Aguas van y vienen...

Hoy traigo varias respuestas de diferentes instituciones de Acueducto del país a quejas de clientes reveladas aquí, por irregularidades en ese servicio.

La primera respuesta es la del ingeniero Miguel Cosme García, director de Acueducto y Alcantarillado en la provincia de Santiago de Cuba, a propósito de la denuncia de Irma Ruiz, reflejada aquí el pasado 21 de agosto.

Entonces Irma, vecina de Padre Pico 694-A, en la ciudad de Santiago de Cuba, contaba que el 20 de enero de 2004 solicitó una entrada de agua para su casa desde la conductora. Y después de mucho reclamar, se la instalaron el 17 de agosto de 2006: dos años y siete meses después. Pero a los cuatro meses, el agua filtraba por el asfalto. Fue una brigada de Acueducto del Distrito 2, abrió un hueco y supuestamente hizo el arreglo, que con el tiempo se descompuso. Abrió posteriormente otro hueco, y desde entonces quedó así. Los vecinos recurrieron a Acueducto, y siempre les daban una respuesta diferente... Y mientras tanto, la gente lanzaba escombros y basura allí. Al fin fue una brigada y destapó, pero nada hizo, pues los de la visita anterior se habían llevado el entronque de la acometida. Y los afectados desgastándose en gestiones y promesas. Más de cuatro años cargando con un problema sin soluciones visibles...

Al respecto, responde Cosme que es cierto lo planteado por Irma, y remarca que, sin ánimo de justificar, esa entidad, aparte de atender las instalaciones de acometidas solicitadas por la población, se ocupa de la reparación y mantenimiento de salideros menores y de la atención a las conductoras principales de la ciudad. Y que en los últimos meses estuvieron concentrados en los trabajos de rehabilitación en la Carretera Central.

Agrega que, a pesar de que la conductora por la cual Irma recibe el servicio está en malas condiciones, el caso fue solucionado. Y esperan que situaciones como esta no se repitan.

Agradezco la respuesta, la cual, lamentablemente, no explica la cantidad de problemas en cuanto a la calidad y la terminación que aletargaron el caso.

Reparada la válvula rota

La segunda respuesta la envía Georgina Gamboa Peña, especialista de Atención a la Población de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado del Este, con motivo de la queja del capitalino Graciano Calzada, vertida aquí el pasado 1ro. de julio.

Graciano denunciaba que desde el 26 de mayo del presente año había una válvula rota del servicio de agua en Avenida 90, esquina a Calzada de Güines, en el reparto La Cumbre del municipio de San Miguel del Padrón. Y desde entonces, un grupo grande de vecinos no recibía el agua, que se derramaba indolentemente.

En su carta de respuesta, Georgina revela que la válvula fue reparada con el apoyo de los vecinos, encabezados por el delegado de la circunscripción. Saludamos y agradecemos la solución con el apoyo de las masas, y solo extrañamos que no se dé una explicación de por qué antes no pudo hacerse.

En noviembre cierran caso Aramburu y Jovellar

La tercera respuesta la proporciona la ingeniera Ana Remis Castro, jefa del departamento de Atención al Cliente de Aguas de La Habana, a partir de la revelación hecha aquí el pasado 30 de agosto por el conocido locutor Guillermo Rivero de La Rosa:

La esquina de Aramburu y Jovellar, en el barrio habanero de Cayo Hueso, llevaba más de dos meses desbordada de aguas albañales, con el correspondiente hedor y riesgos contaminantes. Todo ello sucedía justamente a 20 metros de la puerta del policlínico Joaquín Albarrán, y las aguas ya amenazaban la cisterna del edificio donde él vive.

A propósito, asegura Remis que tal situación ya era de conocimiento de la empresa, la cual había indicado la ejecución de varios trabajos: desobstrucción del registro interior del policlínico Albarrán y de la línea central del registro de 24 pulgadas situado al frente del edificio de Aramburu 18; y también la desobstrucción y limpieza del tragante del drenaje pluvial correspondiente.

No obstante, abunda, se orientó realizar en el mes de noviembre un estudio para descartar motivos de las afectaciones frecuentes que allí se producen. Y asegura que tales trabajos serán chequeados hasta su total conclusión.

En estado terminal La terminal...

El calamitoso estado de la terminal ferroviaria de Cueto, es denunciado en la carta de Fernando Díaz Peña, residente del poblado El Realengo, en ese municipio holguinero.

Relata Fernando que el pasado mes viajó a La Habana, y como vive muy lejos de la estación ferroviaria de Cueto, tuvo que presentarse allí con muchas horas de antelación y la larga espera la hizo en condiciones desastrosas.

No hay ni un solo mueble donde sentarse a esperar la guagua que lo lleva a uno a Alto Cedro, lugar en que se aborda el tren. Hay que acomodarse en los escalones o mantenerse de pie. Los asientos están amontonados en un pasillo, dicen que rotos.

Y como si fuera poco, los baños están clausurados. Y existe muy escasa información a los viajeros, recalca, porque casi nunca están las empleadas, solo cuando venden los pasajes. Son los custodios los que al menos dicen algo a los pasajeros que aguardan, quienes tampoco disponen del televisor para su entretenimiento y nadie da cuenta de él.

En fin, que la terminal de ferrocarriles de Cueto está en fase terminal. Si no aparece a tiempo una terapia de choque, podría desaparecer a los ojos de los pasajeros.

Animales en peligro

Dayamí Torres es una mujer sensible, y no puede callarse lo que conoce. La lectora, que reside en el Edificio G, apartamento 5, Canal, Nicaro, provincia de Holguín, cuenta que recientemente llevó a sus dos hijos al parque infantil 4 de Abril, de Mayarí.

Y allí conoció que hace dos meses no se les da comida a los animales del mismo: una monita, dos cocodrilos, una jutía y algunos ponis. «¿Dónde están los derechos de esas criaturas que un día llegaron para alegrar la vida de los niños?», cuestiona Dayamí.

Preguntando, la mujer llegó hasta donde se encontraba el administrador del parque, y le inquirió sobre tan penosa situación. El administrador le comunicó que el sitio donde deben buscar los alimentos está a unos siete kilómetros y no tienen transporte para esa gestión.

Pero Dayamí, como cualquier persona amante de los animales, no puede entender que se les deje morir de hambre, estando tan cerca la presa de Nipe, donde hay peces.

Es imperdonable, razona Dayamí entre la tristeza y la ira. ¿No hay un carretón con caballos siquiera para salvar a esas criaturas de la inanición? ¿Qué sentirán y pensarán los niños de Mayarí?

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