Pizza nostra

Quizá los chefs de la bella Italia puedan ayudarnos a desentrañar el misterio de hoy. Aunque más bien parece un caso de prestidigitación, de la mejor tradición de «magos» cubanos. Según nos cuenta Danny Águila Duchens (Ave. 63, No. 11608 interior, entre 116 y 118, Marianao, La Habana), ya van dos veces que choca con centros donde se expende pizza y, curiosamente, no hay de queso ni explicación al respecto.

«La primera ocasión —evoca Danny— fue en la tienda de 11 y 4; y en el día de ayer (21 de octubre), fue en el Rápido del Servicentro El Tángana, ambos en Plaza de la Revolución. Según tengo entendido de las pizzas, su ingrediente principal es el queso y no los aditivos como jamón, cebolla, chorizo, entre otros. Pero en estos dos establecimientos (…) los dependientes te dicen tranquilamente que no hay pizza de queso, solo la hay de jamón».

El cliente no se explica la ausencia, más cuando ningún dependiente le ha sabido argumentar el porqué. Y espera que no se convierta en una práctica, pues el sentido primero y último de cualquier entidad gastronómica es brindar el más eficiente y variado servicio posible.

Tropiezo en DHL

Era 21 de junio del presente año cuando Silvia Herminia Carreño Varona (San Ramón Oeste No. 156, entre Hospital y Perro, Camagüey) pagó 13,00 CUC en la oficina local de DHL para remitir un paquete de 6,86 kg a Güira de Melena, en la provincia de Artemisa. El bulto, con número 3657194796, despacho 122, sello 1357781, debía estar en 72 horas en su destino; aunque a Silvia le aclararon que los compañeros de DHL en La Habana se mudaban aquel fin de semana —ella enviaba un jueves.

«El día 9 de julio recibo una llamada de la persona a la que iba dirigido el paquete en la que me informa que no lo había recibido. Me persono en la oficina de DHL y me informan que había salido el mismo día 21 de junio», narra la doliente.

Ahí comenzó la historia de trámites, llamadas, gestiones, como diría Elpidio Valdés: «rochepana pa’cá, rochepana pa’llá». ¿Y el envío?

«Llamo a Operaciones; me responden que “necesitamos dos o tres días para verificar. Aquí no tenemos nada; llame a Rastreo. A la oficina de La Habana, a este compañero, al otro, al del sistema…” y al final al paquete le habían dado entrada el 25 de junio y hasta allí. Se esfumó», relata la camagüeyana.

Los documentos que iban en la remisión llegaron, pero el resto de los objetos del bulto, nada. Al final, el 10 de septiembre último —casi tres meses después para algo que debió demorar tres días— le confirman a Silvia que su paquete se extravió.

Días antes, mediante una llamada de La Habana, le habían indicado a la afectada que debía enviar, a través de DHL, copias de la carta de reclamación que había entregado el 10 de julio, de la boleta que ampara el envío y del listado de lo que contenía el paquete para indemnizarla.

Al momento de escribirnos —22 de octubre— todavía la remitente no tenía respuesta definitiva para su pérdida. Y aunque ella tiene la decencia de agradecer el buen trato de que ha sido objeto en estos meses de reclamación, no puede dejar de preguntarse: «¿Hasta cuándo tengo que esperar para que se me devuelva lo que pagué por un servicio que no se prestó y el contenido de un paquete que se perdió increíblemente de Camagüey a La Habana?».

Poco habría que añadir. ¿Se puede pagar un servicio y recibirlo de modo deficiente? Tal vez hasta que no se establezcan mecanismos legales para que las entidades que afecten a un ciudadano tengan que indemnizarlo con montos bien altos —tanto como las angustias causadas—, problemas de este tipo podrían repetirse continuamente.

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