A ciencia cierta, no hemos podido saber qué arrojó el análisis después, pero se cae de la mata —como dicen en el campo— que con quienes obraron tan indolentemente ante el sustento de una anciana, debían tomarse medidas ejemplarizantes.

La segunda carta es también de respuesta, y la envía José Manuel Pérez, director general de la Empresa Azucarera Abraham Lincoln, a raíz de la denuncia de Raúl González, jubilado de ese sector residente en la localidad habanera de Artemisa, aparecida aquí el 18 de diciembre de 2007. Entonces, Raúl revelaba que en la zafra 2006-2007, hubo un descarrilamiento de un tren en el tramo entre Artemisa y el central Eduardo García Lavandero. Y a un año del suceso, en vísperas de la contienda 2007-2008, aún permanecían allí los dos vagones volcados, como un monumento a la indolencia.

«Todo es muy cierto, responde Pérez Vázquez. Somos capaces de reconocer la morosidad existente por parte de los compañeros del Departamento de Operaciones ferroviarias de nuestra empresa, que por diversas razones de grúa, y otras, no fueron capaces de darles cumplimiento a las indicaciones dadas por la dirección de la empresa y el GEA (¿?) en la realización de la recogida de los vagones descarrilados».

La situación, que estuvo empantanada prácticamente un año, se resolvió el 24 de diciembre, apenas seis días después de publicarse la denuncia.

El funcionario asegura que se aplicaron medidas disciplinarias en el área de transporte ferroviario, pero no especifica cuáles fueron; como tampoco explica por qué, si la dirección de la empresa había dado indicaciones en tal sentido, no comprobó en tanto tiempo si se habían incumplido, para obrar al efecto, ateniéndose a un principio elemental de dirección.

Al final, agradezco las soluciones de ambos casos, pero hubiera sido mejor que ocurrieran antes de ponerlos en blanco y negro.

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