Debió resolverse antes

«Sin derecho a ahorrar»: Así califiqué aquí el pasado 30 de septiembre la absurda situación denunciada por Pedro Álvarez, vecino de San Nicolás 454, apto. 5, entre San José y Zanja, en el municipio capitalino de Centro Habana.

Relataba el lector que en agosto de 2007 se descompuso el reloj contador del consumo eléctrico en su vivienda, por un cortocircuito a consecuencia del mal estado de las líneas del edificio.

Desde entonces, Pedro lo estuvo reportando a la Oficina Comercial de la Organización Básica Eléctrica, sita en Reina 161; a la Unidad Empresarial de Base Centro Habana- La Habana Vieja, sita en Valle 11, en Centro Habana; al Departamento de Atención a la Población de la Empresa Eléctrica de Ciudad de La Habana, y al Departamento de Atención a la Población del Ministerio de la Industria Básica.

El día de la rotura, tripulantes del carro de la Empresa Eléctrica que acudió le solicitaron el recibo de pago para tomar los datos y hacer el reporte correspondiente. Pero Pedro no tuvo respuesta. Y ha estado pagando por un estimado de 29,20 pesos mensuales, cifra promedio histórica.

«Pareciera que no tengo derecho al ahorro», sentenciaba el cliente que, consumiera lo que consumiera, pagaba una cifra fija porque no le reponían el reloj contador quienes debían preocuparse por ello.

Al respecto, responde la ingeniera Militza Word, directora de Calidad del Centro de Gestión al Cliente de la Empresa Eléctrica de Ciudad de La Habana.

Y aclara que se investigó el caso, se revisó en el Registro de Control de casos atendidos en la Oficina Comercial, y allí no apareció reflejada la queja con los datos del consumidor. Tampoco Pedro pudo identificar a quienes lo atendieron de un inicio.

Cuando se conoció de la situación en las oficinas de Atención a la Población de la Empresa Eléctrica provincial, se orientó de inmediato la atención de la misma. Y se confrontó dificultad en la búsqueda de la dirección que señala Pedro, pues no se encontraba registrada en el programa o base de datos con que trabajan en las oficinas comerciales.

Se visitó a Pedro para conocer, por medio de su recibo, los datos para encontrar el reloj contador. Y se comprobó que el mismo posee la vivienda en la azotea del inmueble, y se encuentra contratado en San José 401, Ruta 13, Folio 0501, precisa.

El reloj contador ya fue sustituido y ya está normalizada la medición del verdadero consumo eléctrico de Pedro. No obstante, reconoce la funcionaria que «no se fue sistemático, y nuestra acción resultó morosa, tanto en la atención como en la solución del caso».

Como resultado de los análisis, precisa Militza, fue separada de sus responsabilidades la administradora de la oficina comercial correspondiente.

Agradezco la respuesta y la solución del caso. Lamentablemente, el feliz y precipitado desenlace al final de lo que se aletargó durante más de dos años confirma que se podía haber resuelto mucho antes la preocupación de Pedro, una demanda a favor de la racionalidad y el ahorro energéticos que debía haberle preocupado a la entidad.

Ojalá que la sustitución de la administradora de la oficina comercial constituya un verdadero punto de inflexión para que casos como el narrado no se repitan, y todo no se ciña a un mero reciclaje de personas, a instancias de una denuncia.

Los golpes deben servir para no darse de nuevo con la misma piedra.

A propósito, sueño con una carta de un ciudadano que me cuente: tuve tal problema, reclamé y tramité e inmediatamente me atendieron y resolvieron. ¿Será mucho pedir?

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