Iluminados por La Luz - Acuse de recibo

Iluminados por La Luz

Cuba envejece vertiginosamente, y nuestros ancianos solo nos piden cariño y comprensión, después de haber dado tanto sin escatimar ni pensarlo dos veces. Por eso, cuando se sienten tratados con amor y respeto, abandonan sus resquemores y tristezas y reaccionan como lo ha hecho el círculo de abuelos Las Mariposas, adscrito al proyecto comunitario del Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas (INFOMED), en calle 27 número 110, entre M y N, en el Vedado capitalino.

Los veteranos de ese círculo me han escrito porque, por segunda vez, se sienten iluminados por la cordialidad, la excelencia y agilidad con que han sido tratados en el restaurante La Luz, en el Centro Histórico de nuestra Habana Vieja.

«Cuando un colectivo de trabajo se une para que todo le salga bien, obtiene esos resultados, y hace que el sentido de pertenencia de los trabajadores crezca», señalan los abuelos, y argumentan: «A ese lugar acuden muchos círculos de abuelos de nuestra capital, y encuentran el buen trato y la amabilidad de que estamos ávidos todos los cubanos, sobre todo cuando de la esfera de los servicios se trata. Ese restaurante y sus trabajadores demuestran que no hace falta que el servicio sea en CUC para darlo con calidad».

Este redactor agrega solo una apostilla: ese prodigio del esmero, cuando se instala, no distingue monedas ni personas. Se lleva o no se lleva; aunque, lógicamente, hay que crear las condiciones para que se produzca el milagro. Hay que estudiar las claves de esas gestiones exitosas, en medio de tantas adversas experiencias a la carta.

Pero también la carta de los ancianos viene acompañada de una misiva de la ingeniera María Julia García Caso, la persona que por INFOMED está al frente del proyecto comunitario y atiende el círculo de abuelos (quizá no haya obra de ingeniería humana más descomunal que esa).

María Julia me insufla ánimo para continuar en la compleja misión de esta columna, «porque hacen falta dosis de valentía para luchar contra todo lo que nos hace daño». Ella tiene un concepto muy particular del coraje para deshacer entuertos: considera que depende mucho del ejemplo de quien predica. Y vuelve a la carga: «Esa valentía diaria es la que necesitamos. Revisarnos, influir, hablar en los lugares en que hay que hacerlo. Algunos compañeros me dicen: cuídate con el infarto. Y yo les digo: quedarme callada y no decir lo que pienso, me traería un derrame cerebral y quedarme “boba”».

Al final, uno se percata de que entre la carta de los abuelos y la de María Julia hay una relación muy estrecha. Y no puedo obviar que esta señora incansable, y sus abuelos, me han dado fuerzas hoy para seguir adelante. Gracias.

La fetidez del irrespeto

El sentimiento materno y la intransigencia con esas «puñaladas» que se le dan a la dignidad del consumidor cubano, movieron a la doctora Leidys González Pons a suscribir una denuncia, desde el apartamento 38 del edificio A-52 (12 Plantas) de la Zona 1, en el reparto capitalino de Alamar, en La Habana del Este.

Relata la doctora que su hija Kenia está embarazada y, como tal, recibe su dieta de carne de res mensual. Si alguien no lo sabe, esa dieta es subsidiada por el Presupuesto Estatal para que a la gestante le cobren apenas unos centavos por ella. Lo recuerdo, porque es muy triste tanto esfuerzo para que suceda lo que ellas sufrieron el 29 de diciembre de 2008.

Resulta que en la bodega donde compran, la 82, Oficina CH-30 de la Zona 1 de Alamar, cuando fueron a adquirir la carne, estaba en pésimas condiciones: de color verde y con mucha fetidez. Al reclamarle al carnicero, este señaló que así vino. Y toda estaba en esas condiciones. Le sugirió que viera a la comercial.

Leidys se dirigió a la comercial, quien le dijo lo mismo que el carnicero. Pero añadió otro elemento: ellos reciben el producto, y no tienen la facultad para devolver nada. Tienen que distribuir lo que está en almacén. Posteriormente habló con el administrador, y este le ratificó lo dicho por los otros.

La doctora pregunta con razón: «¿Por qué hay que aceptar un producto en mal estado que pudo haber llegado en buenas condiciones a la población?».

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