Así sufrimos

Son las 3:45 p.m. del 6 de enero de 2009. René R. Fernández de Lara (Calle M número 104, entre Línea y 13, Plaza de la Revolución, Ciudad de La Habana) llega al Banco sito en los bajos del Focsa, para cobrar su chequera de jubilado, como lo hace siempre allí. Hay unas 20 personas en la cola.

Por boca de los presentes, se sorprende con que el empleado que da acceso al local dijo que ese día solo recibirán público hasta las 5:00 p.m. (En la puerta, un letrero oficial indica que esa unidad trabaja los miércoles hasta las 6:00 p.m.).

A las 4:45 p.m., el empleado sitúa en la puerta de cristal un cartel que informa que hoy trabajan hasta las 5:00 p.m., y se disculpa con los clientes por la molestia ocasionada (No explica el porqué).

A las 4 y 59 p.m. el empleado abre la puerta y dice que lo siente, pero ya cierra. Reclamos, ruegos, argumentos de todo tipo llueven; pero la decisión es inapelable. Entonces explica: Hay una sola cajera, de las seis que deben estar. Por tal motivo no se puede atender a más nadie.

Afuera quedan desilusionados, apaleados por una circunstancia ajena de la cual no son culpables, los jubilados que urgen de su pensión. Una anciana se lamenta de que iba a coger parte de su cobro para comprar unos «chavitos» en CADECA y comprarle un regalo a su nieta. Otros viejos siguen mascullando su disgusto…

En la propia puerta, Ramón lee que el Banco Metropolitano de 23 y 8, en el propio Vedado, también brinda servicio los miércoles hasta las 6:00 p.m. Y ya a las 5:20 p.m. está allí… pero no. No es su día: tres personas protestan delante de la puerta infranqueable. También cerró a las 5:00 p.m. («Y allí sí había varias cajeras», asegura el sufriente).

Ramón no se rinde. Desde afuera del cristal trata de preguntarle al custodio. Este, según el testimoniante, golpea groseramente el cristal desde adentro, indicándole un aviso: hoy solo trabajan hasta las 5:00 p.m.

En su carta, René pregunta: «¿Dónde está la imagen corporativa de una entidad que ha gastado en instalaciones muy bien reparadas, uniformes, equipamiento informático…? ¿Hasta cuándo seguiremos siendo víctimas del maltrato y el desánimo de trabajadores que tienen como tarea principal atender al público? ¿Cómo es posible que en un mismo municipio cierren antes de la hora establecida dos establecimientos que brindan servicio un poco más allá de la jornada laboral común?».

Así sanamos

Raudel Palmero (Calle Pasaje 22, Ciego de Ávila) dejó olvidada su billetera delante de la dependienta Charo, de la tienda La Central de Trasval, en esa ciudad. Aparte de sus documentos, contenía una suma considerable en pesos y en convertibles. Charo puso un anuncio en Radio Surco, la emisora provincial. Y lo reiteró en tres ocasiones. «Me entregó todo, sin nada a cambio. Encontré una nueva amiga. Quiero reconocer su honestidad y su corazón», señala.

El 15 de noviembre pasado, Ana M. Santana (Calle 4 No. 605, entre 25 y 27, Vedado, Ciudad de La Habana) dejó olvidado su monedero en una tarima del Mercado de 19 y B, Vedado. Allí estaba por azar Misraín López, trabajador del restaurante El Bosque. Lo recogió y se comunicó con ella. Al siguiente día, Ana fue al restaurante pensando que le gastaban una broma cruel. Y allí estaba Misraín con el monedero. Le solicitó que lo revisara: nada le faltaba.

«Solo quiso que yo le agradeciera con un beso de madre a hijo, recuerda Ana. No todo está perdido. Contamos con patriotas honestos y sensibles. Entre tantas críticas, este hecho le da a uno voluntad para luchar».

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