Aguas contaminadas

Fieles a las inquietudes ecologistas de esta columna, nuestros lectores continúan comunicándose para lanzar alertas sobre lo que ellos consideran peligrosos focos de contaminación, en distintos puntos del país.

Y como no hay compromiso mayor que el de la salud del pueblo, seguiremos ofreciendo esos testimonios, para que las autoridades correspondientes tomen las medidas que se requieran en cada caso.

Hoy me escribe Luis Marques Portillo, desde la Tienda del Pueblo de la comunidad El Almirante, en Bayamo, provincia de Granma. Y lo hace porque le preocupa que en el río Bayamo, a poca distancia del centro de la ciudad homónima, fue acondicionada hace unos años un área para bañistas conocida como La Playita.

A primera vista, es un sitio hermoso y agradable, con orillas arboladas. Allí fueron habilitados varios puntos de venta de gastronomía, y en verano el INDER ofrece opciones deportivas. En los alrededores hay cafetería, restaurante, y un área para musicales. Un sitio muy popular y acogedor.

Pero, denuncia Luis, las aguas de La Playita están muy contaminadas. Asegura el lector que él ha tenido acceso a algunas pruebas realizadas al agua del río Bayamo por Higiene y Epidemiología municipal, y las mismas revelan partículas de materia fecal y otros gérmenes, causantes de enfermedades. A solo unos metros aguas arriba, desemboca el arroyo Manegua, cargado de aguas negras provenientes de algunos barrios de la ciudad.

Señala Luis que se han hecho varios intentos de reducir los vertimientos al río de residuales domésticos e industriales, y de crianza de animales. Ello es tan evidente, que la Cruz Roja decidió retirar sus salvavidas durante casi todo el verano pasado.

Luis asegura que ha hablado con funcionarios de Higiene, y le dicen que han advertido a las autoridades sobre esa situación. Pero La Playita sigue recibiendo bañistas. Y «por si fuera poco, los estudiantes de natación de la escuela de Deportes realizan actualmente sus entrenamientos en aquella contaminación, porque la piscina de su centro tiene problemas», relata.

«Los resultados de numerosos exámenes realizados al agua del río Bayamo por Higiene y Epidemiología y por el Proyecto Agenda 21 para la reanimación de dicho río, señala, confirman lo que digo. No son secretos y están accesibles a todo el que quiera conocerlos,» concluye.

La segunda misiva la envía Ángel Mario Pérez Sánchez, vecino de Entrada 7306, entre Cowley y Vento, en el reparto Embil del municipio capitalino de Boyeros.

Denuncia el lector que en la esquina de Vento y Rodríguez Morine, se encuentra una toma de agua del Canal de Albear, donde se abastecen camiones-cisterna. «Y cuando se encuentra alguna de estas pipas rellenándose, describe, es demasiada la cantidad de agua que se derrama fuera de la misma, además de que, cuando terminan, la manguera de servicio se queda abierta, botando más y más agua durante todo el día y la noche».

Ángel Mario calcula que se derrochan miles y miles de litros de agua que tanto necesitan otros ciudadanos en la ciudad. Y eso hace que se forme una laguna de agua limpia, presta a servirle de hábitat a los mosquitos, que de hecho azotan al vecindario.

Al propio tiempo, la toma de agua está generando accidentes automovilísticos, pues está ubicada en el mismo punto de visión para cruzar la avenida Vento. Las pipas tapan toda la visibilidad de los carros que vienen por esa última arteria, por lo cual se hace muy peligroso el cruce.

Tal situación, en general, ha sido planteada por los vecinos en las asambleas de rendición de cuenta. Pero les han hecho caso omiso, y allí sigue el derroche de agua, y la escasez de visión para cruzar.

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