En llamas el respeto

Desde Calle 15 No. 311, apto. 5, entre A y Pocito, en el barrio habanero de Lawton, Diez de Octubre, Rafaela Fuoman lleva más de un año aguardando por que se le haga justicia.

Todo estalló el 7 de septiembre de 2009, cuando se presentaron en su casa dos operarios de la campaña contra el mosquito para fumigar. En esa operación, al mochilero se le apagó el equipo. La desgracia fue cuando, al intentar encenderlo, el artefacto lanzó una llamarada tal que provocó un incendio en la cocina de la casa.

Rafaela recibió el respaldo inmediato del Gobierno municipal de Diez de Octubre, en materiales de construcción y otros recursos, y a la Dirección Municipal de Salud se le encomendó la tarea de reponer su nuevo refrigerador Haier, que fue devorado por las llamas.

«De ahí para acá, todo ha sido un peloteo, llamadas infructuosas, promesas vacías; y nadie ha hecho nada, todo es un engaño», señala Rafaela. Ella continúa pagando su refrigerador por descuento de nómina, a cargo de un crédito bancario. Y quienes le quemaron el equipo, aun cuando fuera por un accidente, la hacen sufrir más. ¿Por qué tal desprotección? ¿Qué hubiera sucedido si, por un descuido, Rafaela hubiera dañado el refrigerador de la Dirección Municipal de Salud?

¿Qué pasa con ese tren?

Aurora Méndez (Edificio 17, apto. 19, reparto Nueva Isabela, Sagua la Grande, Villa Clara) vive, como muchos sagüeros, en el silencio y la incertidumbre acerca de las razones por las cuales se suspendió el tren que rendía viaje desde esa ciudad hasta Isabela de Sagua.

Refiere la remitente que dicho tren fue reparado para que prestara servicio en la temporada veraniega, y durante ese período falló en muy pocas ocasiones. No más comenzaron las clases y la rutina laboral, y el tren —que tanto resuelve a quienes deben transportarse entre las dos localidades— si ha rodado siete veces desde entonces, es mucho.

Por el servicio tan inestimable que brinda, sobre todo a los de Isabela de Sagua, señala la lectora, si al menos pusieran otro tipo de transporte, tan siquiera en horarios pico, el pueblo lo agradecería.

Pero nadie sabe qué sucede porque no se ha brindado información alguna al respecto.

«Si de una cosa podemos vivir orgullosos —afirma Aurora—, es que ni en los años más duros del período especial nuestro tren dejó de circular. Cuando no podía por determinadas razones, siempre hubo otro que lo reemplazara. Y aunque tenemos una crisis mundial y nuestro país no está exento de ella, no podemos quedarnos callados ante tantas dudas. ¿Qué es lo que pasa con el tren con destino a Isabela?»

Más gasto

Desde Ciego Montero, en el municipio cienfueguero de Palmira, denuncia María Josefa Romero el estado calamitoso en que se encuentra el terraplén de ocho kilómetros que enlaza a esa localidad con Cartagena, y que tiene salida hacia la Autopista Nacional.

Paradójicamente, a su lado se encuentra una planta de asfalto y una cantera de piedra que fueron inauguradas recientemente. Pero los pobladores de Ciego Montero no entienden por qué se ha dejado languidecer al terraplén, al punto de que ya es intransitable.

Vehículos de carga de la embotelladora Ciego Montero y otros transportes estatales se ven obligados a desviarse por otros caminos mucho más largos, con el consiguiente sobregasto de combustible y la demora en la transportación.

«Si estamos en la batalla del ahorro de combustible —afirma María Josefa—, ¿cómo es posible que un camino que puede repararse teniendo cerca una planta de asfalto y una cantera, no haya sido restaurado para ahorrarle combustible y tiempo a la economía nacional?».

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