Inspectores e «inspectores»…

Hay inspectores que necesitarían ser «inspeccionados» a toda hora, por lo bajo que sitúan el nombre de ese oficio, con arbitrariedades y disparates. Hay inspectores que no merecen ser inspectores, como la del caso que hoy retorna a esta columna.

El pasado 22 de marzo reflejé una denuncia al respecto de Isabel Amador, allá en Caibarién, provincia de Villa Clara: el 16 de febrero del presente año, tres inspectoras de la Empresa Eléctrica se personaron en la casa de sus ancianos padres, alegando que necesitaban revisar el metro contador.

Isabel, que estaba allí, las convidó a pasar, pensando que era visita de rutina. Y fue casa adentro, a buscar agua para su mamá. Cuando retornó, una de las tres le comunicó de mala forma que el contador estaba sin sello y tenía caído el tornillo de la «carcasa»; por lo cual, debía aplicarle una multa de 500 pesos.

Isabel les dijo que todos los contadores de la cuadra estaban sin sello, y los vecinos se habían quejado a la Empresa Eléctrica. Y en cuanto al tornillo, le aseguró que nadie había andado en el mismo.

No obstante, la inspectora insistía en que se había violado la seguridad del contador. Isabel firmó la multa, convencida de que era un error, y les comunicó su disposición a que se hicieran las pruebas necesarias para demostrar la inocencia de sus padres.

Y cuando partieron las inspectoras, la madre le reveló a Isabel que mientras ella fue adentro, la de la mala forma había abierto el contador, para luego inculparlos a ellos.

Isabel reclamó a la Empresa Eléctrica, y a los dos días la visitó una comisión para decirle que decidieron llevar el contador al laboratorio, y le quitaron el sello puesto el día de la imposición de la multa.

Días después, como el contador estaba abierto y no iban a buscarlo, Isabel fue a la Organización Básica Eléctrica (OBE). Y el director la acompañó hasta la casa de sus padres. Allí, apretó el tornillo de la «carcasa» con llave, y le dijo: «No se va a llevar el contador al laboratorio, porque ya vi lo que necesitaba ver». Y se marchó, dejando de nuevo el metro sin sello, no sin antes decirle que lo cambiarían por uno nuevo.

A los dos días, le sustituyeron el contador. E Isabel refería: «No veo que la solución esté en la sustitución, sino en realizar las pruebas y comprobaciones pertinentes».

Al respecto, responde Israel Ramos, director general de la Empresa Eléctrica en Villa Clara, que una comisión de esa entidad investigó el caso y pudo comprobar que la multa de 500 pesos se aplicó porque el metro contador no tenía el sello que le colocan en la tapa cuando se verifican, como medida de seguridad para evitar posibles alteraciones en su funcionamiento.

También informa que el metro contador fue llevado al laboratorio, donde se detectó la falta del sello en la parte inferior de la «carcasa», aunque no se detectaron señales de fraude. Precisamente por las pruebas realizadas, se le retiró el cobro retroactivo de energía a los clientes, pues el consumo histórico de la vivienda revela una oscilación entre los 200 y los 300 kilowatt hora.

Afirma el director general que se decidió retirarle la multa a Isabel pues, aun sin tener el metro el sello de la tapa, en las pruebas de laboratorio no se detectaron señales de fraude. E informa que de las tres inspectoras, a la actuante en este caso se le aplicó la medida de separación de la Empresa Eléctrica.

Agradezco la respuesta y el hecho de que se haya rectificado una acción injusta, aun cuando la misiva no aclara si la entidad se disculpó con los clientes. Lo otro es que no se esclarece el porqué de la vaga expresión del Director de la OBE, que se retiró sin ofrecer información precisa a los afectados, pues prácticamente habló consigo mismo cuando esos consumidores merecían un tratamiento más delicado.

A propósito, solo se evitará el tener que despedir a un inspector por su errada conducta, cuando haya un mayor rigor en la selección de los mismos y en el control sistemático de su accionar por los superiores.

 

 

 

 

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