Barrer viejas ataduras

Desde Vertientes, Camagüey, el lector Lázaro Hernández narraba aquí, el pasado 15 de enero, el círculo vicioso en que se encontraba como trabajador por cuenta propia, elaborando escobas de fibra vegetal:

Los guardias forestales no le permiten cortar y transportar la fibra de la palma cana, que tradicionalmente extraía en el municipio de Minas. Por ello, él y otros «escoberos», que cumplen sus obligaciones fiscales y demás deberes, han gestionado con el representante de la Empresa Forestal en Vertientes, y este aduce que no puede, porque la fibra está en otro territorio. Pero cuando lo solicitan en Minas, les dicen que no, porque no viven allí. Lázaro estaría dispuesto a comprarle a la Forestal la fibra, pero la respuesta hasta ahora ha sido la prohibición.

Al respecto, responde Edenio Puga, delegado provincial de la Agricultura en Camagüey, que los funcionarios del Cuerpo de Guardabosques actúan correctamente, pues los oficios que requieren el trabajo con productos forestales deben cumplir lo establecido en la Ley 85, Ley Forestal de 21 de julio de 1998, la cual establece que para el aprovechamiento y transportación de ese tipo de productos se necesita de Guía Forestal y/o Guía de Tránsito.

Añade que en la Instrucción Metodológica 2 del 2010, Trabajos por Cuenta Propia, del director nacional Forestal, en su Apartado Primero se precisa lo establecido en el Artículo 39 del Reglamento del Registro Forestal: «Los trabajadores por cuenta propia definidos como artesanos, que utilicen en sus obras productos forestales madereros o no madereros, quedan obligados a mostrar a las autoridades competentes el comprobante de compra o demostrar la tenencia lícita de dichos productos».

Señala que, ciertamente, en Vertientes no existe la fibra demandada por ellos, y sí en el municipio de Minas, que es donde se encuentran los guanales. Pero la prohibición de adquirir el producto en este último territorio porque no residen en él es incorrecta como argumento. La Empresa Forestal agramontina realiza sus contratos de manera centralizada y manda a suministrar el producto en las unidades donde haya.

«La Empresa Forestal, precisa, sí tiene autorizaciones para el aprovechamiento de la fibra, pero —y aquí llega a la esencia— el problema radica en que dentro de su objeto social no tiene contemplada la venta a personas naturales».

Agradezco la respuesta, y está claro que el patrimonio forestal cubano debe estar controlado, para que nadie pueda, así como así, extraerlo libérrimamente. Pero si la Empresa tiene autorización legal para el aprovechamiento de la fibra, no se aclara por qué no contempla la venta ordenada y racional, mediante contrato, a personas naturales, a las cuales se les expidió licencia para fabricar escobas de fibra vegetal. ¿No se convierte en una atadura? Con la flexibilización, ¿no ganarían la Forestal, los fabricantes de escobas, los consumidores y el país?

Agrios olores

Orlando E Izquierdo (Correa No. 118, Santos Suárez, La Habana) es un amante del deslumbrante patrimonio que atesora la capital cubana. Por eso se desalentó el pasado 18 de abril, cuando acompañó a su hija y a su nieto a los alrededores del Capitolio.

«Pasando por las áreas exteriores, afirma, desde Dragones hasta Prado, incluyendo la escalinata y parqueos delanteros, me quedé impactado con los desagradables olores que nos acompañaron en todo el trayecto.

«Lo peor de todo es que esos parqueos son utilizados por ómnibus de turismo y turistas como punto de partida o llegada para excursiones. Me avergüenza la opinión que se llevarían esas personas ante este hecho fácilmente identificable para cualquiera.

«¿Cómo es posible que un lugar tan concurrido, tan especial de la ciudad, mantenga esa situación y no se tomen medidas al respecto? ¿No hay personal para cuidar el entorno y evitar la repetición de tales hechos?».

Estas interrogantes ponen acento en que rehabilitar la red de baños públicos se convierte en asunto necesario, pero ni siquiera un esfuerzo supremo en tal sentido solucionaría otro problema, el de la falta de civismo de ciertos ciudadanos para adorar a esta novia inigualable que es La Habana. Ojalá y los alertas multipliquen la decencia.

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