Las infinitas consecuencias de una chapucería

¿Será la chapucería una especie de hidra de Lerna, ese monstruo de la mitología que Hércules debió matar para cumplir sus célebres 12 trabajos, y que tanto esfuerzo requirió del titán porque al engendro le nacían dos o más cabezas cada vez que le cortaban una?

Pareciera que el acto de obrar con descuido tiene vida propia e interminable. Inexplicable incluso, razonaría la capitalina Caridad Miranda Martínez, quien no puede concebir cómo en proyectos con un marcado acento social la chapuza aún hace de las suyas, generando un inexcusable despilfarro.

Cuenta la lectora que «en noviembre último se repararon las aceras de la calle Línea. Se levantaron las partes más dañadas y se refundieron. Durante varias semanas los vecinos y transeúntes fuimos testigos del ajetreo de los trabajadores. Sin embargo, la alegría se empañó pues a las partes arregladas no se les dio el acabado necesario.

«Peor aún: hubo lugares donde se levantó la acera y no la reconstruyeron», señala, y pone como ejemplos las esquinas de Línea y 8 y Línea y 16. Dice más: «Dejaron escombros en algunos tramos de la avenida, así como zanjas, antes inexistentes, próximas a la parada de ómnibus de Línea y 8.

«La chapucería salta a la vista, como también la falta de exigencia a esos trabajadores». Antes de escribirnos Caridad se comunicó con el Ministerio de la Construcción. En ese organismo le explicaron que sus empresas solo se ocupan de la reparación de las calles y le proporcionaron los nombres de las entidades dedicadas a la construcción y reparación de aceras, los de sus responsables y sus números telefónicos.

Además de establecer contacto con los directivos de las mismas y plantearles la queja, la remitente telefoneó al Departamento de Atención del Consejo de la Administración Municipal (CAM) en Plaza de la Revolución. «Allí me escucharon, tomaron nota de mis generales y teléfono, y prometieron ofrecerme respuesta.

«Como las respuestas demoraban, volví a comunicarme con la empresa Nuevas Técnicas, a cargo de la reconstrucción del tramo de acera de Línea y 8, pero nunca pude volver a hablar con el gerente…

«En el CAM me indicaron que me dirigiera a la Unidad Municipal Inversionista de la Vivienda (UMIV), donde me explicaron que solo se ocupan de lo concerniente a las viviendas… Me dirigí nuevamente a Atención a la Población del CAM y puse al tanto a su responsable de la respuesta recibida en la UMIV…».

En ese punto Caridad se interesó por el curso dado a su planteamiento, y la funcionaria del CAM le contestó que había sido tramitado y que ella, la promovente, debía dirigirse a la empresa Nuevas Técnicas.

Aunque esa respuesta le dejó un amargo sabor —«no se trata de un asunto personal, sino que interesa a la comunidad», razona—, la lectora se hace varias preguntas que colocan la solución de este asunto en un aspecto que considera esencial, el organizativo: «En el curso de los meses transcurridos, ¿cómo es posible que los jefes de estas brigadas no se hayan percatado de que la obra quedó inconclusa? ¿Acaso se hicieron mal los cálculos? ¿Qué rumbo tomaron los materiales que se dejaron de utilizar? ¿Por qué tanta indolencia? Y me sigo preguntando: ¿Por qué poner en riesgo de una caída y de una posible fractura a las personas, incluidos muchos adultos mayores, que deben transitar a diario por este sitio?

«Si alguien se accidentara tendría que recibir asistencia médica, desde luego gratuita, pero que cuesta al Estado y a la familia, pues hay que brindar atención con la consiguiente afectación de responsabilidades laborales y de los ingresos. ¿Alguien piensa en todas las posibles consecuencias de esa chapucería y de esa falta de exigencia?».

Allá en la calle 8, No. 164, entre Línea y Calzada, el Vedado, municipio de Plaza de la Revolución, Caridad aguarda por una respuesta.

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