Nadie explica nada

«La paciencia acaba cuando la espera se vuelve infinita, cuando nadie sabe dar una respuesta...», sentencia en su carta Eddy López García, desde calle A número 48, en la localidad de Redención, municipio camagüeyano de Minas.

Y no es para menos: ese Consejo Popular tiene unos 2 000 habitantes, y desde los años 80 cuenta con un solo teléfono, un centro agente que la mayoría del tiempo está fuera de servicio. El consultorio médico actualmente está sin facultativo, el hospital municipal está a 14 kilómetros. En caso de una emergencia, con el único teléfono incomunicado... Lo más triste es que en Redención se construyó el local de la planta, se instalaron los postes con el cableado y demás artefactos. Pero la inversión se detuvo, y sin ninguna explicación. Esperaron bastante, y en agosto de 2007 escribieron a ETECSA. Y les respondieron que la obra se concluiría en el primer trimestre de 2008. Continuaron aguardando con cierta esperanza, pero han vuelto a defraudarse: todo sigue detenido. En contraste, ya están concluidas otras inversiones similares, que se iniciaron después de la de Redención en los consejos populares de Altagracia, en Camagüey, y Palo Seco, en Guáimaro. Y nadie explica nada.

Por partida doble: Victoria Fernández Bartolomé es una señora de 67 años, hipertensa e hipoacúsica. Y como también tiene problemas en la visión, al menos los espejuelos le compensarían por la imagen lo que no puede escuchar bien. Pero los espejuelos se le han convertido en una tragedia, dando viajes entre la consulta de la optometrista en el policlínico Cerro y la óptica. Victoria, quien reside en Santa Catalina 405, apartamento 11, en el capitalino municipio de Cerro, relata que «por error al medirme la vista en el policlínico, y por tanto por receta ajena a mis necesidades, he tenido que pagar dos veces infructuosamente por los cristales». Refiere la señora que la primera vez «pagué por unos cristales que se quedaron en la óptica, pues no los puedo usar. Y los últimos que me recetaron, si bien los tomé, tendré que guardarlos en espera de que me sirvan... pues tampoco veo bien con ellos». Victoria no comprende por qué un ciudadano debe pagar dos y hasta tres veces por el trabajo mal hecho de un profesional en la medición de su vista. ¿Estarán midiendo los resultados de ese errático optometrista que mide mal la vista?

No hay reumas con el cariño... Cuando me escribió, Felipe Mena Torres lo hizo desde su lecho de paciente, ingresado en la cama 18 de la sala Julio Antonio Mella del Instituto de Reumatología, ubicado en el municipio capitalino de 10 de Octubre. Y un enfermo escribe desde su cama cuando está muy motivado. Mena quiere reconocer la atención esmerada de esa institución, «por el cariño, amor y respeto con que trabajan los galenos, enfermeros, auxiliares, personal administrativo, y especialmente quienes laboran en el Departamento de Fisioterapia».

Cada vez más lejos: Seguimos constatando que falta aún mucha cultura del detalle para la atención a las personas de la Tercera Edad, en un país que cada vez envejece más. Desde calle 23 número 1213, entre 12 y 14, en el capitalino municipio de Plaza, se lamenta Dania Reyes González, una jubilada de 74 años epiléptica e hipoglicémica. Ella cuenta que cada vez le alejan más el sitio adonde debe ir cada vez que renueva su chequera de pensionada. Primero la recibía en una pequeña oficina en 21 y 12. Después la trasladaron para 10, entre 15 y 13... En fin, aún así, era relativamente cerca, «a pesar de una escalera de espanto». Y ahora debe recoger la misma en 24 y 15. «Con el alma en los pies fui hasta allá. Llegué a las 12:15 p.m., y resulta que solo laboran hasta las 12 del día». Dania se pregunta por qué cada vez alejan más el sitio para recoger las chequeras, y por qué el horario es tan restringido.

Gratitud: Orlando Álvarez, quien otras veces ha hecho aquí juicios severos de feos asuntos, ahora escribe desde calle 8 número 5336, apto. 3, Micro 2, en Nueva Gerona, Isla de la Juventud, para elogiar la formidable labor de los trabajadores eléctricos y telefónicos en la restauración de las líneas de ambos servicios. «Quienes vimos los destrozos causados por los huracanes, no creíamos que en un plazo tan corto se esté avanzando tan eficientemente. Debemos agradecer de todo corazón a las brigadas de Camagüey, Holguín y Matanzas, y a las de la propia Isla de la Juventud».

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