¿Esperan a que se caigan?

Teresa Porro López (Velarde No. 319, entre Colón y Prensa, Las Cañas, Cerro, La Habana) me escribió muy alarmada el pasado 7 de julio por el peligro que corre de desplomarse, hace ya tiempo, un poste del alumbrado público en la esquina de su casa.

Precisa que hace mucho más de un mes los vecinos hicieron los reportes correspondientes a la Organización Básica Eléctrica del Cerro y al Gobierno municipal. Y todo sigue igual.

Lo más preocupante es que el poste inclinado se encuentra al lado de otro, al cual están conectadas las redes eléctricas en conjunto con un transformador. Y está la casa de Teresa en el centro del peligro. La otra posibilidad es que caiga para la calle, sobre un transeúnte o un auto, o encima de una cafetería a la cual acuden ancianos y jubilados del barrio. ¿A qué esperan?

Lo mismo sucede en la calle B, entre 7 y 8, en el reparto Sueño, de la ciudad de Santiago de Cuba, y lo revela Georgina Quintana López, residente en el número 364 de esa cuadra: un poste del tendido eléctrico que está flojo desde diciembre de 2011 y cada vez se inclina más hacia la casa de Santiago Lusón y Elsa Robaina.

La situación ha sido reportada desde entonces en varias ocasiones. «Los responsables de verificar y ejecutar —señala Georgina— conocen muy bien el caso, y en varias ocasiones se han personado en el lugar. Pero no se resuelve». ¿Será posible? ¿Qué van a argüir en su respuesta?

Demolición dilatada

Mara Ibazeta Castillo también sufre la indolencia y la despreocupación, en su propio domicilio, sito en avenida 41 No. 9415, entre 94 y 51, en Marianao, La Habana.

Lo que fuera el cine Cándido —hoy unas ruinas peligrosas— colinda con su hogar. Se desplomó el 17 de abril pasado. Y a los pocos días, la casa de Mara fue apuntalada, pues quedaba un fragmento de pared que no pudo ser derribada ya que el brazo de la grúa no alcanzaba. Se les explicó a los vecinos el proceso a seguir entonces: primeramente derribar la fachada posterior del cine, para introducir la grúa por ese lugar.

El 7 de julio, cuando Mara me escribió, habían transcurrido dos meses y 17 días, y la situación se mantenía igual. No se observaban avances en las labores, pues la demolición corría a cargo de dos trabajadores, no muy jóvenes, a mandarria limpia. Y el día en que estaba fechada de la carta, hacía una semana que la brigada de demoliciones no daba señales de vida.

«Aún se encuentran obstaculizando el pasillo los escombros del derrumbe del 17 de abril —precisa Mara—, por lo que se inunda el mismo como consecuencia de las lluvias. Esto fue comunicado en tres oportunidades a los trabajadores de Demoliciones, pidiéndoles de favor que trasladaran los escombros hacia dentro del cine, donde está el resto de los mismos, a lo que hicieron caso omiso».

La preocupación aumenta, apunta la lectora, máxime cuando que comenzó la temporada ciclónica y arrecian las lluvias y los vientos, y los peligros que esto implica, teniendo en cuenta la situación epidemiológica del verano en lo referente a los brotes de mosquitos.

Lo anterior ha provocado que la hija de Mara, una niña, se encuentre separada de ella por cuestiones de salud, pues es asmática y alérgica crónica y no se debe exponer al polvo abundante que tienen dentro y fuera de la casa. Y sobre todo, porque la pared que aún queda en pie está situada justo frente a la puerta de su morada.

El 29 de mayo y el 11 de junio, Mara se dirigió personalmente al Presidente del Gobierno de Marianao, quien le aseguró que se ocuparía personalmente del caso. El 25 de junio, sin respuesta alguna aún, ella entregó una carta en la propia sede del Gobierno.

El pasado 2 de julio, la atribulada mujer se presentó en la oficina de Atención a la Población del Consejo de la Administración Provincial a plantear los argumentos que ha sostenido. Allí realizaron una llamada telefónica al Gobierno de Marianao y le orientaron presentarse al día siguiente en su sede, a ver a la jefa de Atención a la Población, quien le daría respuesta.

Al llegar al Gobierno de Marianao, al día siguiente, la compañera no se encontraba. Y le explicaron que ya el Presidente del Gobierno de Marianao había enviado una carta con el argumento del caso al Vicepresidente del Gobierno provincial que atiende la Construcción, para que se buscara la solución porque en ese municipio no cuentan con los medios, recursos y equipos para concluir la demolición.

Mara volvió al Gobierno provincial, y le orientaron solicitar un despacho con el Vicepresidente. Lamentablemente, no ha podido ver a la compañera que da los despachos y entrevistas.

¿A cuántos despachos, llamadas y visitas estará la solución a tiempo? ¿La respuesta llegará cuando ya sea tarde? Hay asuntos que no admiten espera.

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