Sin comerla ni beberla

Rafael Fernández (Calle 15 No. 309, entre H e I, Vedado, La Habana) recibió en su casa en enero pasado a dos inspectores de la Empresa Eléctrica, quienes dijeron haber detectado que su metro contador estaba detenido, pues el consumo registrado era mínimo. Le abrieron expediente por «fraude eléctrico» y le impusieron una multa de 500 pesos.

Le explicaron que tenían instrucción de aplicar el procedimiento, aun cuando no podían constatar, por simple inspección, que hubiera manipulación indebida del metro, pues los sellos estaban intactos. «De nada valió argumentarles que no estaba marcado menos de lo consumido —señala—; ni el hecho de que no podían demostrar que había manipulado, cambiado o alterado el equipo de medida…». Le advirtieron que si demoraba más de un mes en pagar la multa, su cuantía se duplicaba.

El 24 de febrero sustituyeron el metro por otro nuevo. El viejo fue enviado al laboratorio provincial, cuyo dictamen, en forma de Resolución del Director de la Organización Básica Eléctrica (OBE) en Plaza, le fue comunicado el 1ro. de marzo: El equipo no marca correctamente el consumo y sus valores de prueba están adelantados con respecto al rango admisible. «¿Significa entonces que registra un consumo mayor al efectivo?», pregunta Rafael. Como resultó fallo técnico, le devolvieron los 500 pesos.

«Considero muy justa la lucha contra la ilegalidad, y en ello tiene responsabilidad esencial la Empresa Eléctrica, señala. Pero al ser “juez y parte”, ella también tiene obligación de proteger los intereses de los consumidores, ya que en este caso no es posible apelar a ningún tipo de arbitraje o a instancias judiciales, como claramente lo establece el Decreto Ley 260. Recomiendo a todos que revisen su contador periódicamente y, en caso de avería, informen rápido, para que no vivan tan desagradable situación, sin comerla ni beberla».

¿Qué fue lo que vio?

Isabel Amador (Calle 8 No. 1515, entre 25 y 17, Caibarién, Villa Clara) vive al lado de sus padres, unos ancianos. Y el 16 de febrero pasado tres inspectoras de la Empresa Eléctrica  se personaron en la casa de los viejos alegando que necesitaban revisar el contador, el cual está dentro del domicilio.

Isabel las invitó a pasar, pensando que era visita de rutina, y fue a buscar agua para su mamá. Cuando volvió, una de las tres le comunicó de mala forma que el contador estaba sin sello y tenía caído el tornillo de la «carcasa»; por ello le aplicarían una multa de 500 pesos.

Ella les dijo que todos los contadores de la cuadra estaban sin sello, y los vecinos se habían quejado a la Empresa Eléctrica. En cuanto al tornillo de la «carcasa», aseguró que nadie había andado en el mismo.

No obstante, la inspectora insistía, según Isabel, en que se había violado la seguridad del contador, y ello implicaba la imposición de una multa. Isabel la firmó, segura de que era un error, y les comunicó su disposición a que se hicieran las pruebas y verificaciones necesarias para demostrar la inocencia de sus padres. Cuando partieron, la madre reveló a Isabel que mientras ella fue atrás, la inspectora con mala forma había abierto el contador, para luego inculparlos a ellos.

Isabel reclamó a la Empresa Eléctrica, y a los dos días, la visitó una comisión para decirle que decidieron llevar el contador al laboratorio, y le quitaron el sello puesto el día de la imposición de la multa.

Días después, como el contador estaba abierto y no venían a buscarlo, ella fue a la OBE. Y el Director la acompañó hasta la casa de los padres. Allí, él apretó el tornillo de la «carcasa» con llave, y le dijo: «No se va a llevar el contador al laboratorio, porque ya vi lo que necesitaba ver». Se marchó, dejando de nuevo el metro sin sello, no sin antes decirle que cambiarían el metro por uno nuevo.

A los dos días, le sustituyeron el contador. E Isabel refiere: «No veo que la solución esté en la sustitución, sino en realizar las pruebas y comprobaciones pertinentes».

Ambas historias alertan de que en materia de servicio eléctrico la inspección debe ser muy profesional, ética y educativa, y requiere de personas idóneas, que se hagan respetar con su justeza. Al final, ¿en qué habrá quedado lo de los padres de Isabel?

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