En familia está el peligro

Raquel López Santomill es una señora de 80 años que vive con su hija y yerno en una centenaria casa en altos, del centro histórico de Guanabacoa, en la capital, sita en Adolfo del Castillo 7ma., entre Pepe Antonio y Nazareno. La vivienda tiene paredes de mampuesto y techo de vigas de madera y losas. Y en la planta baja, radica el motivo de su desasosiego: un bar cafetería del grupo extrahotelero Palmares, con el sugerente nombre «En Familia».

En agosto de 2008, como consecuencia de las intensas lluvias que trajeron los huracanes Gustav y Ike, la vivienda de Raquel sufrió un derrumbe en su cubierta. Y el Gobierno les facilitó la posibilidad de sustituir parte de la misma.

La Unidad Municipal Inversionista de la Vivienda (UMIV) emitió un dictamen técnico, el cual establecía que esa familia no podía hacer ninguna labor constructiva en su hogar, por el peligro del derrumbe total del inmueble, hasta tanto el establecimiento «En Familia» no realizara la labor de reforzamiento del entrepiso.

Todo era porque con el desplome, el piso de Raquel, que a su vez es el techo del bar cafetería, se hundió parcialmente. Tal es la situación, que actualmente hay un orificio en el lugar más crítico, por donde la familia tiene que transitar a diario.

También existe, encima de la casa de Raquel, un tanque de agua agrietado, que abastece a todo el inmueble, incluido el «En Familia». El depósito se encuentra en peligro de derrumbe y vierte sus aguas al techo de Raquel.

Lo triste del caso es que, según la señora, los directivos de «En Familia» no se han portado muy en familia, pues no han realizado el reforzamiento indicado, a pesar de que se ha hablado incontables veces con ellos.

«Nos han hecho esperar por un proyecto de reconstrucción —denuncia Raquel— que al cabo de casi diez meses de espera nos dicen que no lo aprueban. Nos han engañado con promesas de que van a hacer el trabajo, pero al final nada. Nos hicieron comprar un tanque de 170 CUC, prometiendo que ellos comprarían otro para solucionar el problema del agua, y hasta ahora no han hecho absolutamente nada.

«Nos han dicho que el problema es de nosotros, que ellos pueden buscar otro sitio donde instalarse y nosotros quedamos con el problema; pero al final ni se van para otro lugar ni reparan el entrepiso. Y mientras tanto continúan vendiendo, y nosotros no podemos poner las tejas de fibrocemento que nuestro Gobierno nos otorgó».

Precisa Raquel que el 3 de mayo pasado tramitaron su queja en el departamento de Atención a la Población del Gobierno municipal, pero no han tenido ninguna respuesta al respecto.

El yerno de Raquel se entrevistó con la vicedirectora de Higiene y Epidemiología, y le explicó que, producto del derrumbe, había filtraciones en el área de la cocina y el almacén de «En Familia». La funcionaria envió un especialista, el cual hizo un dictamen que indicaba el cierre del establecimiento. Pero, hablando en familia, la unidad sigue vendiendo.

La familia afectada no cejó. Hizo una carta a la casa matriz de Palmares y la entregaron allí hace mes y medio. Aún no tienen respuesta. Les dicen que están analizando la situación.

A Raquel no le cabe en la cabeza que tantos funcionarios y responsables conozcan el peligro que corren la familia afectada, los trabajadores y clientes del bar cafetería, y no se haya hecho nada, mientras que la unidad sigue funcionando. «¿Cómo es posible —pregunta— que se burlen de un dictamen técnico que plantea el reforzamiento del entrepiso, y de otro de Higiene y Epidemiología que ordenó el cierre de la unidad hasta que se realicen las reparaciones?».

Aquí, hablando en familia con nuestros lectores, uno se asombra de hasta dónde llegan la imprevisión y la indolencia, ante una denuncia que ya ha resonado bastante por distintas instancias. Por Raquel y los suyos no ha quedado. ¿A qué se espera? ¿A una tragedia que, en el mejor de los casos, si no hubiera que lamentar vidas, ya decrete la muerte del inmueble y engrose el de por sí agónico déficit habitacional de la capital?

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