Amor con amor se paga

«Maltratado por generoso»: así califiqué a Leonel Alejo, el lector de la localidad cienfueguera de Cumanayagua que el 15 de octubre del 2010 contaba las desventuras con el apartamento suyo, prestado en 2006 a la Dirección Municipal de Salud, para que albergara jóvenes extranjeros que estudian Medicina en ese territorio.

Junto a la casa, Leonel facilitó varios muebles. Se firmó un contrato con Salud municipal, en el cual se fijaban deberes y derechos de ambas partes. Si los beneficiarios dañaban algo, constaba que debían repararlo.

El apartamento fue devuelto a fines de 2009 a familiares de Leonel, pues entonces él acompañaba a su hija, ingresada en un hospital de Cienfuegos. El «pago» a tanto desprendimiento fue hallar tres sillones rotos, el baño hecho un desastre y con el cristal de la ventana rajado; averiados el toallero, la ducha y el dispositivo para colocar el papel sanitario. Además, un colchón deteriorado y la llave de paso desaparecida, entre otras secuelas.

Cuando escribió, Leonel estaba muy molesto porque el 12 de mayo, más de cuatro meses después, se entrevistó con el jefe del Plan de Estudios y este le dijo que solo se hacía cargo del tanque del inodoro; lo demás era con el responsable de la residencia estudiantil, con quien prometió hablar. Transcurrido un mes, el responsable del Plan de Estudios vio a Leonel en la calle y le preguntó si el de la residencia había ido por allá, a lo cual aquel le respondió que no. «No veo transparencia en esto —decía Leonel—; al parecer quieren que caiga en el saco roto del olvido».

Al respecto, llegó a esta redacción el 16 de diciembre la respuesta del doctor Emilio Delgado, director de Salud en la provincia, quien afirma que al momento de entregar la vivienda se hizo un levantamiento de los daños ocasionados, los cuales, según sus propias palabras, «iban a ser reparados en dependencia del tiempo y los recursos con que contaba el territorio».

Esto último, señala, le fue informado a Leonel por el responsable del área estudiantil de Salud municipal. «De cierta manera había que evaluar en el territorio la forma de ir ejecutando la reparación en correspondencia con la solución de los recursos», agrega.

Asegura el doctor Delgado que Leonel escribió al periódico después de esa explicación. Y se continuó en el proceso de atención a sus necesidades, pues ya existía un grupo de recursos: fueron colocados un juego sanitario nuevo, un toallero, el cristal de la ventana y la llave de paso. Se pintaron la cocina y el baño. Quedaban pendientes los marcos de los gabinetes de la meseta de la cocina y los balances de los sillones, «por dificultades con la madera —en estos momentos Salud no cuenta con ese recurso—, pero se mantiene la gestión a través del gobierno del territorio para concluir totalmente el trabajo».

Finalmente el doctor Delgado reconoce «que el problema fundamental estuvo en convenir de forma oportuna con Leonel el modo de entrega y las fechas de reparación del inmueble».

Agradezco la atención al caso y la respuesta. Pero, con el mayor respeto hacia el doctor Delgado, el problema fundamental es que un gesto de generosidad como el de Leonel no podía ser correspondido con tanta destrucción de esos estudiantes. Extranjeros, o si fueran cubanos, lo elemental es que cada quien pague por lo que no fue capaz de preservar.

Aun cuando se habló con Leonel, es evidente que faltó delicadeza y acometividad en el territorio para con alguien que fue solidario en su momento. Hubiera sido la mejor manera de disculparse con él.

Tampoco los problemas de recursos pueden ser excusas en este caso. Hubo un convenio de por medio; y otro intangible, que no se firma pero es moral. El afectado no tiene por qué esperar «en dependencia» del tiempo y los recursos; porque él no escatimó ni tiempo ni su principal recurso, la vivienda, para facilitar un programa del país.

Había que agenciárselas, invocando a otras instancias, para reparar a tiempo esa falta. Amor con amor se paga.

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