El tedio corroe

Ahora, desde el apartamento 29 del Edificio 7, en el reparto capitalino de Arroyo Naranjo, Yrineo Mederos recuerda con nostalgia sus travesuras en la comunidad Cruce El Cerro, en Uñas, municipio holguinero de Gibara. Recuerda los pitenes de pelota, en los terrenos que rodeaban al pueblecito, las diversiones, muchas veces espontáneas y sin necesidad de ningún programa recreativo. Los bailes periódicos con el famoso órgano oriental La Joya del Sol. Rememora todo lo que la Revolución hizo allí para transformar el viejo terraplén en carretera, la luz que en sus ojos ardía, eléctrica por primera vez; los médicos, la escuela... Fue un tiempo de estrenos. En diciembre de 2007 Yrineo volvió a su natal Cruce El Cerro, y entristeció al ver que la vida social se ha retraído y la única diversión es el alcohol. «Conocí hasta de apuestas donde ganaba el que se tomara una botella de ron sin parar», señala. Y se pregunta por qué tanto tedio, si se puede canalizar la alegría de los pobladores con sensibilidad e imaginación, sin gastos extraordinarios. Hay que declararle la guerra al aburrimiento.

Los charcos de la desatención: Desde el reparto Guiteras, en la capital, escribe Luis Borrazás, vecino de Edificio 38, apartamento 22, calle Sexta, entre 16 y 17. También su carta rezuma morriña, pues llegó a vivir allí en 1960, con solo 30 años, y allí han crecido sus hijos y nietos. Le duele ver cómo luce hoy un reparto tan hermoso, lacerado por las carencias materiales, pero también por los abandonos. Salideros de aguas albañales por doquier: hay uno en calle 16 y sexta, donde han caído varias personas. Viene el equipo, succiona, y al poco tiempo lo mismo. Tuberías que revientan, una red hidráulica que ya no soporta el tiempo y el crecimiento poblacional. Falta de alumbrado público, y los rateros haciendo de las suyas: la cerca que separaba el Mercado 16 y el parque infantil se la llevaron completa. Calles rotas, intransitables en algunos tramos. Aún así, Luis ama su reparto: es bello por encima de los abandonos. ¿Cuándo se le pasará una mano?

Por una manguera de 30 metros: La doctora Yamilet Silva Silot no puede entender —yo tampoco lo comprendería— que en la cuadra donde vive, Carral 25, entre Correo y Martí, en Caimanera, hace ya unos seis meses que estén presentando serios problemas con el suministro de agua, y todo lo podría resolver una manguera de 30 metros. Sí, como los vecinos tienen que cargar el agua, llueven las quejas en el acueducto municipal. La doctora evacuó la suya en Acueducto provincial de Guantánamo, y le manifestaron que la manguera de marras se buscaría en el municipio de Manuel Tames, como una prioridad. Pero a otros vecinos se les dijo que la misma estaba en el municipio de El Salvador, y a otros más que estaba en Bayate, y así sucesivamente. Pero al final le comunicó el director de Acueducto municipal que no contaban con la manguera fantasma. «Nadie se sensibiliza con dicho problema y no pasa nada. Esto demuestra falta de exigencia y de gestión administrativa, de respeto ante la población, la cual ha sido bastante ecuánime en esta problemática», sentencia la doctora.

Legajos destruidos: Orlando Mauricio Rivero anda infructuosamente tras su certificación de nacimiento, como si le negaran haber venido a este mundo. El lector, quien reside en calle H número 511, entre 21 y 23, del Vedado capitalino, cuenta que el 16 de octubre de 2007 se personó en las oficinas del Registro Civil del Vedado para solicitar el certificado de nacimiento de él, su esposa y su hija, al Registro Municipal de Camagüey. El 2 de noviembre de ese año acudió de nuevo a esas oficinas y le entregaron la de su esposa e hija, pero no la suya. Camagüey informaba que el tomo donde se asentaron sus documentos estaba totalmente destruido. Debía esperar. Debía expedirse en el registro Provincial de Camagüey, pero este está cerrado por posible derrumbe. ¿Hasta cuándo tendrá que esperar? ¿Se derrumban entonces las posibilidades de obtener ese documento? ¿Qué culpa tiene un ciudadano del extravío y deterioro de los legajos?

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