¿En manos de quién?

Hace más de un año el teléfono de Lilia Menéndez Martínez (Panchito Gómez No. 487 bajos, entre General Suárez y Pedro Pérez) le está dando más dolores de cabeza que la amplificación de un tono de ocupado. En ese tiempo, y más críticamente a partir de julio de 2012, su conexión ha quedado interrumpida o cruzada permanentemente con otro número del territorio.

En la referida fecha en que el asunto se tornó más peliagudo —relata Lilia—, «una amiga me hizo el favor de quejarse personalmente en la oficina comercial de Príncipe, donde fue muy bien atendida por su director y repararon el teléfono con inmediatez, pero a la semana siguiente se quedó sin servicio.

«Todas las semanas lo reportamos y los técnicos de Etecsa vienen hasta la casa, reparan y en cuestión de una hora… se cruza o se interrumpe nuevamente. Ellos nos han manifestado que el cable de pares está muy deteriorado, así como el bajante. Comprendo que han hecho lo que está en sus manos, pero la solución del problema… ¿en manos de quién queda?», inquiere la capitalina de 87 años.

Solución dilatada

A veces, en el afán por brindar un servicio, se pueden crear problemas o dejar cabos sueltos cuya solución —vaya paradoja— las empresas luego no encaran con el mismo celo. Ese es el sabor que deja el caso narrado por Noraida Santos Muñoz, vecina de calle Máximo Gómez No. 84, entre Independencia y San Antonio, en el poblado Juan Gualberto Gómez, Unión de Reyes, Matanzas.

Hace dos años y medio unos vecinos suyos solicitaron a la Organización Básica Eléctrica (OBE) que les reanudaran el servicio eléctrico. Cuando los especialistas visitaron el lugar, repararon en que el poste más cercano a la vivienda de aquellos estaba en muy mal estado y no ofrecía seguridad a los obreros para trabajar (prácticamente está sujeto por los cables y su base está hueca y suelta de la acera). Como había condiciones para utilizar otro mástil, un poco más lejano, se lanzó desde este último la acometida.

La visita de los especialistas había dado la alerta sobre el peligro. Habían visto el poste y comprobado que está a menos de un metro de la morada de la señora y, sobre todo, que corre riesgo de caer… ¿Habría una vía mejor para que detectaran el problema?

Pasado un tiempo y sin que los afectados percibieran que la OBE tomaría cartas en el asunto, informaron la situación directamente a la empresa y elevaron el planteamiento a través de varias rendiciones de cuentas del Poder Popular.

También pareció esta vez que el reclamo había caído en saco roto. «Así llegó febrero o marzo del 2011 —cuenta Noraida—, cuando en el poblado se repusieron algunos postes que se encontraban en mal estado y un funcionario de la empresa nos visitó para saber cuál era el que nos inquietaba.

«Al ver el poste, planteó que no podía cambiarlo ese día porque se necesitaban otros equipos y traer un poste más largo, que en ese momento no poseían. Añadió que por allí pasa una línea de alta tensión y estaba en muy mal estado, lo que hacía muy peligroso ese tipo de trabajo. Dijo además que volvería en unos días a cambiarlo, algo que no sucedió…».

La lectora pregunta: «¿Por qué tanta dilación con el asunto? ¿Qué situación impide que se pueda ejecutar la tarea? ¿Hasta cuándo tendremos que esperar?».

Primero narrar

Aprovecho el espacio final para recordar que las cartas a esta columna, antes que cualquier argumentación u opinión, deben contener una narración lo más clara y precisa posible de los hechos por los cuales se escribe. Y no hay que ser un narrador experto para ello, simplemente disponerse a «hacer el cuento» de lo ocurrido como si estuviésemos poniendo al día a un familiar que se lo perdió.

Es que a veces uno se encuentra pliegos y pliegos de cavilaciones en torno a un suceso y termina la carta sin saber a ciencia cierta de qué se está hablando. Si nos entendemos mejor, nos ayudaremos más. Gracias.

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