Desagravio a quinceañera

«Solo quiero que no le suceda a otra muchacha», decía aquí Beatriz González, el 5 de febrero, al denunciar el maltrato y la escasa profesionalidad que marcaron el servicio brindado a los 15 de su hija, en el Palacio de los Matrimonios de la ciudad de Holguín.

No sospechaba Beatriz lo que iba a desencadenar, cuando reflejó el rosario de desastres de la fiesta: el auto alquilado no llegó a la hora indicada. Problemas con la música y la deficiente elaboración del bufet, que incluso les cobraron de más. Las flores acordadas nunca aparecieron, y la filmación del video fue pésima.

Lo peor es que el administrador del Palacio prometió responder a sus reclamaciones, y no lo había hecho cuando la madre escribió a esta columna. Nada, se le cayeron todas las ilusiones a la quinceañera, y ya eso no tiene remedio.

Ahora responde Yosvany Pupo, director provincial de Comercio, quien señala que la comisión creada visitó a Beatriz. Y reconoce «que le asiste la razón en todo, y que esta Dirección Provincial le transmitió las disculpas por el trato irrespetuoso en el Palacio de los Matrimonios, y por el incumplimiento de los servicios contratados».

Se decidió indemnizar a la afectada por los daños sufridos: se repetirá la filmación del video, con derecho a utilizar los trajes y el transporte sin costo alguno. Se le devuelve el importe cobrado indebidamente por el bufet, y el derecho a adquirir las bebidas que no le fueron ofertadas.

Y se le informó de las medidas disciplinarias aplicadas a los infractores: en un caso separación definitiva de la entidad; en otros dos, traslados definitivos para plazas de menor remuneración o condiciones diferentes; y en dos más, sendas amonestaciones.

Pupo acepta que aun, con esas medidas, no se borra el mal momento experimentado por la joven y su familia, a las cuales ofrecieron disculpas, y aseguraron que ello no podrá repetirse allí. Para revertir la situación, revisaron todo el sistema organizativo de la entidad y sus relaciones contractuales con otros organismos que les prestan servicio, al tiempo que se analizó autocríticamente la experiencia en el Consejo de Dirección de la Empresa.

Agrega que actualmente el Palacio de los Matrimonios se somete a un programa de remozamiento constructivo y de rescate de sus áreas de servicios, que llevará aparejada la capacitación de sus trabajadores. Y agradece que la revelación del caso «incidiera en cerrar las fisuras que la gestión administrativa no logró en el momento oportuno».

Al final, la hija de Beatriz habrá celebrado sus quince en dos tiempos, antes y después. Y ojalá que, con esta experiencia, en el Palacio de los Matrimonios de Holguín se hayan «casado» para siempre con la calidad.

La segunda carta es un alerta contra el burocratismo y la desorganización que pueden permear una tarea tan racional como la sustitución de equipos electrodomésticos por otros de mayor eficiencia energética:

Ileana Montalvo me escribe desde Correa 266, apartamento 7, en Tamarindo, municipio capitalino de 10 de Octubre. Y cuenta que en el 2005 ella residía en un albergue en Rabí 264, en ese mismo Consejo Popular, cuando allí se hizo el censo de los refrigeradores, para su futuro cambio.

Pero en diciembre de 2006 a ella se le asignó la vivienda que hoy ocupa. Y en julio de 2007, con tiempo suficiente antes de que llegaran los equipos, Ileana alertó en el Consejo Popular del cambio de dirección para el traslado de la planilla. Le tomaron los datos y le explicaron que esa entrega sería en la segunda vuelta.

En agosto de 2007 comenzaron a distribuir los refrigeradores en su zona. Y seis meses después, cuando me escribió, le habían dicho que su refrigerador no se le puede entregar hasta que Gretel, la compañera a cargo de los Trabajadores Sociales en el Consejo Tamarindo, no realice investigaciones. Y en el documento de Gretel consta que el refrigerador dirigido a Ileana se lo dieron a alguien en la dirección anterior donde residía.

Ahora Gretel le plantea que ella está haciendo papeles, y hasta que no termine no puede ocuparse de verificar su caso. «¿Soy responsable por la falta de seriedad? ¿Por qué debo esperar a que alguien se conduela y termine un proceso de burocratismo para yo hacer uso del refrigerador?», pregunta.

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