Confirman afectación en calzado ortopédico

Nuevamente el Doctor José Ramón Balaguer, ministro de Salud Pública, aprovecha el espacio interactivo de esta columna para responder la queja de un ciudadano; en este caso la de Eduardo Arias Polo, vecino del Edificio 6-A, reparto Bahía, municipio capitalino de La Habana del Este.

La denuncia de Eduardo, que concita el esclarecimiento ministerial, fue reflejada aquí el pasado 12 de febrero: producto de un accidente, Eduardo quedó discapacitado, al punto de que tiene una diferencia de cuatro centímetros de una pierna respecto a la otra. Y desde 1995 adquiere su calzado ortopédico en el taller de Curazao, entre Luz y Acosta, en La Habana Vieja.

El paciente sostenía que hace años no puede adquirir el par de zapatos que le corresponde anualmente. En 2007 fue allí y le tomaron las medidas. Le dijeron que debía transitar por una «lista de espera» y que le avisarían.

En 2008 volvió, y le reiteraron que siguiera esperando. El pasado 2 de febrero mostró allí sus viejos zapatos destrozados y con sucesivos remiendos, y no aparecía en la lista de 2007. Luego de continuos esclarecimientos por parte de él, apareció en una lista fechada el 3 de marzo de 2008. Y cuando preguntó, le dijeron que siguiera esperando.

Este redactor se pronunciaba entonces: «Lo de los zapatos ortopédicos, tantas veces reflejado en esta sección, no parece tener un “soporte” definitivo. ¿Cuándo el país va a “calzar” para siempre una situación tan delicada?».

Al respecto, considera el Doctor Balaguer que al paciente «no se le dio una explicación detallada de las dificultades que se están confrontando con los materiales para la producción de calzado ortopédico en el país —que se reciben a través de la Industria Ligera—, lo que motivó su irritación e incomprensión».

Señala el Ministro que la ocasión a la cual refiere el paciente haber estado allí en 2007, realmente fue en marzo de 2008, como está registrado en documentos; y reconoce que el de Eduardo es «un caso de los tantos que tenemos pendientes de solución».

Acto seguido se adentra en las complejidades de la situación en sentido general, cuando refiere que en 2003 se decidió transferir al Ministerio de Salud Pública la producción de 50 000 pares de calzado especializado para entregar dos pares por paciente al año. Y reconoce que esa cifra «no se ha podido cumplir por la no entrega de pieles y cueros pactados con la Industria Ligera».

En 2008, precisa, la entrega de piel «plena flor lisa» se cumplió en un 26 por ciento, y la de forro en un 47,2 por ciento, lo que afectó la producción en esa misma proporción.

La situación se agudiza, agrega, con el paso de los huracanes, que impidió la entrega de la «suela culata» por parte de la tenería de Camagüey. Y según se plantea, no se prevén abastecimientos hasta abril-mayo de 2009. «Esto impide cumplir los planes, a pesar de que hay en existencia piel importada para producir hasta 8 000 pares».

Finalmente apunta el Doctor Balaguer que enero y febrero de este año tienen cumplimientos muy bajos de producción, con el 24 y el 31,7 por ciento, respectivamente. «Y las perspectivas no son mejores —manifiesta—, lo que hace imposible poder satisfacer las necesidades de este importante y sensible renglón».

Agradezco el esclarecimiento del Ministro sobre este asunto. En respuestas institucionales, aun cuando no satisfagan totalmente la inquietud de la persona, lo honorable es la sinceridad y la transparencia.

Al margen de la explicación acerca de las gravitaciones inevitables de los huracanes, evidentemente se trasluce que, antes de Ike y Gustav, el suministro de pieles por parte del Ministerio de la Industria Ligera tenía una especial derivación en el asunto.

¿Podría el Ministerio de la Industria Ligera explicar por qué la entrega de pieles se incumplió? ¿Depende de su propia gestión o de otras prioridades del país? Ese sería un saludable esclarecimiento para tantas personas que, al margen de sus posibilidades monetarias, dependen del calzado ortopédico para conducirse por la vida.

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