Con el fiel de la justicia

Cada vez que esta sección hace un corte de un período determinado, con pelos y señales del nivel de respuestas a las quejas y denuncias, ciertas entidades se mandan a correr, como si el objetivo de esta columna interactiva a favor del mejoramiento fuera un disparo a la imagen de esas instituciones. ¡Qué obsesión con la imagen y no con las esencias!

 Lo importante es enderezar cuanta torcedura exista. Y en ese propósito, este redactor podría ponderar como un discreto logro sostenido, el hecho de que recibiera respuestas el 87,6 por ciento de las demandas publicadas aquí entre el 1ro. de noviembre de 2008 y el 15 de abril de 2009.

Comparado con el por ciento de contestaciones del período anterior (del 1ro. de mayo al 15 de octubre de 2008), que fue del 87,7, se muestra un nivel similar.

Sin embargo, las cifras nunca explican los resortes. Hemos ganado la primera batalla, tan difícil en años iniciales; y no la vamos a abandonar hasta superar los guarismos.

Pero la profundidad y calidad de las misivas de entidades y organismos, la honestidad con que los funcionarios asuman los reclamos ciudadanos vertidos aquí, son nuestro colimador, por encima de que súbitamente, en algún sitio, se solucione algo pendiente por años.

Según los análisis de contenido de nuestro eficiente equipo de Atención a Lectores, liderado por la psicóloga Sara Cotarelo, las tendencias recurrentes en las respuestas evidencian cierto abroquelamiento.

En las versiones institucionales, a más de quienes consecuentemente asumen el principio democrático-socialista de esta columna y el componente autocrítico, sin temores ni suspicacias, se observan ciertas tendencias que, de alguna manera, apuntan a la justificación y el celo excesivo.

Lamentablemente, en no pocos casos, no se explicitan las medidas tomadas con los responsables del asunto. Incluso, se llega a justificar lo que sucede generalizando con el nivel de hechos similares registrados en el país.

Es socorrido que se resuelvan asuntos postergados, luego de aparecidos en la columna, sin explicar el porqué antes no recibieron ese tratamiento. Incluso, quienes responden, y deberían conocer lo que sucede allá abajo, «se desayunan» con lo revelado. A veces se contesta sin reflexión estratégica, y no se aprovecha este espacio para exponer la filosofía y las tácticas de la institución.

Es curioso que, cuando el país necesita del debate y la transparencia, haya funcionarios reaccionando de manera crispada a las inquietudes populares, por mayor o menor razón que tengan. Parece que cuidan demasiado las apariencias, cuando lo trascendente es preservar todo lo bueno y justo que hemos alcanzado. En sus delirios justificativos, algunos han intentado herir, incluso, la base ética de esta columna, y han visto fantasmas donde solo prima la luz.

Aunque no es perfecta, Acuse de Recibo siempre estará al lado de la verdad y la justicia.

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