Huecos asesinos…

Marisela Lamas (Edificio 16 A, apto. 23, Reparto Guiteras, Ciudad de La Habana) cuenta que el 10 de septiembre su esposo salió del Registro Civil en el reparto Alamar. Intentó tomar el ómnibus P-11 en la parada, pero a pocos metros cayó en un hoyo profundo cubierto de hierba en el parterre, entre el contén y la acera. Sufrió muchos golpes y dos fracturas en la pierna derecha. Y pudo haber salido peor. En todo momento, el accidentado sintió manos solidarias: personas que estaban en la parada lo extrajeron del hueco y lo llevaron al policlínico 13 de Marzo, donde le dieron los primeros auxilios con gran efectividad. El personal de la ambulancia del SIUM, que lo trasladó con extremo celo al Hospital Ortopédico Fructuoso Rodríguez, donde fue ingresado, con una atención excelente y ética profesional. Cuánto gasto para el Estado, reflexiona Marisela, y qué de complicaciones para la familia, por la negligencia de quien dejó el hoyo abierto. Nunca aparecen estos culpables de tantas tragedias, y nunca pagan por los daños que hacen en una ciudad donde abundan los huecos abandonados. Ejemplos sobran para Marisela: hace años hay uno en la esquina del mercado agropecuario del Guiteras. Estuvo lleno de basura y latas, y ahora de agua y hierba. Hace más de un año, frente a la pescadería del Guiteras, Acueducto del Este trabajó, y dejó hoyos sin tapar como Dios manda, y una zanja que llega casi hasta la mitad de la calle, cubierta ya de hierba. Ahí está, como un monumento a la chapucería y la mediocridad.

Descrédito de un crédito: Celso Ramón Torres (Calle 5ta. número 8, Ciudad Pesquera, Pilón, Granma) es un jubilado que paga mensualmente dos créditos bancarios: por el refrigerador cambiado, 40,60 pesos; y por un televisor, 52,00. Sus pagos los hace en el BANDEC 7761 de Pilón, y siempre son una tragedia: «La mayoría de los cajeros no saben cómo hacerlo; me pelotean de caja en caja para poder pagarlo, luego de intervenir otros funcionarios del Banco. Además, no sé por qué en la computadora aparecen otras cifras de pago del refrigerador». Asegura que tales contratiempos los conocen el director y demás funcionarios del Banco, y siempre dicen que se van a resolver, pero en año y medio no lo han logrado. Ya los clientes del Banco me conocen por “El hombre de los problemas del crédito”, por las discusiones de todos los meses, a veces bastante acaloradas, a punto de darme un infarto», afirma Celso Ramón.

Sin derecho a ahorrar: A Pedro Álvarez (San Nicolás 454, apto. 5, entre San José y Zanja, Centro Habana) le niegan el derecho a ahorrar electricidad. En agosto de 2007, el reloj contador de su casa se descompuso por un cortocircuito como consecuencia del mal estado de las líneas de su edificio. Desde entonces, Pedro lo ha reportado a la oficina de cobro de la electricidad de Reina 161; a la Unidad Empresarial de Base Centro Habana-La Habana Vieja, sita en Valle 11, en Centro Habana; al Departamento de Atención a la Población de la Empresa Eléctrica de Ciudad de La Habana y al Departamento de Atención a la Población del Ministerio de la Industria Básica. El día de la rotura, el carro de la Empresa Eléctrica que acudió le solicitó el recibo de pago para tomar los datos y hacer el reporte correspondiente. Desde agosto de 2007, el cliente no tiene respuesta. Y ha estado pagando, por el concepto de consumo estimado, 29,20 pesos mensuales, cifra promedio histórica. «¿Hasta cuándo?, pregunta Pedro. Pareciera que no tengo derecho al ahorro».

Y aprovechamos para reiterarles algunas ideas a nuestros lectores. La primera es que las cartas deben explicar claramente el asunto en cuestión, así como los trámites que se han hecho al respecto. En el caso de las manuscritas resulta imprescindible que la letra sea legible.

Todos los mensajes —aun los enviados por colectivos— deben tener a alguien que se responsabilice por lo dicho. Esta persona ha de consignar su nombre, apellidos y dirección particular exactos. En Acuse, una premisa insoslayable es la transparencia.

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