Tatuajes precoces

«Ya se están cruzando las fronteras», sentencia Alexander Hernández. Él quedó perplejo con lo que vio el pasado 23 de mayo en un ómnibus P-6, que viajaba hacia el Vedado, en la capital. El lector, quien reside en San Agustín 28, entre Estela y Sofía, en el barrio habanero de Párraga, constató que otros pasajeros compartían su asombro: dos niños, de entre siete y diez años, y acompañados de quien debe ser su madre, mostraban tatuajes en hombro y pecho (no eran calcomanías). Alexander sostiene que no puede forzarse en la inocencia de un pequeño «una voluntad irreversible». O sea, ningún adulto, aun siendo el progenitor, tiene el derecho a marcar de antemano, y para siempre, la piel de un niño. El padre puede hacer con su cuerpo lo que entienda, pero un infante no es un laboratorio de modas y estilos. Tal práctica, aún incipiente, se inscribe en una «adultización» de los menores que se observa en ciertos sectores de la sociedad, con la irresponsabilidad de los mayores: reguetones mórbidos en fiestas infantiles, varoncitos con aretes precoces y dientes de oro; niños de 11 y 12 años con tatuajes en el pecho… Alexander convoca a la familia, a la escuela, a la sociedad toda a rechazar esas extravagantes manifestaciones a destiempo, que cercenan la edad dorada del ser humano.

Contaminadas el agua… y la solución: Dice María del Carmen Martínez (San Cristóbal 229, entre Carretera Central y Ciclón, Santa Clara), que en diciembre de 2009 en su barrio comenzaron a notar, mediante el olfato, que el agua estaba contaminada. Y se comprobó con las muestras recogidas. Se dirigieron al consultorio médico, este comunicó al policlínico José Ramón Acosta, y así a Higiene y Epidemiología. Pero nada. Se celebró una audiencia de salud, y solo fue para alertar que el agua no servía para beber; y si se lavaba con ella, había que darle mucho sol a la ropa. Lo peor es que Acueducto no se ha presentado allí para dar una explicación. El delegado de la circunscripción sí ha hecho todos los esfuerzos. Lo más que han logrado es que les envíen una pipa de agua cada 15 o 21 días. Asegura la lectora que el director de Acueducto —no se especifica a qué nivel— manifestó que en diez días se solucionaría el problema, pues había que poner 15 metros de tubos en una zona donde se piensa radica el asunto. «Dos meses después —afirma— no nos han cobrado el agua por esta situación; pero ahora tenemos una nueva versión: Hay que pagarla, porque la función de Acueducto es dar servicio y que esta salga potable. Si en el transcurso de la travesía se contamina, ese problema no es de él (la empresa)». María del Carmen preguntó de quién es el problema, y el cobrador del agua respondió: Será de Viales o de Hidroeconomía. «Lo cierto es que ya no tenemos a quién quejarnos que sea capaz de sensibilizarse con nuestra situación. Es triste ver cómo hay agua y que no sirva, con la sequía existente».

No es ETECSA, sino la Forestal: El pasado 6 de mayo reflejé la denuncia de Rafael González (Rosario 610, altos, entre Quiñones y Esteban Varona, Camagüey): una carpintería de ETECSA hace algún tiempo se instaló al pie de su hogar. Primero era interior, y luego trasladaron labores y máquinas al aire libre. Es a diario la contaminación sonora insoportable, al punto de que el hogar del lector parece estar dentro de la carpintería. Y a ello se suma la contaminación del aserrín, el polvo y el diluyente de pintura. Como si fuera poco, los equipos y cables inadecuados están a la intemperie, el voltaje está sobrecargado y afecta también a esa familia. Terrible. Pues responde al respecto la ingeniera Hilda Arias, vicepresidenta de ETECSA: La carpintería perteneció, hace más de 15 años, a la entonces Empresa Integral Telefónica, pero actualmente es una dependencia de la Empresa Provincial Forestal. Funcionarios de ETECSA se comunicaron con directivos de la entidad responsable y los impusieron de los hechos. Agradecemos a ETECSA la aclaración y el gesto de tramitar el problema, en nombre de esta columna. Ahora falta que la Forestal salga del silencio, dé el rostro ante la denuncia y busque soluciones al daño que está ocasionando a una familia cubana.

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