Paga, luego espera

Cuando alguien cumple con sus obligaciones ciudadanas, tiene mucha más moral para reclamar por los incumplimientos de las instituciones. Ese es el caso de Maura Grave de Peralta, residente en Carretera del Caney No. 117-A, El Caney, en la ciudad de Santiago de Cuba, quien paga algo que no disfruta, y no halla esperanza de que cumplan con ella.

Cuenta Maura que el 21 de junio de 2009 los trabajadores sociales la visitaron para la sustitución de su aire acondicionado, como parte del Programa de la Revolución Energética. Y le orientaron que tenía 30 días para hacer el pago del nuevo equipo que debía recibir. Disciplinada, Maura, el 9 de julio de 2009, entregó el cheque en la bodega correspondiente y comenzó a pagar desde ese mismo mes, esperando el susodicho cambio de equipo.

Luego de varios meses sin que la sustitución se realizara, y tampoco sin información alguna, Maura se entrevistó con el jefe de los trabajadores sociales en su área. «Siempre tenía una respuesta negativa: una, que no había transporte ni combustible; otra, que había cambio de resolución; y en diciembre, que los aires acondicionados se habían mojado y tenía que esperar», precisa ella.

Maura figuraba en el listado de los 40 aires acondicionados que faltaban por entregar en el poblado El Caney. Y fue una de las primeras personas en comenzar a pagar, aun sin tenerlo. Pero se enteró en febrero de 2010 que ya en El Caney se habían sustituido los aires acondicionados.

Inmediatamente fue a ver a Alcides, quien dirigía esa tarea en el poblado. Él mismo se sorprendió al ver que ella estaba pendiente, e hizo las gestiones con el Gobierno municipal: le dijeron que el caso se iba a resolver; no había equipos de los grandes, pero por ese tipo se estaban entregando dos de los chiquitos. Maura estuvo de acuerdo con la variante.

Alcides le llenó el comprobante de pago, con la diferencia para hacer la suma de lo que cuestan los dos aires. Y a mediados de marzo Maura fue disciplinadamente a la bodega, la cual está destinada al cobro en su localidad. Pagó en efectivo.

Entonces Alcides la visitó, para comprobar el estado técnico del equipo que se sustituiría, y le orientó que al día siguiente se le cambiaría. Pero no fue así, y Maura llamó a Alcides. Entonces, él le informó que no podían darle los dos aires acondicionados; y preguntó si ella estaba de acuerdo en recibir solo uno, y luego le entregaban el otro. Maura fue tajante: No, ella quería sus dos aires, pues ya estaban pagándose.

Entonces, el Gobierno municipal respondió que uno de los dos equipos correspondientes a Maura se le había conferido a un niño con una enfermedad en la piel, que lo requería, pues los aires acondicionados «estaban congelados, y no se podían entregar».

Aún Maura sigue sin sus aires acondicionados. Permanece en gestiones infructuosas. Y cuenta que José, el funcionario del Poder Popular que atiende esa esfera, le pidió los comprobantes de pago, pues él tenía que presentárselos a la Dirección de Comercio, para que constataran que ella había cumplido con su parte.

La acreedora pregunta:

«¿Por qué, si yo estoy hace 13 meses pagando un equipo que no estoy disfrutando, se me plantean tantas dificultades para entregármelo? ¿Qué culpa tengo de que exista tanta discordia organizativa y falta de control entre DIVEP y Comercio para la entrega de los aires acondicionados? Si existen en almacén, ¿por qué no se entregan?».

Y al final, Maura pone el puntillazo:

«Soy una ciudadana que no tengo deuda con los equipos. Y me siento como sancionada por haber cumplido con mi deber de pago».

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