Ni por excepción

Más allá de «lo que está establecido», los cubanos debíamos tendernos la mano y compartir la misma suerte unos con otros, ante tantas dificultades con el transporte. Qué trabajo cuesta que muchos de quienes andan sobre ruedas se pongan en el sitio del viajero botado en el camino…

Marta Fernández, maestra de 6to. grado del seminternado Juan Oscar Alvarado, de Santa Clara, estuvo el pasado 8 de octubre con sus alumnos en el Memorial Che Guevara de esa ciudad. Y cuando los niños salieron de allí, aún conmovidos por la visita y las evocaciones de tanta devoción solidaria del Guerrillero Heroico, la realidad posterior contradecía todo lo sentido.

De retorno a la escuela, a las 3:00 p.m., comenzó a encapotarse el cielo, y el grupo se guareció bajo los árboles de la parada de calle Tristá, entre Amparo y Danielito (reparto Camilo Cienfuegos o Pastorita), donde hay un punto de recogida de pasajeros con una inspectora, de los llamados popularmente «amarillos», que aún se encontraba allí.

La maestra hizo señas al chofer de un ómnibus escolar chapa VSH 693, y le pidió que los impulsara en su trayecto hasta el Parque Vidal, cerca de la escuela. Y cuando iban a montar la guagua, la inspectora les solicitó el correspondiente importe de 40 centavos por cada uno. Marta entonces le rogó al chofer, explicándole que no tenían el dinero de todos esos pasajes. Y este comenzó a mover negativamente la cabeza.

La inspectora planteó que esa era una guagua recaudadora y esa era su comida: su salario dependía de lo que se echaba en la alcancía. Marta intentó convencerles de que era una situación excepcional, ya venía el aguacero y los niños se iban a mojar.

«Recogí a mis niños y le dije a ella que es imposible que los pioneros, en un día especial y en Cuba socialista, no pudieran subir a una guagua por no tener dinero. El ómnibus se fue vacío, haciendo su recorrido justo por el lugar al cual nos dirigíamos. Los 60 alumnos se empaparon.

«Cuán diferente esa actitud a la del chofer Ornán González, matrícula VSH 372 quien, un rato más tarde, fue muy receptivo cuando paramos la guagua, le explicamos lo sucedido y al ver los niños tan mojados, tuvo la delicadeza de acercarnos a la escuela sin que mediara pago alguno.

«Durante el trayecto, sostuve una conversación con los muchachos explicándoles que hay personas sin humanidad ni solidaridad, pero que hay otras que, como el Che, no hubieran permitido un acto tan miserable. Como maestra, mi deber es seguir trabajando con los valores, y hacer de mis alumnos hombres del mañana, justos, humanos como el Che».

Compartir suerte

Rosa María Sezai (Camilo Cienfuegos 76-A, entre Ramona Idaboy y Eduardo Chibás, Ciro Redondo, Ciego de Ávila) cuenta que su hijo estudia en la Universidad de Ciego de Ávila, en la cabecera provincial, y se convierte en una proeza el llegar cada día a clases por el problema del transporte.

El ómnibus que cubría la ruta Ciro Redondo-Ciego de Ávila, y pasa frente a la Universidad, se encuentra suspendido. Por ello, el pasado 13 de octubre, el joven decidió ir al poblado de Ceballos a esperar «el trompo» donde se transportan los profesores y trabajadores de la Universidad de Ciego.

Son los mismos profesores, según Rosa María, quienes se quejan cuando montan los alumnos. Y ese día, junto a otros cinco estudiantes, el muchacho fue a pagar su pasaje al chofer. Y este comenzó a ofender a todos los estudiantes, diciendo que él hablaba claro el Español y no había que recoger a ningún alumno.

«Dijo palabras que prefiero no mencionar, señala, y que iba a tener problemas con ellos, que les iba a caer a trastazos. Mi hijo, indignado y avergonzado, se bajó de la guagua. Llegó a la Universidad a las 9:30 a.m. Ese día tenía una prueba a las 8:30 a.m.

«Qué ejemplo les están dando esas personas mayores a los estudiantes, que no son capaces de compartir su guagua con estos. Los alumnos también quieren llegar temprano a sus clases y en todo momento han sido educados, a la hora de cederles los asientos a los profesores y demás trabajadores, como debe ser».

Qué difícil es para algunos situarse en el lugar del prójimo, y compartir la misma suerte…

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