Un baño de grosería - Acuse de recibo

Un baño de grosería

El pasado domingo 12 de junio, Crescencio Ledón Ruiz viajaba satisfecho en el ómnibus Yutong 1014, de Sagua la Grande a La Habana, con su esposa e hijo. Era uno de esos momentos placenteros que presagian toda la paz del mundo, con una tripulación de Astro cordial, educada y prudente.

Pero todo se revolvió en aquella parada que hicieron en la terminal de ómnibus de Cárdenas. Crescencio y otros viajeros aprovecharon para ir al baño. Y allí les esperaba la confirmación de que la grosería y el maltrato te desgracian el mejor de los trayectos hacia la felicidad.

De manera irrespetuosa, la empleada que atiende los baños los recibió con una vigilancia estricta y descortés, exigiéndoles que cada uno tuviera un peso en la mano para poder acceder a los servicios sanitarios.

«La actitud de dicha trabajadora —señala—, trajo consigo irritación, aglomeración y demoras en el corto tiempo de que disponíamos para el baño, así como interrogantes: ¿La administración de esa instalación mantiene el debido control de los servicios y atención que ofrece esa trabajadora? ¿Quién contabiliza y supervisa el efectivo que exige y recibe directamente en sus manos la empleada? ¿Por qué en las terminales de Cubana de Aviación y otras, los servicios sanitarios no se cobran, y en otros casos, el pago no es obligatorio y mucho menos con tarifa establecida?».

En su hogar, allá en Avenida 29, No. 4404, entre 44 y 46, en el municipio habanero de Playa, Crescencio aún se pregunta por qué el cubano, un ser tan noble y solidario, se torna por momentos implacable y hosco.

¿The best or the worst?

Cuando las vio en aquella tienda en divisas de Santa Clara, Miguel de Armas no dudó en hacer el sacrificio de los 12 CUC que costaban. A fin de cuentas las sandalias, «de afuera», con la marca Best (Mejor) se mostraban atractivas y resistentes a la vista, aun cuando la garantía apenas alcanzaba siete días.

Las calzó al siguiente día como Pedro por su casa. Pero no siempre «vista hace fe». A la semana de usarlas una de las sandalias comenzó a deteriorarse por un borde. Y a los 15 días el borde, completamente deteriorado, desprendió la base de una de las cintas para meter el pie.

«Era una mercancía completamente podrida, que en lugar de Best debía denominarse Worst (peor)», ironiza hoy con razón Miguel.

Y sentencia: «Comprar calzado en esas tiendas en CUC es como jugar a cara o cruz con una moneda. En mi experiencia en los últimos 15 años, aproximadamente la mitad del calzado que he adquirido en esas tiendas lo he tenido que desechar a los 15 días, uno o dos meses, o como máximo tres meses. Y la garantía se mantiene en siete días».

En su casa en Misionero 71, en la ciudad de Santa Clara, Miguel cuestiona con razón: «¿Por qué se compra en el exterior calzado de tan mala calidad, para ser vendido a precios astronómicos para el ciudadano promedio? ¿Por qué la garantía comercial es tan reducida?».

Juventud Rebelde  fiambre…

Adrián Quintero, un director de programas de Radio Sagua, de Sagua la Grande, interpeló a su cartero para preguntarle por qué los suscriptores del Juventud Rebelde dominical ya no pueden recibir ese periódico en tiempo.

Y quedó anonadado al saber que el origen del problema era que Correos de esa ciudad,  ya no dispone de un cartero para cubrir los «francos». Ahora todos descansan el domingo, y sencillamente la prensa de ese día se entrega el lunes. Periódico fiambre… por más artículos intemporales y reposados de lectura que ofrezca el JR.

«El cartero me aseguró que ya la dirección de su empresa había ofrecido esas explicaciones, pero yo no puedo imaginar cómo se puede justificar lo injustificable».

 

 

 

 

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