Tanto lo de afuera…

A Rebeca Monzó Mieres (Calle Conill B No. 819 e/ Conill y 41, Nuevo Vedado, La Habana), un amigo le envió el pasado 6 de julio, desde España, un bulto postal que contenía medicamentos, dos celulares con sus correspondientes cargadores, tres memorias flash y algunos materiales de oficina. Eso fue lo que envió…

El envío llegó en menos de quince días. Le avisaron, y fue a buscarlo a la casilla correspondiente del correo (Zona Postal 6) que está en los bajos del Ministerio de Comunicaciones. Pero al entregarle el paquete, la empleada se percató de que por fuera de la caja, protegida por un plástico transparente de la Empresa Trasval, con el número P 3983201 y escrito con lápiz marcado negro, había una batería de celular.

La empleada abrió el bulto delante de la destinataria, y comprobaron que faltaban los dos celulares declarados en la factura de origen. Los muy chapuceros —o cínicos— de los ladrones habían dejado las baterías, cuyos modelos correspondían a un Nokia y a un Motorola. También faltaban dos memorias flash.

La caja llegó con la consabida nota impresa que dice: «Lamentablemente su envío arribó a nuestros servicios con roturas en su embalaje…». Número de sello 3983201 de fecha 15/7/011, firmado por Kenia Peña González.

Rebeca reclamó al Departamento Técnico de la Zona Postal 6, a Atención a la Población. Allí levantaron acta de las pérdidas.

«Todo ha quedado ahí, afirma Rebeca. Nadie me ha dicho quién responde por esta pérdida. No sabiendo qué hacer, me dirijo a usted y a su sección en la prensa, con la esperanza de que con sus buenos oficios, se dé una respuesta satisfactoria a mi planteamiento».

…Como lo de adentro

Nury Rodríguez Gaínza (Calle 295 No. 10208, entre 102 y 104, Calabazar, Boyeros, La Habana), envió dos cajas con alimentos por carga ferroviaria, el 5 de julio pasado a las diez de la mañana, en el paradero del tren en Rincón, con destino a su tío en Guantánamo. Y el 11 de julio, envió dos cajas más al mismo destinatario, pues ella iría con su hijo a pasar las vacaciones en casa de esos familiares en Guantánamo. Todos los bultos se remitieron a nombre de Rubert César Moreira, en Calle 7 entre 4 y 6, edificio 15, Apto. 17, reparto Mártires de Granada, en la ciudad de Guantánamo.

El día 19 de julio se recogieron las cajas en la Terminal Ferroviaria de Guantánamo. Allí estaba Nury, y para su sorpresa e indignación, una de las cajas, la del despacho 435825, solo estaba llena de piedras, en sustitución de lo que se robaron vilmente.

Con toda razón —yo diría mucho más—, Nury pregunta: «¿No hay seguridad en los ferrocarriles? ¿Quién responde por tan bochornoso acto delictivo? ¿Quién es el responsable? ».

A estas alturas, es una desvergüenza lo sufrido por Rebeca y Nury. Ellas merecen un esclarecimiento profundo por tanta humillación y vileza, que no quede solo en sanciones, expulsiones, palabras altisonantes, promesas consignistas y actos de fe. Lo importante es saber por qué se vulnera el control interno en ambos casos, y los rateros hacen de las suyas, empañando el prestigio de ambas instituciones.

Aprovecho la ocasión para manifestar que después del último corte analítico de las respuestas institucionales a las quejas reflejadas en esta columna, algunos de los organismos señalados como incumplidores aducen ahora que sí enviaron sus respuestas a tiempo. Pero lo cierto es que a nuestra redacción no llegaron.

Para no seguir en «la palabra mía contra la tuya», solicitamos a las entidades que cuando respondan, ya sea por correspondencia tradicional o correo electrónico, llamen a nuestra redacción, al 881-8265, para confirmar que se recibió. Gracias.

 

 

 

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