Pesos y contrapesos - Acuse de recibo

Pesos y contrapesos

Algunas de las balanzas nuestras de cada día tienen extraviado el fiel. Y si los ciudadanos no andan rápido, a cualquiera le pasan gorrión por paloma. Por suerte el capitalino Julio Richard Martínez no es de los que se quedan con una duda. Hurga, pregunta y protesta hasta llegar al fondo de las cosas. La queja suya que publicamos aquí el 2 de abril último tenía que ver con esa loable perseverancia.

Resulta que en el agromercado de Tulipán y Panorama, también en la capital, Julio Richard fue víctima dos veces de malos pesajes. Un día de febrero compró allí frutabomba y le dijeron: «Dos libras y media» (10 pesos); cuando se dirigió a comprobar en la pesa habilitada para ello, antes de que pusiera el producto en el plato, ya le estaban repitiendo la misma cifra.

Ah, pero Julio siguió desconfiado y se dirigió al Agro del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), también en Tulipán. Y allí comprobó que la multiplicación real peso-precio daba 75 centavos menos. No volvió para reclamar, pues se trataba de algo que pudiera verse como ridículo.

Una semana después, también al comprar frutabomba en Tulipán y Panorama, a este capitalino volvieron a alarmarlo los números. Primera pesa: Libra y media (seis pesos); pesa de la comprobación: 1.08 libra (pero el vendedor le repitió: «Libra y media»); pesa del mercado del EJT: una libra y una onza, en dinero: 4,30 pesos.

Esta vez sí retornó a reclamar su diferencia. Entonces chocó con varias irregularidades: el administrador del Agro no estaba; cuando le pidió al responsable de la comprobación que le indicara al dependiente la devolución, este le contesta que él no estaba para eso; en la tarima, el vendedor continúa porfiando que el peso estaba bien...

Hasta que por cansancio le devuelven su dinero al capitalino indignado.

A propósito nos escribe Raúl Marín Ogaza, director de la Empresa Municipal de Comercio y Gastronomía del municipio de Plaza de la Revolución. Al conocerse los hechos —explica Raúl— se efectuó una reunión en la que participaron «los factores del Mercado de Tulipán y Panorama, el Presidente del Consejo y el compañero afectado. Este último reconoció no haberse dirigido a la administración del lugar a formular dicha queja; por lo que no teníamos conocimiento de lo sucedido».

En el encuentro Julio Richard contó cómo en reiteradas ocasiones había sido dañado por el pesaje, pero la única vez que lo denunció fue el 1ro. de marzo. Al quejarse con el vendedor, refiere el funcionario de Comercio y Gastronomía, «este le plantea que el compañero de la pesa de comprobación no se encontraba, porque estaba accidentado. Y el usuario no fue a ver al administrador, ni a otro responsable para que le diera respuesta».

Puntualiza Raúl Marín que «visible en el lugar se encuentra el manual de Protección al Consumidor, con las fotos y nombres de los cuadros responsables y los teléfonos de la empresa, la provincia y el ministerio».

No obstante, enfatiza, al verificarse los hechos, se tomó la siguiente medida: Separar del puesto de trabajo al dependiente y al encargado de la pesa de comprobación.

Agradecemos la respuesta de la Empresa de Comercio y Gastronomía.

Sin embargo, nos gustaría insistir en que mientras no cambien las metodologías de trabajo, las dinámicas organizativas y de control, se podrán tomar las más enérgicas medidas y los problemas volverán a salir, como la mala hierba. De lo que se trata, en fin, es de encontrar los adecuados pesos y contrapesos del buen servicio. Una asignatura, por desgracia, pendiente.

Otra vez los cerdos

Ya se ha tratado otras veces en la sección el problema que nos remite Rayza Castillo Díaz (Rodríguez Moroni 8304, entre 9 y 11, reparto Embil, Boyeros, Ciudad de La Habana). Resulta que unos vecinos de su edifico, sin consentimiento del resto, fabricaron una cochiquera en la parte posterior del inmueble colectivo.

A partir de ese momento Rayza y otros residentes se han quejado de la fetidez y las posibles infecciones que podrían provocar los animales; pero nada ha ocurrido.

Y no se trata de desconocer las necesidades de las personas, más en la crisis que atravesamos, sino de conjugarlas con racionalidad, legalidad e higiene. El bienestar común debe priorizarse.

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